Tic tac, tic tac… Yo no tengo ganas de contar el tiempo, hacerlo ahora sería registrar la magnitud de tus ausencias; sí, en pral, porque hacerlo en singular falsearía el significado de tu presencia; sí, en singular, porque ésta sintetiza lo que deseo.
Tic tac, tic tac… Transcurre eso que llamamos tiempo, y yo quisiera que también culminara la dilatada procesión de recuerdos que únicamente sirven para saber que estás lejos, en tu terruño; en una etapa antisocial que para mí es puro veneno.
Tic tac, tic tac… El silencio es un momento atroz en estas circunstancias porque los recuerdos dejan de ser susurros y se convierten en estridentes ruidos. La imaginación empieza a jugar con el pasado, ese juego cruel que empieza por decir: si hubiera…
Tic tac, tic tac… ego viene una estupidez en forma de espejo y se nos para enfrente y nos reconocemos, pero simulamos y nos sorprendemos para inventar que no lo sabíamos; aún así, nos reflejamos más claramente en ese objeto.
Tic tac, tic tac… Y no se puede más que escribir o leer. Leer mucho, enterarse de otras cosas, saber que gente muere y mata; que el ojo del huracán no está acá. Escribir mucho para decir todo lo que no se ha dicho, aunque no esté presente el destinario.
Tic tac, tic tac… Este día no va a terminar antes porque yo lo decida; hoy no vas a regresar porque yo lo desee. Es curioso cómo llega uno a creer que su versión de las cosas es la definitiva; es extender la alfombra de mi existencia para tu regreso.
Tic tac, tic tac… Hago uso de mi irresponsabilidad, le doy libertad para evitar mis quehaceres, que no son más que otra forma de medir el tiempo, otro reloj del que no voy a ser manecilla, porque así se pasa fácilmente de la desesperación a la desesperanza.
Tic tac, tic tac… Especular qué estarás haciendo ahora que tecleo para bordar tus ausencias. Aventurar algunas hipótesis, unas muy desgracias; otras, sumamente afortunadas. Me rasco la cabeza, miro a todos lados, ¿dónde está cía?
Tic tac, tic tac… Se aparece la angustia para decirme que regresará otra persona que jamás me conoció; no le creo. Llega el espanto y me dice que sí me reconocerá, pero sólo porque ello es necesario para olvidarme; no le creo.
Tic tac, tic tac… Nada más han transcurrido quince minutos, unas canciones, pero no pasa nada; no sucederá, no esta noche que se cae sobre el departamento que estoy desocupando para no volver jamás.
Tic tac, tic tac… Dejar constancia es lo que puedo hacer, por ahora. Enterar que durante este tiempo pasó todo sin dejar ningún rastro, sólo palabras que buscan a tus ojos…
Tic tac, tic tac… Transcurre eso que llamamos tiempo, y yo quisiera que también culminara la dilatada procesión de recuerdos que únicamente sirven para saber que estás lejos, en tu terruño; en una etapa antisocial que para mí es puro veneno.
Tic tac, tic tac… El silencio es un momento atroz en estas circunstancias porque los recuerdos dejan de ser susurros y se convierten en estridentes ruidos. La imaginación empieza a jugar con el pasado, ese juego cruel que empieza por decir: si hubiera…
Tic tac, tic tac… ego viene una estupidez en forma de espejo y se nos para enfrente y nos reconocemos, pero simulamos y nos sorprendemos para inventar que no lo sabíamos; aún así, nos reflejamos más claramente en ese objeto.
Tic tac, tic tac… Y no se puede más que escribir o leer. Leer mucho, enterarse de otras cosas, saber que gente muere y mata; que el ojo del huracán no está acá. Escribir mucho para decir todo lo que no se ha dicho, aunque no esté presente el destinario.
Tic tac, tic tac… Este día no va a terminar antes porque yo lo decida; hoy no vas a regresar porque yo lo desee. Es curioso cómo llega uno a creer que su versión de las cosas es la definitiva; es extender la alfombra de mi existencia para tu regreso.
Tic tac, tic tac… Hago uso de mi irresponsabilidad, le doy libertad para evitar mis quehaceres, que no son más que otra forma de medir el tiempo, otro reloj del que no voy a ser manecilla, porque así se pasa fácilmente de la desesperación a la desesperanza.
Tic tac, tic tac… Especular qué estarás haciendo ahora que tecleo para bordar tus ausencias. Aventurar algunas hipótesis, unas muy desgracias; otras, sumamente afortunadas. Me rasco la cabeza, miro a todos lados, ¿dónde está cía?
Tic tac, tic tac… Se aparece la angustia para decirme que regresará otra persona que jamás me conoció; no le creo. Llega el espanto y me dice que sí me reconocerá, pero sólo porque ello es necesario para olvidarme; no le creo.
Tic tac, tic tac… Nada más han transcurrido quince minutos, unas canciones, pero no pasa nada; no sucederá, no esta noche que se cae sobre el departamento que estoy desocupando para no volver jamás.
Tic tac, tic tac… Dejar constancia es lo que puedo hacer, por ahora. Enterar que durante este tiempo pasó todo sin dejar ningún rastro, sólo palabras que buscan a tus ojos…