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La canción que se escucha de fondo es Poetic Justice de Buddy Mondlock (1998). Se trata de una canción terrible por lo que cuenta y hermosa por como está escrita.
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La respuesta a la encuesta anterior es: “dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis…” es una tradicional cancióninfantil popular llamada Tengo un Muñeca.
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Abstract: This is the first time that my cousin (Alberto Coltrane Muñoz) collaborates on Carta Abierta. The topic his chose it was Mexican’s assimilation historic of its conquerors, particularly Hernán Cortés as a key figure onto our way of life, and how we tend to base our opinion about Cortés, in a general ignorance, without a stopping to reflect the facts.
This week download a beautiful album by Buddy Mondlock, an American singer almost unknown. This one, Poetic Justice, 1998, is the only CD I could find on the web.
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Este disco, Poetic Justice de Buddy Mondlock es una chulada. De los discos que he escuchado este año, es uno de los que más me gustan, en donde lírica y música están en un alto nivel.
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La respuesta a la encuesta anterior es: “dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis…” es una tradicional cancióninfantil popular llamada Tengo un Muñeca.
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Abstract: This is the first time that my cousin (Alberto Coltrane Muñoz) collaborates on Carta Abierta. The topic his chose it was Mexican’s assimilation historic of its conquerors, particularly Hernán Cortés as a key figure onto our way of life, and how we tend to base our opinion about Cortés, in a general ignorance, without a stopping to reflect the facts.
This week download a beautiful album by Buddy Mondlock, an American singer almost unknown. This one, Poetic Justice, 1998, is the only CD I could find on the web.
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Este disco, Poetic Justice de Buddy Mondlock es una chulada. De los discos que he escuchado este año, es uno de los que más me gustan, en donde lírica y música están en un alto nivel..
Recomiendo las canciones: New Jersey sunset, Sarah kills the day, The leaving, Temporary grace, Postcard with wheat field y la favorite que da nombre al disco: Poetic Justice.
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La siguiente es una aportación a Carta Abierta por parte de mi primo y gran amigo, Coltrane Muñoz.
La siguiente es una aportación a Carta Abierta por parte de mi primo y gran amigo, Coltrane Muñoz.
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AHORA QUE recién se acaban de cumplir 515 años del descubrimiento de América y 486 años de la conquista de este territorio por Hernán Cortés y sus soldados, me gustaría abordar un aspecto de la conquista.
Es curioso que cuando uno lee pasajes de la historia patria, a propósito de Hernán Cortés, con lo poco o nada informados que estamos los mexicanos en la materia, nos dispongamos a juzgarlo como el origen de los males y las desgracias que han aquejado al México de todas las épocas.
Lo anterior no se justifica ya que la actuación de Cortés por si misma es ilustrativa, pero hay que hacer mención que los mexicanos no acabamos de comprender el momento histórico en que se produjo la conquista de México, y la mentalidad que tenían los conquistadores; en toda guerra siempre nos han inventado “justificaciones” y “razones prácticas”, para llevarla a cabo. En realidad no existe una justificación de ninguna forma para provocar una agresión de un Estado a otro, sea por las razones que fuere; por ello, al efectuar una guerra o una invasión, no se espera que al pueblo que se quiere conquistar sea tratado bien y/o benévolamente, sólo hay que recordar, a guisa de comentario, las guerras en tiempos medievales, las cruzadas, las guerras del mundo antiguo, romanos, griegos y egipcios, eran invasiones; los pueblos actuales de esos lugares y producto de aquellos tiempos, las han asimilado, las aprecian en su justa medida, en la inteligencia de que al final son parte de su conformación histórica y como dice el escritor José Luis Martínez, “las han digerido”.
De hecho, en América Latina, este fenómeno ha ocurrido con sólo una excepción notable: Hernán Cortés y México; los mexicanos aún no acabamos de comprender en su justa medida al conquistador, no le damos la importancia que es de merito, le echamos la culpa de todos los males de nuestra historia, pero hablamos su idioma; además, lo rebajamos, lo vilipendiamos, lo sobajamos, pero estamos formados por la herencia que nos dejó; decimos que se acostó con cuanta mujer indígena se encontró, pero profesamos la religión que él y sus compañeros (frailes incluidos), nos impusieron como verdadera.
Es curioso mostrar lo comentado por José Luis Martínez en su relato biográfico de Cortés al hacer la comparación con Francisco Pizarro en su conquista del Perú, que fue mucho más sangrienta y más devastadora que la de México, y sin embargo a Pizarro el pueblo peruano lo ha situado en su justa medida y nosotros no podemos, arrastramos ese resquicio ancestral, no lo hemos digerido aun: todavía lo traemos atravesado en nuestra idiosincrasia.
Es como si los alemanes de ahora culparan a todos aquellos gobernantes, reyes y emperadores, y a los romanos, de ser el resultado de los errores de los regímenes de gobierno, invasiones y guerras, pero los alemanes han asimilado a todos y los sitúan en el lugar que debe ser y siguen adelante en el desarrollo de su conciencia histórica.
El día que los mexicanos asimilemos a Hernán Cortés, será una fecha en la cual habremos desarrollado nuestra conciencia histórica para ya no caer en la famosa frase: del olvido al no me acuerdo.
Es curioso que cuando uno lee pasajes de la historia patria, a propósito de Hernán Cortés, con lo poco o nada informados que estamos los mexicanos en la materia, nos dispongamos a juzgarlo como el origen de los males y las desgracias que han aquejado al México de todas las épocas.
Lo anterior no se justifica ya que la actuación de Cortés por si misma es ilustrativa, pero hay que hacer mención que los mexicanos no acabamos de comprender el momento histórico en que se produjo la conquista de México, y la mentalidad que tenían los conquistadores; en toda guerra siempre nos han inventado “justificaciones” y “razones prácticas”, para llevarla a cabo. En realidad no existe una justificación de ninguna forma para provocar una agresión de un Estado a otro, sea por las razones que fuere; por ello, al efectuar una guerra o una invasión, no se espera que al pueblo que se quiere conquistar sea tratado bien y/o benévolamente, sólo hay que recordar, a guisa de comentario, las guerras en tiempos medievales, las cruzadas, las guerras del mundo antiguo, romanos, griegos y egipcios, eran invasiones; los pueblos actuales de esos lugares y producto de aquellos tiempos, las han asimilado, las aprecian en su justa medida, en la inteligencia de que al final son parte de su conformación histórica y como dice el escritor José Luis Martínez, “las han digerido”.
De hecho, en América Latina, este fenómeno ha ocurrido con sólo una excepción notable: Hernán Cortés y México; los mexicanos aún no acabamos de comprender en su justa medida al conquistador, no le damos la importancia que es de merito, le echamos la culpa de todos los males de nuestra historia, pero hablamos su idioma; además, lo rebajamos, lo vilipendiamos, lo sobajamos, pero estamos formados por la herencia que nos dejó; decimos que se acostó con cuanta mujer indígena se encontró, pero profesamos la religión que él y sus compañeros (frailes incluidos), nos impusieron como verdadera.
Es curioso mostrar lo comentado por José Luis Martínez en su relato biográfico de Cortés al hacer la comparación con Francisco Pizarro en su conquista del Perú, que fue mucho más sangrienta y más devastadora que la de México, y sin embargo a Pizarro el pueblo peruano lo ha situado en su justa medida y nosotros no podemos, arrastramos ese resquicio ancestral, no lo hemos digerido aun: todavía lo traemos atravesado en nuestra idiosincrasia.
Es como si los alemanes de ahora culparan a todos aquellos gobernantes, reyes y emperadores, y a los romanos, de ser el resultado de los errores de los regímenes de gobierno, invasiones y guerras, pero los alemanes han asimilado a todos y los sitúan en el lugar que debe ser y siguen adelante en el desarrollo de su conciencia histórica.
El día que los mexicanos asimilemos a Hernán Cortés, será una fecha en la cual habremos desarrollado nuestra conciencia histórica para ya no caer en la famosa frase: del olvido al no me acuerdo.