martes, 13 de enero de 2009

La Verdad de Gastón Ravanelli de Pascal Pérez y Riva

En marzo pasado, un amigo me platicó una anécdota interesantísima. Yo estaba pensando en escribir sobre lo difícil que sería distinguir el don de adivinar el futuro y el de manipular la realidad de manera consciente; la idea me pareció una haraganería intelectual que podría exterminar a miles de mis neuronas.

Llegó José Ángel, un sinaloense que gusta mucho de Rock.

–Victor, ¿qué pasa con ese perfil tan bajo? Hay que ventilarse… Así es la cosa.

–Nada, yo estoy en todos lados, aquí, allá, acá y acuyá…

–Olvida lo que estás haciendo. Tengo un amigo que se llama Gastón Ravanelli de Pascal Pérez y Riva–. Es una sola persona, a la que por comodidad llamaremos Ravanelli de Pascal Pérez y Riva.

El asunto es que Ravanelli de Pascal Pérez y Riva, en una charla con Carlos Monsiváis y José Agustín, decanos y exquisitos conocedores del Rock, sostenía que Robert Fripp, el cerebro de King Crimson, estuvo a punto de formar un trío musical al lado de Jimi Hendrix y el bajista Jim Pons, aliado de The Mothers of Invention.

–Momento, Ravanelli de Pascal Pérez y Riva–, espetó con firmeza, José Agustín. –Eso no es posible; a ver ¿de qué año estás hablando?–

–Pues de 1970… mediados del 70 y… –Párale a tu tren–, dijo sagazmente, Agustín. En 1970, Jim Pons estaba trabajando con Frank Zappa en el Weasels ripped my flesh, y Zappa era un dictador, no hubiera permitido eso.

Carlos, con tono conciliador, alegó que probablemente Zappa no habría tenido objeción, pero que trabajar con él era sumamente desgastante porque los ensayos eran de al menos ocho horas diarias, y ello anularía tal posibilidad.

–Victor, la cara de Ravanelli de Pascal Pérez y Riva no era la de costumbre, la de sorprendido; algo se traía entre manos. Durante años, siempre quiso decir la última palabra en las discusiones de Rock frente a Carlos y Agustín, pero éstos siempre supieron más que él. Yo quise amainar los ánimos que se caldeaban al calor de un Ron guatemalteco que te recomiendo mucho, Zacapa. Entonces, como te decía, Argüí que lo más probable era que Ravanelli de Pascal Pérez y Riva (lo dije mientras lo miraba a los ojos buscando su complicidad), estaba refiriéndose a la posible conjunción de Hendrix, Emerson, Lake y Palmer, un cuarteto que se llamaría HELP, y que se quedó en proyecto al fallecer Hendrix en septiembre del 70.

–No, José Ángel, ni Carlos ni José tienen esta vez la razón; aunque agradezco tu gesto por intentar tersar la discusión–.

–No te miento, Victor, Ravanelli de Pascal Pérez y Riva, fue por su computador y conectó el Internet, cuando aún era por vía telefónica, te hablo de hace siete u ocho años. Les dijo: –Consulten la página que quieran–. Carlos, de inmediato puso la web de la Wikipedia. Tanto en español como en inglés; ahí, se confirmaba la versión evocada por el apólogo. Agustín, insatisfecho, tecleó la web de Progarchives, mas nada, la misma información pero con distinta fuente. Carlos y Agustín estaban atónitos. Siguieron navegando en otras webs como Gibraltar Enciclopedy y otras menos conocidas de Alemania y Francia; no daban concesión a la versión de Ravanelli de Pascal Pérez y Riva, a pesar de lo leído en páginas especializadas–.

Después de casi una hora, de regateos, miraron con cierto aire de suspicacia a la botella de ron, medio vacía, y concluyeron levantar una queja ante la Secretaría de Salud por permitir la venta bebidas alcohólicas centroamericanas con extraños elementos alucinógenos que afectaban la moral y el raciocinio del consumidor.

Pero Agustín tenía un As bajo la manga: –Ravanelli de Pascal Pérez y Riva, préstame el libro de Rock que te regalé en tu cumpleaños–. Aquél, se levantó un poco pensativo, y despacio se dirigió a su estudio. Carlos nos comentó: –Ese libro es un clásico, no puede fallar, esto parece una mentira, ni encontrar a alguien que sepa que Cuevas y yo participamos en el disco de Los Tepetatles, A Go Go, con Arau, me sorprendería más que la corroboración de esto.

–Sus rostros ya dibujaban más una obsesión que la confirmación de una simple verdad.

Un sonriente, pero nervioso Ravanelli de Pascal Pérez y Riva entregó a las manos de Carlos, el ejemplar solicitado. Se sabían el libro de memoria, y vieron con el desagrado producto de una ilusión resquebrajada, que estaban equivocados, que Fripp, Hendrix y Pons estuvieron a punto de crear un terceto en 1970. Revisaron varias veces los datos bibliográficos del ejemplar; estuvieron a punto de llamar a la editorial inglesa, para corroborar el ISBN, pero su inglés ya no era tan fluido a esas horas de la madrugada y más aún, con una fuerte dosis de ron, probablemente destilado por manos Kaibiles. La prueba final fue que en la portada falsa, estaba la dedicatoria que Agustín había escrito de puño y letra en tinta azul de su Waterman.

–Ese desatino, permeó las argumentaciones de Carlos y Agustín, el resto de la velada, ya que Ravanelli de Pascal Pérez y Riva tuvo una madrugada de antología, llena de refutaciones a favor. Yo no me atreví a disuadir a Ravanelli de Pascal Pérez y Riva para que bajara el nivel de su entusiasmo; percibí que era una revancha personal, una satisfacción, un anhelo satisfecho y esperado por años. En sus ojos y tono de sus palabras más que razón había alegría, esa alegría que sólo es capaz de proporcionar ver al rival vencido–.

–En un último intento, Carlos se comunicó con Jordi Soler; éste le confirmó el hecho negado por él y Agustín. Colgó el teléfono y dio el último sorbo a su cuba–.

–Agustín, por su parte, propuso aplicarle al libro el Carbono 14, cuando menos el Uranio 236.

Al día siguiente, 29 de diciembre, Ravanelli de Pascal Pérez y Riva me acompañó al aeropuerto a tomar mi avión de regreso a Sinaloa. Le comenté sin mirarlo: –Fripp en 1970, grabó dos discos In the wake of Poseidon y Lizzard, no pudo haber pasado lo que nadie pudo negar ayer. Lo curioso es que ni Carlos ni Agustín, intentaron rebatir tu versión a partir de estos hechos; se empeñaron en negar tu discurso, lo cual hasta metodológicamente era más difícil–.

–José Ángel, ¿qué día fue ayer? Sólo quise gastarles una broma por el día de los Santos inocentes. Aproveché las virtudes del Intranet para emular ciertas páginas de Internet, pero cuyos contenidos fueron alterados por mi imaginación. Sabía perfectamente qué páginas consultarían. Debo declarar que no pensé que intentarían hablar a Londres para confirmar el ISBN del libro que me dio Agustín, pero el azar y el ron jugaron a mi favor; además, alteré el libro. Fui con unos viejos amigos editores, para que me hicieran el trabajo con sumo cuidado. Adiviné las páginas que consultarían y previamente fueron coccionadas con finos químicos; estuve tentado a exponer las hojas, al sol decembrino que quema bastante, pero ellos hubieran detectado esto de inmediato y el olor del café se impregna con facilidad en el papel.

–A Jordi no le di mayor detalle, sólo le pedí que afirmara lo que alguno de ellos le preguntara; tampoco preví que le hubieran solicitado la información a Aguilar Tagle. Pero si hubiesen preguntado de otra forma, y no sólo negando mis afirmaciones, la broma se habría venido abajo.

Después de escuchar esta anécdota, pensé que mi devaneo original no era tal, que distinguir entre el don de adivinar el futuro y el de manipular la realidad de manera consciente, tenía sus facetas interesantes y prolijas.

5 comentarios:

El Blues de la Estufa Divina dijo...

¡No mames, pinche Víctor, cuántas risas me has arrancado en unos cuantos minutos! Te confieso que caí redondito (a más de dos semanas del 28 de diciembre): ¡Ah, chingá! -dije, apenas comencé la lectura-, ésta sí no me la sabía.

En 1970, apenas separados los Beatles, Gerardo -cuya capacidad de convencimiento era y es proverbial-, me aseguró que George Harrison estaba ya formando una nueva banda: Cuerdas y Percusiones en Honor a Mahatma Gandhi... ¡Y yo me la creí! Años después, en su lecho de muerte, le pregunté: Oye, ¿fue cierto eso que me dijiste de Harrison en 1970? Y Gerardo sólo sonrió, con esa sonrisa de quien ha logrado su objetivo: modificar la realidad a su antojo (alguna vez, convenció a tres amigos de que él tenía comunicación con seres extraterrestres y que, para colmo de beatitud, había visto a Dios en persona).

Gracias, Víctor. Siempre que te leo respiro mejor.

zafreth dijo...

Jajaja Pinche Coltrane, buen relato, me gustó mucho y más por que mencionaste a un bajista muy menospreciado, pero efectivo: Jim Pons.

Seguramente eso de las 8 horas diarias te lo recordaste de lo que te dije del libro de William Grey: Mother!

Saludos y un tache para no dejar... jajajajaja

Escribe mas asi mano

Victor Castillo dijo...

Mi estimadísimo Agus:

Sabía que interesaría el texto, pero no pensé que cairías redondito.

Sí, pues al empezar a escribirlo, no tenía ni personajes, ni trama, sólo el primer párrafo, pero todo llegó en un attosegundo.

¡Qué anécdota la de Tlacuiloco!, ¿no?

Suerte y abrazos.

Victor Castillo dijo...

Coltrane:

En efecto, ese dato creo haberlo leído en Internet o, en efecto, me lo diste vos, pero hace años, y no en la última charla; de todas maneras, sigues siendo la misma rata almizclera del año pasado, jajaja. No, mentira, es broma.

Bueno, Coltrane, no siempre se puede de rock.

Suerte y abrazos.

armando dc dijo...

buen buen texto!!!

mmm broma?!no lo creo; has hecho como dices una manipulación de datos verídicos y es a mi parecer una fantasía verdadera, podría asegurar que estuvo en esa charla-reunión Alex Botafogo!!! (ya lo quiero ver! jejejeje)

saludos y abrazos de acero!!!