miércoles, 15 de julio de 2009

Descripciones

QUIERO QUE BAILES

Quiero que bailes, pensaba,
y ni siquiera tenía que pedirlo
porque ahí estabas
dibujando sobre el suelo,
y con la tinta de tus tacones,
el ritmo de mi deseo.

La intermitencia de las luces recortaba los filos de tu belleza,
las monotonías de los bailantes se adherían a tu talego,
en un impulso por recobrar lo arrebatado por tu inmaculada fuerza:
capricho visual y musical que incita mi horizontal yergo.

Me movía; en el Uta, la quietud es una de las formas de la antipatía.
En movimiento pude verte; eras como un cuento de Quiroga,
lejano y misterioso, al borde del buró que me cubrió mientras dormía;
esa noche fuiste el nudo que también le dio forma a mi soga.

Yo hacía que bailaba, pero en realidad buscaba acercarme,
lo que quiera que ello signifique: un paso o diez metros, da igual.
Es cierto, la cercanía es un truco para mejor capturarte,
para que la tensión tenga por patria, la intención de lo sexual.

Parecías habitante de la oscuridad y esa Babel sigloveintiunera;
por desconocimiento, te atribuí un estado de ánimo similar al mío,
y bailando sin conocernos, sin hablarnos de otra manera;
esperando a ser descubiertos por algún mutuo conocido.

Largo silencio, atemperado por la corta distancia a la que bailábamos;
aún así, no lograba adivinar el ritmo del rumor de tu respiración
ni seguir el humor de tu sudoroso cuerpo, altar para deseos paganos,
mismos que el tiempo va venciendo mientras acaba otra canción.

A esas horas el amor, recién arrullado, está dormido;
sueña que pesco de un tirón, el sitio que quiebra tu voz;
sueña que te llevo a aquel rincón que ambos miramos distraídos,
como suponiendo que la iniciativa es el pasaporte de los dos.

Quiero que bailes, pensaba,
pero ya no podía mirarte,
pues tu ausencia delataba
el ombligo del desconsuelo
que con gomina y canciones
cortejó el curso de mi desvelo.



VERSIÓN DE UN RECUERDO NO VIVIDO

.
Lo siento, no me acuerdo de usted... espere... sólo un momento.
Sí, en efecto, no la conozco, pero hay algo en su mirada
que me impide dar la vuelta y pretender no haberle dirigido la palabra.

No, no se vaya, espere... En realidad, sólo quise hacer tiempo.
Usted me recuerda a una mujer que conocí sin conocerla,
que cortejé, sin tocarla, con un ramo de lontananzas, hasta perderla.

No me crea, no me haga mucho caso;
tan sólo soy un viejo que estuvo enamorado.
Tampoco se crea que estas canas y este cuajo
son sólo residuos de quien se ha equivocado.

Así es señora, tal cual; sus mejillas eran el jardín de mi deseo.
Su larga mirada, el corredor que llevaba hasta la cava de sus vinos,
y sus lunares, el mapa furtivo que calzó la variedad de mis destinos.

No señora, no; si la tuviera enfrente no le diría lo que en ella veo.
La tomaría de las manos y le diría: -Te quiero, déjate encontrar,
que estas manos no sólo saben escribir, que esta boca no sólo sabe hablar.

No me crea, no me haga mucho caso;
tan sólo soy un viejo que estuvo enamorado.
Tampoco se crea que estas canas y este cuajo
son sólo residuos de quien se ha equivocado.

2 comentarios:

Agus dijo...

¡Sensacional VERSIÓN DE UN RECUERDO NO VIVIDO! Hasta se antoja declamarlo.

Victor Castillo dijo...

Agus:

Es muy bueno saber que te gustó. En lo particular, te he escuchado sin no declamar, sí leer en voz alta en un programa de radio grabado en uno de tus blogs, algo de ¿Cómo freir espárragos?, creo. Y declamas de lujo; ojalá un día te escuche declamar este texto.

Saludos.