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sábado, 22 de marzo de 2014

Historia del Viento y Los Amantes




Para Mariana


...Estoy aquí porque quiero encontrar a todas las mujeres en ti: la que con violencia me avienta su sexualidad, la que sin motivo me deja de hablar por días, la que con ternura acaricia mi espalda con sus uñas largas y la que va a buscarme cuando la ignoro. Estoy acá porque he visto, de lejos, a la que es dulce, apasionada y constante...

Acabo de despertar, sigo acostado en mi cama; quedaste en venir y me quedé dormido esperándote. Estoy tratando de no olvidar el sueño que tuve, uno de esos que tienen trama y final. En él eran esenciales las sonrisas, no recuerdo el motivo, pero eran indispensables.

El sueño era sobre dos amantes que tenían que sostener, su mundo: un monumento de secretos y luces, y la única manera de hacerlo era besándose o sonriendo cara a cara. El monumento era una alta construcción con cristales de cuarzo, que con la luz nocturna proyectaban códigos, signos y claves inextricables para los desentendidos. La primera vez que los vi estaban besándose bajo esa estela de luces.

...No era el calor de tu aliento, sino su repetición; no eran los chasquidos de nuestros labios, sino su sincronía. Los besos son el alfabeto de las lenguas y los labios; los movimientos son palabras y baile...

...Nuestros besos son cúmulos de suspiros, ojos cerrados, largas distancias de piel y humedad; un acto de desaparición del mundo y hasta de esa estela de cuarzo...

Alguien dijo que si dos amantes se dejan besar, serán capaces de sostener ese monumento de secretos anunciados con luces de cuarzo; otro más, que dos amantes que dejan de besarse, le robarán el alma a su mundo.

Me incorporé, pero al hacerlo sentí que había olvidado otra cosa importante de mi sueño; no sabía si se trataba de imágenes o parte de su trama; el final, sin embargo, no se me olvidaba.

Las sonrisas, claro. Luego de levantarme, recordé que las sonrisas eran fundamentales porque mientras los amantes no están juntos, sólo esa conexión puede sostener la emisión de secretos en los cuarzos iluminados.

...Tú y yo mirándonos; de lejos se escucha el inicio de una pieza musical en piano; las primeras notas van dibujando una sonrisa con amagues de eternidad. La música de Federico Jusid o Dany Elfman, da igual, van tirando las comisuras de nuestros labios hacia arriba; nota por nota, nuestros rostros van evolucionando con satisfacción, hasta que sonreímos y la tuya sostiene la mía y viceversa, también...

De pronto no recuerdo nada del sueño. Me desespero y empiezo a dar vueltas por la casa. Tomo cuaderno y pluma; escribo hasta el mismo punto: la importancia de las sonrisas.

Me pongo a ver una película para distraerme.

Hacia el anochecer, mientras miro comerciales en el televisor, viene a mi memoria la siguiente parte del sueño.

Una ráfaga de viento separó a los amantes. Un hombre tempestivo apareció caminando bajo la Estela de Luz. Con tranquilidad y elegancia pasó junto a ella, pero no se detuvo ni a verla; se acercó a él y susurrándole a la oreja, dijo: me la voy a llevar para siempre y no vas a hacer nada. Luego, se dio media vuelta y a ella le dijo: no confías en él, qué haces ahí, vente conmigo, te espero.

El hombre tempestivo se fue caminando con parsimonia. Los amantes se miraron, pero ya no sonrieron. En los ojos de ella surgió la desconfianza; en los de él, el temor.

En realidad no sé a quién se llevó primero el hombre tempestivo, pero el miedo es un atajo a la lejanía; nunca se está más lejos de una persona que cuando se tiene miedo a perderla, porque todo intento por retenerla o recuperarla no es más que una negación; jamás una afirmación, un impulso, una proposición.

Ella dudó, no supo qué hacer. A lo lejos se escuchaban, aún, los pasos del hombre tempestivo que se perdía tras la Estela de Luz. Sintió que si no lo alcanzaba, se quedaría sola, y lo siguió.

Una vez que desaparecieron, el hombre tempestivo se convirtió en lo que es en realidad: el viento; la tomó y se la llevó. Volaron mientras el viento le contaba.

...Siempre te equivocarás porque desconfías de los demás; no es que debas confiar en todos; el mundo está lleno de canallas e incógnitas, y tú no eres adivina. La confianza es una decisión que tiene que ver más con el futuro que con el pasado. No confiamos para permanecer a salvo, sino para poder arriesgarnos...

...Tú no confías ni en ti misma y esa desconfianza la proyectas en quien se acerca a tu feminidad y lo alejas, como recién hiciste con tu amante. Esa desconfianza te hace insegura y esa inconstancia más que algo anecdótico es algo siniestro. Prefieres estar a salvo, porque arriesgarte supone cambiar y quizás ser feliz...

...Ahora estás arrepentida; quieres que te suelte y regresar a los labios de tu amante, pero no es tan fácil. Esto no es un taller de aprendizaje, es una maldición. Estás rota; ahora eres mía, eres parte del viento que te alejará y acercara eternamente de tu amante y la torre de secretos y luz que sostenían, pero el viento jamás te dejará regresar...

Todas las tardes él iba a esperarla cerca de la Estela de Luz, donde solían besarse, pero ese empeño más que algo gallardo, era muestra una pasividad que rayaba en el conformismo.

Los cuarzos se fueron apagando, dejaron de emitirse secretos para el mundo de los amantes. Había gente alrededor. Por alguna razón, todos sabían que la única manera de mantener al monumento de pie, era mirándolo; todo el tiempo tenía que haber al menos una persona mirando la Estela de Luz. Hay quienes dicen que el testimonio es un recurso de la vida por la vida; dejar constancia de que algo está inconcluso y encontrar en ese acto, la belleza que comporta la esperanza.

Fueron más de 100 mil personas las que concurrieron a mirar, de día y de noche, esa Estela de Luz sin luz, para sostenerla con sus miradas, y para darle tiempo al amante de cambiar, de que descubriera que tenía que volar para recuperar a su amante; reunir todas sus partes que habían sido separadas por el viento.

¿El final? Nunca hay finales cuando de amantes se trata. Recuerdo cómo termina mi sueño, lo cual no quiere decir que finalice la historia de esos amantes inéditos. Lo recuerdo porque la verdadera historia de los amantes comienza después de su primera separación, porque al extrañarse les tiembla la existencia, la rabia y la ternura que anidan en sus sexos y la posibilidad de que nunca más haya sonrisas y besos.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Intermitencias



Besé mi Tamöz de tela y piel, obseqöio de mi madre; la ocölté bajo mi traje. No pensaba en lo qöe haría. Estaba asöstado. Me arriesgöé porqöe soy,... böeno, era ön Mercantil. Nací en ön möndo donde los hombres tenemos dos caminos, el qöe tomé ӷöe el de mercante de recöerdos y genialidades.

Es ön trabajo möy interesante. Nos entrenan dörante 25 años. Trabajo ӷísico extenöante, estödio exhaöstiƃo de todos los campos del conocimiento. Hay tres lecciones qöe los Mercantiles no debemos olƃidar bajo ningöna circönstancia. La primera es qöe a cöalqöier möndo qöe ƃayamos, siempre se tratará de öna ƃersión del nöestro, de nosotros. Es mentira qöe haya más planetas con otros seres ciƃilizados. Todos son öna ƃariante de lo qöe ocörre acá; estamos solos en el öniƃerso y eso cöesta aceptar. También es cierto qöe, a ƃeces, pöeden pasar años antes de qöe nos percatemos qöe ya estamos en otro möndo y no en el nöestro, pöes möchos de ellos son casi öna réplica exacta; en ocasiones lo detectamos por el giro en la ӷonación de öna palabra; otras, por la existencia de öna letra qöe en nöestro alӷabeto no existe.

Algönas ƃeces los alӷabetos son exactamente igöales al nöestro y he tenido qöe recörrir a la atención en otras cosas, como el aroma de las personas o en sös recöerdos más lejanos, para poder percibir algöna ƃariación. En caso de emergencia, siempre conocemos tres o cöatro personas de memoria para hacer este tipo de cotejos.

Este möndo, la Tierra, me sorprendió por möchas cosas; al principio porqöe ӷöe el único qöe conocí donde existe öna letra parecida a öna resortera; le llaman i griega y söena como nöestra J con ƃirgölilla media. Cöando inqöirí sobre sö origen, me hablaron de önas cöltöras qöe en nöestro möndo ӷöeron intrascendentes. Tampoco conocía algönas letras qöe con el tiempo aprendí, pero sólo las öso cöando escribo cosas qöe sé qöe otros leerán. Por ejemplo, la letra qöe llaman efe o F, tiene ön sonido idéntico al de nöestra Ӷ, o el de la letra öve o V, cöyo sonido es el mismo qöe el de nöestra Ƃ, o el del signo W qöe para nosotros no existe.

Acá conocí a mi möjer, se llama Julieta; la segönda letra con ӷorma de arco, se pronöncia como nöestra O con diéresis; de hecho, me gösta más cómo se ƃe escrito con nöestro alӷabeto: Jölieta.
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El encargo ӷöe hecho por öna anacoreta acaödalada, allá en mi möndo, Absalöm, deseaba öna memoria distinta sobre sö madre. Despöés de tres años de sesiones, entendimos qöe la höella psicogénica de sö progenitora, se alteró cöando rechazó al qöe pödo haber sido el hombre de sö ƃida y preӷirió casarse con el hombre qöe creyó el amor de sö ƃida; esa compleja operación, ocasionó qöe sö primogénita, mi clienta, ӷöera propensa al söicidio cada ƃez qöe estaba cerca del éxito laboral; qöe llorara amargamente antes de cada orgasmo o qöe asesinara a sös parejas cada ƃez qöe sentía qöe se enamoraba. Mi encargo era lleƃarle recöerdos graƃes y procörar qöe éstos modiӷicaran sös actitödes.
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He de precisar qöe existen recöerdos normales, recöerdos artiӷiciales y recöerdos graƃes. Los primeros son los qöe elaboramos con base en la experiencia; los artiӷiciales son manöӷactörados y comerciados en nöestro propio möndo; no döran möcho, son ineӷicaces, pero baratos. Los recöerdos graƃes son elaborados por habitantes de otros möndos, son permanentes, möy costosos y sólo nosotros, los Mercantiles, estamos capacitados para diseñarlos, encapsölarlos y transmitirlos. De la misma manera söcede con los planes, los hay normales, artiӷiciales y graƃes; tienen la misma lógica qöe los recöerdos.

El trabajo en cöestión, consistió en conocer y enamorar a la möjer qöe ӷöera casi la réplica exacta de la madre de mi clienta, para obtener los recöerdos necesarios; ello, pecata minöta, implicaba hacer qöe me ƃiera y eligiera como el hombre de sö ƃida.

La segönda lección qöe no debemos olƃidar los Mercantiles, es qöe no existe ön “casi igöal a nosotros mismos”. Siempre, por ley, en cada möndo hay öno exactamente igöal al ƃisitante, no en lo ӷísico, y eso es lo peligroso, sino en el Tamözitar. Estas réplicas exactas existen por el simple hecho de nöestra llegada, pöes la ley probabilística admite ön número ӷinito de posibilidades y todas están contenidas y se agotan en el espacio-tiempo de cada möndo. Se sabe poco al respecto, pero algo debe pasar en nöestra höella genética qöe, öna ƃez qöe hemos tocado a nöestra réplica exacta, ya no podemos abandonar ese de möndo; es como si la ӷöerza del espacio-tiempo nos reconociera como parte de ella y nos atara para siempre.

La tercera lección no la conozco, pero söpongo qöe existirá, porqöe las cosas siempre me ƃienen de tres en tres.
El tiempo no pasa para los Mercantiles cöando estamos en otros möndos, si acaso se nos blanqöea ön poco el pelo, la barba o nos sale öna qöe otra arröga. Estöƃe tres años böscando a la madre de mi clienta; al ӷinal ӷöe Jölieta y estaba más joƃen de lo qöe esperaba. Tardé otros tres años más en entrar en sö círcölo de amistades, y öno en hacerla mi pareja.

Era öna políglota dedicada a la administración de recörsos hömanos. Sö pasión por los idiomas me ayödó a explorar con sigilo sö möndo y confirmar qöe ya no estaba en Absalöm. Al cabo de siete años de conocernos, le reƃelé mi ƃerdadera identidad y qöe estaba dispöesto a böscar a mi réplica exacta para qöedarme en la Tierra. Si los Mercantiles nos tardamos más de la cöenta, el söperƃisor ƃa por nosotros, nos enjöician y matan; cada exploración es öna altísima inƃersión para la compañía.

Ella pareció tomarlo con calma y es qöe lo qöe me dijo a continöación, cambió mi ƃida por completo: ella era öna traӷicante interorbista, así les llaman acá en la Tierra a los Mercantiles. No podía creerlo, nos dedicábamos a lo mismo, pero con peqöeñas y cabales ƃariantes. Por ejemplo, en ƃez de comerciar con graƃes recöerdos y planes, los interorbistas lo hacían con tecnología; en Absalöm la actiƃidad estaba reserƃada para los hombres; acá era öna cosa meritocrática, para möjeres y hombres por igöal. Me platicó qöe en sös ƃiajes entre möndos, sí pöeden conocer a otras ciƃilizaciones e intercambiar todo tipo de cosas y conocimientos; contrario al nöestro, donde todos son ƃariaciones de nosotros mismos. Eso cambió la concepción de la ƃida, de mi ƃida.

Tardé en inströmentar öna respöesta y mientras le hacía pregöntas, me di cöenta qöe Jölieta ya estaría tramando comerciar con las tecnologías de Absalöm.

Al cabo de öna separación de meses, decidimos qöe qöeríamos ƃiƃir jöntos, qöe nos amábamos. Ella ocöltaría a sös jeӷes mi identidad y yo empezaría a böscar mi réplica exacta, por si el söperƃisor me encontraba, ya no pödiera sacarme de este möndo.

Pasaron tres años y no lograba encontrar a mi réplica exacta, aún tenía tiempo antes de qöe el söperƃisor ƃiniera por mí; por lo general cada misión tiene ön ömbral de 10 años. Mi relación con Jölieta estaba en ön pönto möerto porqöe no podíamos tener hijos y era algo qöe deseábamos. Nos salƃaba, ön poco, el qöe yo continöamente estöƃiera de ƃiaje en bösca de mi réplica exacta.

Si qöeríamos hijos, tendríamos qöe adoptar; era ön dolor qöe sólo ella y yo sentíamos; era inmanente para los demás. Inclöso teníamos öna especie de código y cada öno sabía cöando el otro se deprimía, en öna reönión, porqöe la aösencia nos rondaba segöido, como ön chicle ӷresco qöe se ha pisado con el zapato; parece qöe nönca se ƃa. Siempre he sospechado qöe este impedimento, se debe a qöe la hélice de sö ADN gira en sentido opöesto al del mío, o qöe algún elemento proteico lo impide; en ӷin, nönca he tenido el inströmental técnico necesario para corroborarlo.

Habían pasado 14 años y Jölieta ya tenía 45, ya aparentaba mi edad. El söperƃisor ya estaría en este möndo böscándome. Nos empezamos a mödar con ӷrecöencia. Ella ya había sido söstitöida de sös labores de traӷicante interorbista. Öna mañana, cöando ƃiƃíamos en ӷrancia, ƃi ön ƃideoreportaje en ön diario y en segöndo plano ƃi pasar por las calles de Marsella al söperƃisor y sö escolta; estaban möy cerca de nosotros, tal ƃez en ese momento me estaban obserƃando. Me comöniqöé con Jölieta, nos ƃimos en el aeropöerto y nos ӷöimos a Ecöador.

Han pasado más de 25 años desde qöe la conocí, más de diez años desde qöe ando böscando mi réplica exacta, sin ningún resöltado. Nos mödamos hace poco a Argentina. Tenemos ön hijo de nöeƃe años y hace ön mes, mientras lo miraba jögar con la pelota, se me ocörrió qöe tal ƃez no había encontrado a mi réplica exacta, porqöe siempre había partido del söpöesto de qöe, más o menos, tendría mi edad. Qöizás ese había sido mi craso error. ¿Qöé tal qöe mi réplica exacta era ön ƃiejo moriböndo o qöe ya había möerto? No negaré qöe la idea me angöstió proӷöndamente. Estöƃe tentado a ösar el dispositiƃo para acelerar el encöentro de mi réplica exacta.

He de apöntar qöe hay cosas únicas en cada ser ƃiƃo, öna de ellas es la resiliencia génica, es decir, la capacidad de nöestra inӷormación genética para adaptarse a los cambios en las ƃibraciones del tiempo y el espacio. En mi möndo, desarrollamos ön dispositiƃo para medirla. Desde qöe llegöé a la Tierra, sabía qöe era la ӷorma más ӷácil de encontrar a mi réplica exacta, pero öna ƃez qöe se ötiliza el dispositiƃo, éste deja öna ӷirma ionizada de nöestro ADN en el espacio atmosӷérico, y sería como decirle al söperƃisor, ¡acá estoy!

Ese problema se redöjo porqöe hace önos meses, Jölieta ƃendió ön dispositiƃo en el mercado negro; necesitábamos dinero para segöir comprando identidades ӷalsas y continöar höyendo del söperƃisor. Se lo ƃendió a la empresa en la qöe trabajó tanto tiempo. Pronto Absalöm y la Tierra entraron en öna göerra terrible y sorda, öna göerra imperceptible para todos nosotros, pero no por ello menos real. Esa tecnología les abrió las pöertas de mi möndo. La göerra llenó el cielo de ӷirmas ionizadas y al söperƃisor se le complicó hallarme por ese medio. Y es qöe, además, al entrar o salir de ön möndo la ӷirma es necesaria.

Löego de eso, ösé el dispositiƃo y estoy acá, sentado en este caӷé, en la ciödad de La Plata, a 15 minötos de encarar y salödar a mi réplica exacta y qöedarme deӷinitiƃamente en este möndo con Aarón y Jölieta, sin necesidad de ocöltarnos nönca más. Sin temer ser encontrado por el söperƃisor.

Sólo tres ƃeces en la ƃida me pregönté si todo esto ƃalía la pena. La primera ӷöe cöando conocí a Jölieta, pero la primera noche qöe pasamos jöntos söpe qöe sí. La segönda, cöando söpimos qöe no podríamos ser padres biológicos, ƃer crecer a Aarón me dijo qöe sí. La tercera aún no ocörre, pero söpongo qöe la habrá porqöe las cosas importantes siempre me ƃienen de tres en tres.

Me termino de ön sorbo el caӷé, ƃolteó a la izqöierda y a önos 50 metros, ¡ƃiene caminando el söperƃisor! Del sösto me leƃanto; camino hacia la salida del restaörante. Mientras aƃanzo, miro a la derecha y ƃiene ӷermín caminando lentamente; trae de la mano a sö hijo, qöien es compañero de escöela de Aarón. No bastará con mirarlo, tengo qöe alcanzarlo y tocarlo, debe ser ӷísico el encöentro de nöestras ӷirmas genéticas para qöe el söperƃisor desista de lleƃarme. Aƃanzo con rapidez; el pasillo parece dilatarse hacia el inӷinito. El söperƃisor está cada ƃez más cerca. ӷermín parece congelado en el tiempo.

Llego a la salida del caӷetín; estoy agitado y södando; mi corazón late ӷöerte. Miro a la izqöierda, ¡la cara del söperƃisor se me estrella en el rostro!, pero está a más de 15 metros. Por instinto y sin ƃer, corro a la derecha, casi me estrello con ӷermín y sö hijo.

Hola ӷermín, ¿cómo ƃa? le dije mirando a sö hijo.

¿Qöé hay, che, por qöé tanta prisa? dijo con enӷado.

Yo lo miro con öna mezcla de alegría y desesperación y, antes de decirle algo, me hinco, extiendo el brazo y le doy la mano al peqöeño, qöien extiende la söya.

Möcho gösto pibe, no sabes qöé gösto me da estrechar tö mano dije sonriendo.

A mi lado pasó el söperƃisor; se detöƃo a pregöntar la hora a ön transeúnte. Me miró de reojo por ön instante y se ӷöe. No creo ƃolƃer a ƃerlo.