sábado, 23 de agosto de 2008

Fotografías Polaroid

La nostalgia amarga de Medina Sidonia durante todo el verano de 1589; la repetición en su mente: “No soy un hombre de mar ni de guerra”.

Los ojos cerrados de una mujer enamorada mientras él le besa el cuello en las calles de Matías Romero.

La demolición de sus dientes mientras el éxito desgarra los hilos de su ideología juvenil.

La última declaración de Jacques Bernard de Molay, contada por un payaso en un supermercado.

El orgasmo interrumpido por la retransmisión de un noticiario de hace dos horas.

Tu abuelo relatándote su nostalgia como si te platicara el manifiesto del Partido Comunista.

La primera borrachera de Carlos Martel en el 733.

El sol que nos sorprendió con la luna en la cabeza.

La divulgación en la prensa del día y hora de tu muerte, mientras te citan como fuente.

El cansancio que no te deja dormir y el sueño que no te deja vivir.

La infancia que no quisiste vivir porque al contarla, su desarrollo devino en una persona que no eres.

El último beso que diste y que te hizo recordar que el primero ha sido el mejor.

La canción que hace que te olvides de todo.

María Magdalena en Francia, Sor Juana en el ensayo de Paz, Simone de Beauvoir en los labios de Bush, La Madre Teresa jugando a los dados y Evita en un cantabar.

La declaración de amor de un militar en el 45.

Platón contando las monedas que perdió.

Los pitagóricos alterando la raíz cuadrada de dos.

Agustín Aguilar cantándole a Tlacuiloco.

Victor Castillo con un libro sin números y una calculadora científica.

Alberto Muñoz y la disidencia de sus libros y sus discos.

Armando Domínguez y sus invenciones que lo inventan mejor.

Mi padre y sus explicaciones como ametralladoras.

Ulises Castillo y su desaparición que lo ampara.

Los tres hombres que ahora admiro y que jamás me imaginaron.

La mujer que estoy queriendo y que jamás pensé su nombre anglosajón.

Neruda en Zapotlán, Borges en el aeropuerto, Cortázar en el correo, José Emilio Pacheco escuchando y escribiendo, Televisa transmitiéndolo: Juan José Arreola.

Einstein olvidándose de cuánto es dos más dos, Newton a la deriva y sin saber calcular.

Zappa esforzándose por aprender el círculo de Do.

Lombardi ensayando la derrota en un tablero.

Sun Tzu y Maquiavelo llorando hoy en el cementerio.

Calamaro y Maradona hablando con esmero contra los excesos.

Tú sentada o parado leyendo esto.

Un Camello en las estepas, un Tigre en la selva, un Tucán en el Ártico, una Ballena en tu corazón.

Roswell en el Pentágono, Hemingway sin La Mar, Bagdad sin guerra, el 29 sin la crisis, el diablo sin el Papa, el cuento sin la prosa, el eco sin el vacío, éste sin el espacio, éste sin la imaginación.

Cristóbal Colón sin América; América sin Cristóbal Colón.

La Argentina donde quiero vivir y que es mi símbolo geográfico y musical de la resurrección.

La borrachera que me cargo sin haber bebido alcohol.

Las ganas de dejar de escribir para que me sobre el tiempo para hacer.

6 comentarios:

Enredada dijo...

genial.
Y nunca tengas ganas de dejar de escribir... porque lo que hacés es hermoso.
un abrazo

Victor Castillo dijo...

Enredada:

Gracias por vuestros comentarios. No os preocupeis que no dejaré de escribir. Sería como dejar de ser, para mí.

Besos y abraazos.

Bohemia dijo...

que sentidas tus letras. Si señor, fue un placer leerte...

un abrazo victor

zafreth dijo...

Estamos segmentarizados por todas partes y en todas direcciones. El hombre es un animal segmentario. La segmentaridad es una característica específica de todos los estratos que nos componen. Habitar, circular, trabajar, jugar: lo vivido está segmentarizado espacial y socialmente. La casa está segmentarizada según el destino de sus habitaciones; las calles, según el orden de la ciudad; la fábrica, según la naturaleza de los trabajos y las operaciones. Estamos segmentarizados binariamente, según grandes oposiciones duales: las clases sociales, pero también los hombres y las mujeres, los adultos y los niños, etc. Estamos segmentarizados circularmente, en círculos cada vez más amplios, discos o coronas cada vez más anchos, como en la "carta" de Joyce: mis asuntos, los asuntos de mi barrio, de mi ciudad, de mi país, del mundo... Estamos segmentarizados linealmente, en una línea recta, líneas rectas en la que cada segmento representa un episodio o un "proceso": apenas terminamos un proceso y ya empezamos otro, eternos pleitistas o procesados, familia, escuela, ejército, oficio, la escuela nos dice, "ya no estás en la familia", el ejército dice, "ya no estás en la escuela"... Unas veces los segmentos diferentes remiten a individuos o grupos diferentes, otras es el mismo individuo o grupo el que pasa de un segmento al otro. Pero esas figuras de segmentariedad, la binaria, la circular, la lineal, siempre están incluidas la una en la otra, e incluso pasan la una a la otra, se transforman según el punto de vista. Así ocurre ya entre los primitivos: Lizot muestra cómo la Casa común está organizada circularmente, de dentro a fuera, en una serie de coronas en las que se ejercen tipos de actividades localizables (cultos y ceremonias, intercambio de bienes, vida familiar, por último, desperdicios y deposiciones). Pero al mismo tiempo "cada una de estas coronas está fraccionada transversalmente, cada segmento corresponde a un linaje particular y está subdividido entre diferentes grupos de parientes" . En un contexto más general, Lévi-Strauss muestra cómo la organización dualista de los primitivos remite a una forma circular, y pasa también a una forma lineal que engloba "un número indeterminado de grupos".

Victor Castillo dijo...

Coltrane:

Ahora serás nombrado Zafreth el segmentado, jajaja.

Oye, mano, en verdad, creo que te equivocaste de posteo, no tiene nada que ver con lo que escribí.

Además, deberías citar la fuente porque lo que pusiste son líneas textuales de Gilles Deleuze, sé más original, jajaja.

Y por ciento, tache.

zafreth dijo...

Son de Deleuze, jajaja, ya me estoy pareciendo a Sandra Becerril jajajajaajajajaa