sábado, 4 de agosto de 2007

Dedicado a la Distancia

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Abstract: In order to capture that thing we use to call Distance, it does not necessary explain it, understand it or avoid it. We need just to keep it near from us: looking it, feeling it. Some times we pretend that Distance can be shorted through our memories, but it doesn’t truth; Distance’s rhythm never will tend to us; it’s an untamed flight to the future. It doesn’t exist nostalgic without Distance, but we could have Distance due to negligence or forgetfulness.

Also, you can download CD by Meat Puppets: Too High to Die, 1994. We leave seventies’ rock, for a moment. This one of the most unrecognised bands from US; nevertheless, they were very good. Excellent guitar of Curt Kirkwood. You won’t disappoint to download it.
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En 1980, los hermanos Kirkwood, Curt (guitarra) y Cris (bajo), junto con Derrick Bostrom (batería), iniciaron la aventura llamada Meat Puppets o Carne de Marioneta. Comercialmente, no fueron muy afortunados; sin embargo, suenan bastante bien. Este, Too High to Die, es su disco más famoso.
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LA AMBICIÓN de esta madrugada empobrece los diccionarios y las enciclopedias. La persecución que inicio dilata las huidas y hace previsible cualquier escapatoria. La ambición es encontrar en las generalidades del saber, una particularidad que con el corazón intento vislumbrar ahora; la persecución, retener en su capullo los oxímoros de la vida.

Hoy me siento con la autoridad para declarar que el principio del mundo está en el paso que voy a dar a continuación, cuando vaya a la cocina a tirar la basura del cenicero, y que el fin del mundo está a mi espalda. No es jactancia gratuita, esto lo puede decir con la misma seguridad, cualquier ser humano.

La Distancia que guardamos de nosotros con respecto a nosotros mismos, suele ser abismal. No tenemos noción del tiempo que perdemos tratando de encontrarnos en las actitudes de los demás, de adivinar en el acierto o el error del otro, algo que podríamos corregir en nosotros para la próxima ocasión. Tampoco propiciamos la intuición de reconocer que no somos los portavoces del porvenir, que éste no es más que una conversación entre un corazón y una ilusión.

He reconocido diversas Distancias.

La que más me duele es la de mi madre que no la volveré a ver. Esta Distancia, aunque duela, es parte de la vida y es hermosa porque, en algunos días del año, cualquier mínimo detalle impregna el ambiente y soy capaz de creer, con la credulidad del escolar, que de un momento a otro, la saludaré otra vez. Evitar las distancias en la vida equivale a dejar los regalos abiertos la noche del 24 de diciembre.

La de mis abuelos que cumplen noventa y tantos y ochenta y tantos, desde hace años. ¿En dónde los esconden, con quién canjean los años por risas y anécdotas? No importa. Al hablar con ellos, uno siente que cae por las resbaladillas de sus ojos, pero al terminar de caer ya no hay valeros, maracas, canicas ni yoyos; sólo los dedos invasivos de Cronos esparciéndose sobre sus rostros.

La de los amigos que ya no vemos. Aquél que me invitó a su boda y no fui porque nos descuidamos mucho; esto no justifica mi falta, pero sí la explica. ¿En dónde quedaron nuestros secretos, esas confesiones que nos mostraron débiles, esas conversaciones que nos fortalecieron; las borracheras que creímos que nos unirían para siempre?

¿Qué fue del sentimiento de amor que me llevó de la mano a conocer su propio ataúd: el suicidio? ¿Qué fue de esas promesas que llegué a hacer al salir de un hotel de paso? ¿Qué, de las reuniones a las que quedé de asistir y nunca llegué?

Podríamos achacarle todo eso al olvido; pobre del él que sólo lo usamos como chivo expiatorio para todo en lo que hemos fallado.

La Distancia es bien entendida por los anacoretas y los jugadores de juegos de azar. El poeta suele cortejarla, pero hasta ahí, porque su labor es un constante contacto con la vida; a él lo mata la Distancia, aunque escriba y recurrentemente vuelva sobre ella.

Acá, la pretensión no es redefinir a la Distancia, simplemente hablar de ella.

Distancia que se olvida a la menor alegría, que el cansancio disfraza con recuerdos, que escondemos cuando llegan las visitas, que el sexo suele ahogar en cada orgasmo, que solapamos para sentirnos bien o mal… Distancia, déjate atrapar, que nos falta humanidad si no te dejas alcanzar.

9 comentarios:

Horacio dijo...

Me gusto mucho este texto.

"La Distancia que guardamos de nosotros con respecto a nosotros mismos, suele ser abismal". Muy cierto y es tambien la premisa de todo intento de autoconocimiento o de autointrospeccion no?

Tambien me llego mucho lo de la distancia con tu mama... la ultima vez que la vi fue hace no se ni cuantos anos pero tengo recuerdos muy gratos de ella, y en general de todos cuando coincidiamos en casa de mi tio Manuel.

Tienes razon, el poeta usa la distancia como estrategia solamente, una vez que escribe esta en un perpetuo roce promiscuo con la vida.

sigue escribiendo, que ya tienes un lector mas,
abrazos y saludos,

Horacio dijo...

Y si, los Meat Puppets son rebuenos! ya ves que hasta Kurt Cobain los quiso ayudar usando playeras con estampados de albumes de ellos, invitandolos a tocar con Nirvana, etc...
Ya escuchaste su ultimo disco, salio hace dos semanas y esta muy bueno, muy calmado, acustico casi todo pero con la misma fuerza, si lo quieres mandame tu direccion y te lo quemo.

H.

Victor Castillo dijo...

Horacio:

Gracias por tus comentarios. Y sí, a lo lejos uno percibe mejor sus propios actos.

A veces me da por creer que el ejercicio de la Distancia está tan devaluado, en general.

Bueno, pues bienvenido este lector de lujo.

No sabía lo del nuevo disco de los Meat Puppets, pero te tomo la palabra; te mandaré mi dirección.

Abrazos y suerte.

zafreth dijo...

hay primo primo pinches los dos jajajaj oye Horacio mochate con el disco. Vic tu artículo muy bueno, contiene sin que lo sepas elementos existenciales sarteanos y Delleusianos creo que la distancia yo le he practicado cuando he estado en mis acampadas en la playa viendo el firmamento, en situaciones que se han prestado para ello, muy buena tu pluma, acaso es bic?? jajaja saludos

Victor Castillo dijo...

Coltrane:

El existencialismo lo conozco, y bueno, toda reflexi�n encierra esa coriente de pensamiento. De los que mencionas s�lo conozco a Sartre. �A poco no es padre ejercitar la Distancia?

Mi pluma es Parker, JA.

Abrazos y suerte.

Sandra Becerril dijo...

Creo que esta entrada es de las que más me han gustado... llena de melancolía, me hiciste recordar las diversas distancias que debemos franquear para llegar hasta donde estamos... mientras sobrevivimos, hay que hacerlo lo mejor que podamos...
besos!

Midori Karate dijo...

gracias por el link! soy neo, ta chido, no?

zafreth dijo...

Coltrane creo que deberias de leer la introduccion del tomo I de la Historia de la Filosofia de Copleston, es de las mas bellas y mejores introducciones que he leido sobre la historia de la filosofia, muy enriquecedora.
el texto te lo mando por correo electronico.
Perfecto bye!

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Víctor, amigo, escribo esto con lágrimas, después de leer -también con lágrimas- tus ideas, tus nociones, tus definiciones, tus ejemplos de las distancias. Para colmo de bienes, Jethro Tull provee a tus palabras de fondos y texturas dramáticas. Ese disco, en particular (Aqualung) lo tengo marcado en el corazón: lo compré en Disco Suite (en la Zona Rosa) en 1970, y lo escuché hasta acabármelo, junto con This was, Benefit, Stand Up (de doble cubierta, que al abrirla dejaba que las figuras de los músics se levantaran...). Ya luego vinieron Thick as a brick, Living in the past (éste me lo trajo un amigo que viajó expresamente a escuchar a la banda en Estados Unidos), Passion Play, WEar Child, Minstrel in the gallery, Too old, Songs from the wood, Heavy Horses y Bursting out (en vivo), y ahí me quedé. Después de eso, como que Ian Anderson se debilitó creativamente. Sin embargo, no me los perdí la vez que vinieron a México.

Perdón, Víctor, me solté hablando de otras cosas, cuando lo que yo quería decirte es que no estés tan seguro de que nunca volverás a ver a tu mamá. Te puedo asegurar, Víctor, que en algún momento de nuestra vida o de nuestra muerte tendremos a nuestras madres en nuestros brazos. Tú hazme caso, yo sé (y no soy creyente ni religioso, ni ando evangelizando a nadie, Víctor: estoy hablando de algo más grande que Dios: tu madre).

Un abrazo, querido compañero de orfanatorio.
Agus