<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307</id><updated>2012-01-20T20:45:36.551-08:00</updated><category term='Homenaje'/><category term='Cuentos'/><category term='Música'/><category term='Relatos'/><category term='Colaboraciones'/><category term='Sueños'/><category term='Dedicatorias'/><category term='Preámbulos'/><category term='Literatura'/><category term='Apocrifarios'/><category term='Miscelánea'/><category term='Taggeando'/><category term='Relato'/><category term='Mensaje de CA'/><category term='Fin de año'/><category term='Alexander Botafogo'/><category term='Madruguetes de CA'/><category term='Cuento'/><category term='Versos'/><category term='Reflexiones'/><category term='Cine'/><title type='text'>C A R T A   A B I E R T A</title><subtitle type='html'>Primera época / 
Cuarto año / Diciembre 2011 / 
No. 142</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>141</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-475027373904630692</id><published>2011-12-16T13:56:00.001-08:00</published><updated>2011-12-22T13:08:47.489-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Apartamento</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Fue en noviembre del año pasado. Todos los vecinos escuchamos ruidos y gritos, pero ninguno imaginamos lo que estaba ocurriendo. La rapidez y el estrépito engendraron confusión, la forma más tenue del miedo. Quedamos estupefactos por unos segundos y sin saber cómo reaccionar en los siguientes minutos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;A base de narrar los acontecimientos a algún familiar o amigo que sobre el tema me inquiriera, aprendí que dividirlos en tres partes resultaba más comprensible para ellos y, además, se propiciaba el pretexto para el café o para el whiskey, según la persona.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Considero que la primera parte de esta historia inició cuando un tipo desconocido llegó a vivir al apartamento contiguo. Al poco tiempo, los vecinos nos percatamos que era uno de esos paracaidistas que suelen buscar casas abandonadas para habitarlas; se aprovechan de la permisividad legal en torno a la propiedad de inmuebles abandonados, ya que si una persona demuestra tener cinco años viviendo en una casa, mediante el pago de servicios, y nadie lo reclama, es muy probable que pueda apropiarse legalmente de la misma. Por desgracia, el propietario de la vivienda desde hacía tres años radicaba fuera de la ciudad y no había manera de localizarlo, lo cual descartaba la posibilidad de que pudiese hacer algo al respecto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Desde la primera semana, la vida de los condóminos se tornó un infierno. Diario y a todas horas había fiesta en ese departamento. ¡Música a todo volumen; peleas, gritos! Al tercer día, llamamos a la policía. Quitaron el ruido, pero a los pocos minutos de haberse ido, volvieron a ponerla y con mayor volumen. Luego nos enteramos que la madre de este malandro era una mujer adinerada, ligada a alguna mafia local y, por supuesto, a las autoridades.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;A este paracaidista, el mote de &lt;i&gt;Pitufo&lt;/i&gt; se lo puso un vecino, Javier, por enano y, después nos enteramos, porque alguna vez fue policía; persona en extremo violenta y nefasta. Al principio sólo se ofuscaba, pero al paso de los meses, sus respuestas fueron aumentando de tono; siempre con esa voz carrasposa que exacerbaba la amenaza. Sin embargo, conforme su agresividad ascendía, su condición física menguaba, consecuencia del excesivo consumo de drogas. Al año ya cojeaba y se movía torpemente, pero su talante amenazador se mantenía incólume.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Son tipos como éste los que traen la realidad a las casas. Uno se siente vulnerable y desprotegido por la autoridad; uno termina, necesariamente, rompiendo ciertos lazos con la ley y empieza a tejer otros con estos maleantes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La segunda parte, inicia cuando al departamento de Javier, quien no vive acá, pero es dueño de uno de éstos en la planta baja, se intentaron meter, ilegal y alevosamente, un grupo de personas con la firme intención de apropiárselo, emulando al &lt;i&gt;Pitufo&lt;/i&gt;. Cuando vi a estos tipos por primera vez, no supe si se trataba de familiares de Javier o de nuevos inquilinos, sino hasta que nos explico que no los conocía, mientras buscaba el apoyo de algunos vecinos. ¿Quién iba a imaginarse que sería &lt;i&gt;el Pitufo&lt;/i&gt;, quien con mayor eficacia asistiría a Javier en la solución de este problema?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Cuando estos paracaidistas regresaron al departamento, con la descarada intención de volver a cambiar la combinación de chapa de la puerta, que previamente Javier había pagado, fue &lt;i&gt;el Pitufo&lt;/i&gt; quien les puso un alto. No necesitó bajar a increparlos, le bastó asomarse y amenazarlos para que esta gente pensara dos veces lo que intentaba:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–¡¿Ya vienen otra vez a hacer su pinche ruido?! Sépanlo de una vez, cabrones, yo diario hago mis desmadres, vienen mis valedores y chupamos todos los días a la hora que se nos antoje. Me vale madres que estés embarazada –dijo con frialdad, dirigiéndose a una de las paracaidistas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Desde esa vez supe que se llamaba Adrián y así lo empezamos a llamar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Yo estaba escuchando tras la puerta. Nadie respondió el reto. Hubo silencio. Fui hacia la ventana que da al andador y los vi alejarse: dos mujeres y dos hombres; uno de ellos, el cerrajero, iba aferrado a su bicicleta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Días después regresó este último, pero solo. Algunos vecinos que decidimos apoyar a Javier en este entuerto, salimos a su encuentro.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Por ser el mayor de todos, fui quien habló y lo cuestioné inquisitivamente –¿a qué vienes y de parte de quién?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Me dejaron un papelito en la cerrajería, que viniera a cambiar la combinación de esta chapa –respondió defensivamente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Estás cometiendo un delito –le dije con firmeza–. Acá ya vinieron agentes de la Delegación y hay una demanda de por medio; si le haces algo a esa chapa, vas a ser cómplice y, además, vamos a correr la voz de que te andas prestando a estas movidas y no te va a convenir; mejor déjalo como está, porque si haces algo vamos a tomar fotografías. Se escuchó la puerta rechinante de la casa de Adrián, pero no lo vimos salir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El pobre cerrajero, asustado y casi pidiéndonos disculpas, no tuvo más remedio que desistir e irse. Los paracaidistas no volvieron más. Creo que ambas cosas pesaron en esa decisión, tanto la demanda judicial como el vecinito que tendrían que soportar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Sería ingenuo suponer que la reacción de Adrián fue únicamente para ayudar a Javier, más bien quiso asegurarse el título de “único cabrón del edificio”; no estuvo dispuesto a compartirlo. Sin embargo, días después le prestó varios muebles a aquél, para que su vivienda pareciera estar habitada, y desincentivar ese tipo de delito. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Para entonces, y gracias al mayor contacto que empezó a haber entre ellos dos, supimos que, en efecto, la salud de Adrián estaba muy dañada, al grado que su primo iba diario a cuidarlo. También nos enteramos que ambos llegaron a un acuerdo para que Javier pudiera tener inquilinos sin que Adrián les hiciera la vida imposible, como ya había ocurrido con anterioridad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La tercera parte de esta historia empieza cuando Javier contrató un plomero, un electricista y un ebanista, para arreglar y poder rentar su apartamento&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Una vez que el plomero y el electricista terminaron su trabajo, sólo faltaba que el ebanista concluyera el suyo. Desde los problemas con los paracaidistas, Javier me había dejado copia de un juego de llaves de su departamento. Yo me encargué de abrir y cerrar la puerta cada vez que venían los trabajadores.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El memorable de los tres fue Daniel, el ebanista. Tenía un par de rasgos que lo distinguían: una cojera y una sonrisa torva que si no fuera por su ingenuidad, luciría bastante macabra. A pesar que lo traté poco tiempo, me di cuenta que era de esas personas que sin afán son indiscretas, torpes y hasta ofensivas. Pero si se las escucha con atención, son simplemente pueriles. No miento si digo que algunas de sus gesticulaciones descubrían a una persona con síndrome de down; sin embargo, su pericia en la ebanistería, según Javier, decía lo contrario.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Daniel había quedado en llegar a las 10 de la mañana. Esperé en la sala a que tocara la puerta. Pasaron 15 minutos, no llegó y fui al baño, pensando que no tardaría. Tuve un ligero percance que me retardó de más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Nadie supo cómo fue el primer encuentro, si se saludaron, si dialogaron y cómo lo hicieron. Por las consecuencias, deduzco que Daniel se sentó sobre las escaleras a esperar. Probablemente, Adrián se asomó y le preguntaría algo; la respuesta de Daniel quizás lo irritó, y es que por alguna razón, como ya he dicho, Daniel es de los que pretenden ser graciosos y terminan siendo ofensivos por su falta de tacto; fueron pocas las ocasiones en que hizo un comentario atinado, quien sabe si alguna vez se lo propuso, y ese tono sin tono de su voz no le ayudaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Quizás algo de esto y mucho más, que no haya conocido de él, se combinó con alguna de las múltiples rabietas y rachas de violencia de Adrián; acaso el ánimo ventajoso de éste haya percibido en Daniel una presa fácil, susceptible de ser denigrada a discreción.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;No estoy muy seguro de cómo pasaron las cosas, pero infiero que tuvo que ver con sus disímiles personalidades. Cuando salí para abrir la puerta del apartamento contiguo, Adrián se calló. Esto me extrañó porque si hay alguien que no le importa quién escucha sus escándalos, es él. Sin saludarme se dio la media vuelta, subió con dificultad los pocos escalones que había descendido y se metió a su casa. Le pregunté al ebanista si lo había agredido o amenazado. Su respuesta, acompañada de su clásica sonrisa torva, fue: –No, nada más se enojó un poco porque le pregunté si él era &lt;i&gt;el Pitufo&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Me lamenté profundamente por ese pequeño detalle, no sería buen augurio. Adrián se lo tomaría muy apecho, y seguramente significaría el fin de su tregua con Javier. ¡Pero qué imprudencia la de éste para decirle al ebanista el apodo de uno de los vecinos!, más aún si conocía la falta de tacto e ingenuidad de Daniel. En fin, lo dejé trabajando. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Me retiré a mi habitación, sabiendo que estaría ocupado, cuando menos, cinco horas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Un bullicio intermitente me despertó. A cada momento, éste se iba transformando en gritos claros y de agresión. Me incorporé lo más rápido que pude, salí de casa y me percaté que el ruido procedía del apartamento de Javier. Apresuré el pasó porque intuí que Adrián habría bajado para amedrentar a Daniel.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Lo vi. Sus pantalones, sus brazos. El olor penetrante a thinner y madera no correspondía con la escena. Lo vi tirado en el suelo, cerca de la entrada. Inmóvil y silente. Sabía que era él. Sentí que en mi cara iba evolucionando un inevitable gesto facial de asco. Entonces, me percaté que un martillo estaba encajado a la altura de su cara, que parecía un acantilado que se hundía en un quieto y pasmoso mar guinda; sentí una profunda nausea cuando creí ver un estertor de su cuerpo; creo que no quise saber si seguía con vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Volteé al fondo. En cuclillas y recargado sobre la pared, lo vi. Estaba temblando, con las ropas salpicadas de sangre y musitaba algo con la mirada incrustada en el suelo. Instintivamente me acerqué para averiguar que decía. Supe que notó mi presencia, pero no levantó la mirada, únicamente repetía:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–¡Vi el martillo en su cabeza, vi el martillo en su cabeza...! –El ebanista, tenso y desesperado afirmaba para sí, como intentando memorizar algo con incredulidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Voltee y vi en el suelo el cuerpo del &lt;i&gt;Pitufo&lt;/i&gt;, con el martillo encajado en el cráneo; se enfriaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-475027373904630692?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/475027373904630692/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=475027373904630692&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/475027373904630692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/475027373904630692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2011/12/apartamento.html' title='Apartamento'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-3618689399339406955</id><published>2011-10-18T16:31:00.000-07:00</published><updated>2011-10-18T16:31:52.765-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Teología de la Abuela</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Tu abuela en ninguna foto está mirando a la cámara –Indicó mientras las revisaba con atención.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Su ceguera se presentó después de los 30; tenía unos ojos hermosos, ¿cierto? Color miel, como los de mi madre. Lo que más recuerdo es cuando me contaba cuentos. Yo tardaba en dormirme, cuando me quedaba en su casa. Miraba con diversión y ansiedad que nunca me miraba; aquí, en esta habitación, quién sabe si sobre la misma cama, me tocaba toda la cara con sus manos –Germán movió sus manos, emulando el recuerdo–. Sus manos frías sobre mi cara, buscando reconocerla, probando su memoria; decía que mi fisonomía iba cambiando muy a prisa. Ella siempre describía mis rasgos faciales en voz alta, identificó inmediatamente el afilamiento de mis facciones, mis pómulos, mi quijada: “serás igualito a tu abuelo Germán”, me decía. En realidad, siempre me he parecido más al materno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Mira, amor, si te fijas bien en las fotos, todas fueron tomadas en ángulos que procuraban no delatar su ceguera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–No lo había notado –Comentó con el ceño fruncido a la vez que tomaba algunas de ellas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–¿Cómo se llamaba?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Agnes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;Germán se levantó y se apeó sobre un banco; tomó una caja empolvada que estaba en la parte superior del closet; la extrajo rápidamente y con facilidad, pero levantando una enorme polvareda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Ayúdame con esto, María, está un poco pesado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–¿Qué es todo esto? –Replicó ella tratando de contener la tos y apenas entreabriendo los ojos por el polvo que le caía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;Ambos sacaron de la caja folders que contenían hojas escritas con una hermosa y elegante caligrafía. A los pocos segundos, advirtieron que eran textos, historias. No fue necesario que los ordenaran porque estaban apilados en orden cronológico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;A los pocos minutos, Germán cayó en la cuenta de que estaba ante las historias escritas de su abuela, debido a que en uno de los folders reconoció una historia que le fascinó desde que la escuchó; incluso, había convencido a su abuela que se la contara en muchas ocasiones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Mira, esta es la historia que más me gustaba que me contara –Le extendió el folder a María.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Pero si tu abuela era ciega, ¿cómo escribió todas estas cuartillas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Seguramente se las dictó a alguien, pero a ninguno de la familia; nadie de nosotros escribe así.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–¿A qué se dedicaba?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;Germán se recostó sobre la cama e invitó a María a hacer lo propio –Ella fue una mujer de su casa, muy hogareña. Pero has de saber que en su juventud, como a los 25 ó 30 años, quemó las naves, se fue a vivir unos años fuera de México. Mi madre me contó que fue una mujer muy culta y que al regresar, llegó muy cambiada, con costumbres religiosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Léeme el cuento que tanto te gustaba –Le pidió ella mientras le regresaba el folder que lo contenía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–No, mejor te lo cuento, me lo sé de memoria –Colocó el folder sobre la caja y después puso su brazo debajo del cuello de María, quien reposó la cabeza sobre su pecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Antes de hablar, solía tomarme de la mano o me acariciaba el cabello. Parecería burla si te digo que se quedaba mirando la nada, pero en esos días su ceguera era sólo un dato para mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Espera, amor, ¿cómo se llama el cuento?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Uy, el folder se quedó en la caja, me da flojera estirarme; ahorita lo vemos, pero yo siempre lo evoco como la teología de la abuela, versa sobre una historia muy peculiar de la deidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–¿Fue por ella que te hiciste teólogo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Es probable –Respondió sin mirarla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;Germán se quedó pensando en su abuela, en la fuerte influencia que tuvo en su vida. Le enseñó inglés y francés, pero también le infundió mucho miedo, un miedo domesticado, sofisticado e importado, porque sus hábitos infantiles contenían todas las rutinas que a la abuela Agnes satisfacían, y ninguna incluyó romper vidrios, ensuciar la alfombra o perder parte de la cristalería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–¿Qué pasó, por qué no empiezas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Es que no me acuerdo como inicia. Recuerdo sus caricias; yo la miraba recostado en su regazo. Miraba los orificios de sus narices, su cara delgada y blanca. ¡Ya está!, iniciaba así: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Al principio fue un verbo: ser. Dios era toda la eternidad y de manera infinita. No había partes, era todo o era nada, como quieras verlo. Ni principio ni fin existían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Algo desestabilizó su unidad y surgió el amor, ese movimiento: ser-amar propició la conciencia en él, una conciencia que inició afirmando su ser por medio del amor. Fue de suma importancia para él amar y crear, luego entonces saber, entender y, conocer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Eso te contaba tu abuela, ¿cuántos años tenías? –Lo cuestionó incorporándose un poco para tratar de mirar la cara de Germán.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Como nueve o diez, ¿por qué? –Le respondió sin voltearla a ver y continuó narrando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Empezó a quererse a sí mismo. Lo hizo y se supo, se entendió y se conoció; llegó a la certeza de sí mismo. Sin embargo, pasó algo que no se imaginó. Al amarse se supo, se entendió y se conoció nuevamente como parte de la totalidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Él creyó regresar al mismo lugar, pero había una pequeña y fundamental diferencia: ahora, poseía el conocimiento de todo lo que era porque se amaba; y sí, había ocurrido un desprendimiento, algo se había separado de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Amor, ¿estás seguro que tu abuela utilizaba ese vocabulario? –Germán la miró de reojo, sonrió levemente, pero siguió contando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Empezó a juntar porciones de su totalidad; así creó parcialidades de diferentes tamaños, las ordenó de cierta forma, con ritmo. Le gustó saber que podía desprenderse de sí mismo y encontrar sentido en ello. Descubrió que se podía percibir a sí mismo desde varios sitios, ahora que su totalidad se había separado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Más sorprendente fue descubrir y entender que cada parte que iba separando era capaz de hacer lo mismo de forma voluntaria. Entonces, ocurrió algo inesperado: conoció la otredad de su yoidad. Fue una sorpresa mayúscula poder distinguir otra entidad que procedía de él y que actuaba y pensaba de similar forma a la suya: ser y amar para crear; luego, saber y entender para conocer la totalidad, su totalidad; la de él, la de ellos, de forma paralela y al mismo tiempo. Así, justo cuando la unidad se desestabilizó en dos y más conciencias y certezas de sí mismas, eclosionaron el tiempo y el espacio como entidades distintas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Cada porción de totalidad fue repitiendo el mismo proceso, una y otra y otra vez. Aunque la acción era la misma: ser y amar para crear, las estrategias se diferenciaban unas de otras. Algunas porciones del ser seguían haciéndolo individualmente; otras, en gigantescas agrupaciones, mas todo muy distinto de aquella lejana primera experiencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Llegó el momento en que uno de esos seres o alguna de esas agrupaciones, hicieron algo diferente; no se sabe, no se entiende ni se conoce, pero negaron al ser, no amaron y, sin voluntad, literalmente, no crearon algo; empero, esta serie de negaciones desestabilizaron algo y pasó eso que llamamos la Gran explosión o Big bang.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Así fueron ocurriendo las cosas y sus momentos hasta llegar a nosotros. Ser y querer para crear y, después, saber, entender para conocer; éste siempre fue, es y será un proceso que se va degradando paulatinamente; Dios no se dio cuenta de esto hasta en los últimos instantes, poco antes de que te empezara a contar este cuento. Dios percibió que al separarse en tantas y tantas porciones, había perdido para siempre parte de su propia información, la que lo contiene.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Desde entonces, Dios se ha dado a la tarea del rehacerse. Cada acto como respirar, caminar, cantar: vivir; cada elaboración mental como medir, razonar, describir: pensar, son sus tácticas y estrategias para conseguirlo. Quiere otra vez ser continente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Esa es la desesperación de Dios, ser incapaz de volverse a contener en un ser que quiera y cree.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Porciones y ritmo, amor; ¿te recuerda algo? –Dijo ella en un tono sensualmente sugerente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Me recuerda a ti.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;Ambos empezaron a acariciarse, a reconocerse, a sentirse y a quererse. No había nada más que ellos sobre la cama. Fueron labios y lenguas, brazos y manos, carne y humedad; de ellos emanaba el ritmo entre la pasión y la ternura: arrebato que modula la posesión mediante la belleza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–¿Le ves alguna moraleja?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–No, creo que lo inventó para dormirme, como los demás cuentos. ¿Tú ves alguna?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Que a los hijos hay que cuidarlos no sólo hasta que tengan conciencia de sí mismos, sino hasta que sean perfectamente capaces de ejercer con responsabilidad, material e intelectual, su libre albedrío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Demasiado profundo, ¿no?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Me parece una hermosa metáfora de la maternidad y la paternidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;Germán se levantó y se metió al baño. María se estiró un poco para alcanzar el folder. Leyó todo el cuento. Al regresar, se detuvo al verla con el cuento en sus manos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Se llama &lt;i&gt;Historia de la Navidad y la Noche Buena&lt;/i&gt;; es una linda y original historia sobre Jesús y Dios Padre; ¿de dónde sacaste la historia que me contaste? –Casi le reclamó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;Él se quedó parado y desnudo –Cuéntame el cuento, como si se te acabara de ocurrir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Te leeré lo que parece genuino en él, sólo un par de párrafos, y creo que son los que impactaron tu vida, los que te mojaron para siempre. Escucha:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Dios padre amaba todo lo que iba creando, lo amaba con intensidad natural y prodigiosa, mas no quería darse cuenta que una minúscula parte de él, se iba perdiendo en el proceso de invención. Cada cosa que existe contiene información complementaria del Señor; cada palabra, letra y signo, comportan algo de su nombre, del sonido necesario para invocarlo. Todo esto lo fue degradando, al tiempo que el universo se fue enriqueciendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Dios padre olvidó su rostro y su nombre, y ahora sólo es posible verlo si se está muy lejos de la creación, un lugar que no se sabe si existe; ahora sólo podemos nombrarlo si pronunciamos todas las cosas existentes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;Germán caminó lentamente hasta la cama y se recostó junto a María. Lucía agobiado y desanimado, como si el trayecto del baño a la cama fuese largo y desértico. Como si de pronto hubiese dejado de cargar una historia ajena, una culpa recogida en el camino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Al crecer todo lo complicamos. Quizás sólo debí enojarme con mi abuela, gritárselo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–Bueno, adornar su cuento fue la forma en que manifestaste todo eso que sentías o sientes; es como decirle que eres mejor que ella. En todo caso, de nada te sirve ya continuar con ese rencor, ahora que te has dado cuenta de dónde viene esto –Ella lo abrazó como quien quiere curar una herida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;"&gt;–No, la mejor forma de desahogarme fue haberte contado la historia antes de hacerte el amor, aquí, sobre su colchón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-3618689399339406955?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/3618689399339406955/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=3618689399339406955&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/3618689399339406955'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/3618689399339406955'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2011/10/teologia-de-la-abuela.html' title='Teología de la Abuela'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-4848585628103853026</id><published>2011-09-24T21:05:00.000-07:00</published><updated>2011-09-25T13:11:40.746-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>Planeación Laboral</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ve a esos dos, Margarita, los que no paran de mirarse en aquella mesa. Parece que de sus sonrisas cuelga un par de notas musicales que hacen melodía. Habría que ponerle banda sonora a esa ternura que se entregan, es una injusticia no traer siquiera la cámara –Dijo Salamanca sin perder de vista a la pareja que estaba sentada casi a la entrada de la cantina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;En ese instante, Pruit le enseñó la foto que con su celular había tomado. Salamanca sonrió y tomó el móvil. Agrandó la imagen y nuevamente se quedó encantado. Pero después de unos segundos lo dejó sobre la mesa, cual propina desenfadada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–No lo sé, Margarita, perpetuar esa imagen le resta algo. Hay momentos que merecen solamente las imágenes que permite la memoria, incluso una mala memoria; por ejemplo, hoy te recordaré con esa horrible diadema roja que traes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–A mí me gusta fotografiar los ojos, la mirada de los gatos. No es soberbia ni indiferencia; la suya es una mirada hecha para las largas distancias. Sus ojos se desentienden de lo inmediato porque instalan y dilatan sobre el mundo un manto de magia milenaria. Luego, muy quitados de la pena y con modestia, se acurrucan en cualquier rincón de la casa o van a acicalarse junto a la puerta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Bueno, ¿tienes alguna propuesta, algún caso para resolver? –Atajó abruptamente, Salamanca–.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Noel, recientemente has matado varios de mis conocidos, empezarán a conjeturar. Había pensado en Mariano Urzeta, un talentosísimo ejecutivo; de los que gana dinero con dinero de otros en la bolsa de valores, pero mejor alejémonos un buen rato de mi círculo social.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–¿¡Urzeta!? –Salamanca se quedó intrigado, pero continuó– Tienes razón. Por eso estamos aquí. No solamente para que conozcas esta tradicional y céntrica cantina, sino para que mires en persona a nuestro próximo trabajo. ¿Ves a ese cuate que está sentado a la barra? Se llama Marcos y se apellida Urzeta; ¿cómo ves, Margarita?, los hermanos Urzeta son nuestro caso –Salamanca terminó su tequila de un solo trago; satisfecho y con una ligera sonrisa, se recargó con desparpajo sobre el respaldo del gabinete, extendiendo sus brazos y con un gesto pidió otro trago–.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Déjame contarte. Mis esbirros tienen diez meses investigando a Marcos; es, también, la primera vez que lo miro en persona. Es un artista muy reconocido en su medio, pero no vive de sus creaciones, cosa que a él lo tiene sin cuidado; es de alta prosapia. Solamente le sobreviven su hermano mayor y su abuelo. Tú conoces a Mariano, pero según sé es uno de los nuevos yuppies más acaudalados del país, un terrible mamonsísimo de primera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Será mamón, pero es un anfitrión excepcional comparado con los chavos de su edad. Además, es muy astuto, sabe mucho de gastronomía, vinos y bebidas; ha viajado por todo el mundo, y es muy guapo –Apuntó y recalcó Pruit, quien levantando la ceja izquierda y divertida, esperaba una celosa reacción de Salamanca–.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Tú lo conoces mejor, yo sólo te digo lo que leí en mis archivos. Pero no creo que sepas que, siendo adolescente, Mariano abusó varias veces de Marquitos. Lo dejó traumado y con una confusa sexualidad inmanente. La única manera que encontró para disipar, temporalmente, sus tormentos a lo largo de los años, fueron sus esculturas y sus pinturas. Su obra tiene una signatura: cerraduras, candados; puertas y ventanas cerradas. ¿Lo has notado?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–No, no conozco su obra; ¿expone en algún lado? –Habló Pruit con el ceño fruncido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Sí, actualmente su obra está de gira por algunas ciudades de Colombia. Vino a México a cerrar una importante venta y, quizás, a morir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–¿Qué edad tenía cuando ocurrió?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Tenía diez años y su hermano, 16. Han pasado 20, son exitosos los dos, pero de una manera tan diferente –Dijo con gravedad y con el rostro circunspecto. Su mirada parecía un anzuelo pendiente y sin paciencia, que no terminaba de pescar algo–.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–¿Y por qué Marcos, por qué no Mariano?; digo, antes de mencionarlo, no sabías que era de mi círculo de amistades… ¿Por qué elegiste a Marcos? –Pruit pareció reclamar por una injusticia más que preguntar–.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Marcos no sabe disfrutar la vida. Siempre con relaciones tormentosas, boicoteando sus sentimientos y emociones, cayendo en los excesos; es perfecto, nadie lo extrañará. A diferencia de él, Mariano sí que sabe vivir; tú misma lo acabas de decir, es famoso y querido. Mucha gente empezaría a preguntar. Pero hay algo más importante, Margarita. Si matara al mayor, ¿quién pagaría una investigación, a quién no le convendría el escándalo? A Marcos probablemente ni le interesaría y dejaría todo en manos de la policía; en cambio, te apuesto lo que quieras a que Mariano intentará lavar sus culpas pagando una investigación privada que dé con el paradero del asesino de su pequeño y adorado hermano menor. Las apariencias están bien arraigadas en gente como él: yuppie y de importante blasón. El nos buscará; tú sueles provocar eso muy bien.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Noel, su abuelo lo extrañaría; no pensaste en él, no eres tan astuto –Pruit retó la astucia más que la moral de Salamanca; tampoco le pareció buena opción apelar a su piedad–.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Al abuelo le dará igual lidiar con un investigador privado que con judiciales. El abuelo los quiere a los dos; incluso, Mariano es su predilecto, es el primogénito de su primogénito. Todo está listo y arreglado, Margarita. ¿Por qué tanta bulla? No me digas que te están dando rachas de moralina; cuántos años haciendo esto y…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Continuaron hablando por largo rato; revisaron algunos detalles del expediente Urzeta, ataron algunos cabos y &amp;nbsp;establecieron que debían contar con un poco de más información respecto a Mariano y lo que sentía por su hermano, aclarar bien cuál y cómo era su realción en la actualidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Mira, ya se lo llevan cargando; va perdido de borracho. ¿Quiénes serán los que lo llevan?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–El coleccionista y amigos de éste.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Por alguna razón, la actitud de Pruit llevó a Salamanca a divagaciones muy lejanas. Se acordó de cuando la conoció; su intempestiva aparición y lo benéfica que ella fue. Pero los recuerdos que más emergían se relacionaban con las opiniones de ella respecto a los casos que iban resolviendo. Solamente una vez la había notado así, reticente. Mucho tiempo atrás, cuando él hubo elegido como víctima a un niño de seis años, cuyos padres murieron en un accidente. La muerte de éstos había favorecido desmedida y sospechosamente a la hermana y su marido. Al principio, Pruit se resistió a participar, aunque al final lo hizo muy bien.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Un lejano sentimiento de culpa, de esos que parecen la pieza sobrante del rompecabezas recién armado, recorrió la columna vertebral de Salamanca. Sabía que sólo en esas dos ocasiones había dudado en la elección, mas no en la ejecución. Entendió que entre Margarita y él había una conexión más intensa de lo que alcanzaba a entender. Más de diez años frecuentándola y aún no sabía el porqué apareció en su vida. No era amor; quizás deseo en algún momento, pero eso no era una respuesta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–¿Ya pensaste quién será el asesino? Antes era eso lo que más te ocupaba, el eje de tus ingeniosos “casos”. No dabas un solo paso hasta que no tuvieras definido al culpable y delineadas las maniobras para que las pesquisas condujeran a él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–La importancia de tener culpable es variable, según cada caso, querida; es algo que he aprendido con los años –Se notaban la falsa modestia en sus gesticulaciones y el falaz argumento evidenciado por ese “querida” que a Margarita le extrañó tanto; sus palabras parecían más una estrategia para evadir una verdad desagradable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Eso es mentira, Noel, sabes perfectamente que cada vez te importa menos, cada vez eres más indolente. Va a llegar un día en que no te importe si te descubren, si te encierran o si te matan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Salamanca no sabía si era falso o cierto lo que ella decía. No tenía la capacidad para discernir sus propios sentimientos. Se sintió ebrio. Miró lo hermosa que estaba, lucía radiante con ese vestido rojo y su siempre esplendorosa melena roja, apresada por esa diadema.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–¿En qué piensas, Noel?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–¿Quién eres, Margarita? ¿Por qué nunca me has hablado de tu pasado, de lo que haces cuando no estás conmigo, de lo que hacías cuando no me conocías; por qué llegaste así a mi vida? –No parpadeó una sola vez mientras la inquirió; ni siquiera después.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–Ya estás tomado. Yo no te voy a llevar cargando –Lo miró burlonamente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Él se quedó inmóvil esperando la respuesta. Se terminó otro tequila; no necesitó llamar al mesero, quien ya llenaba su caballito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;–¿Quién era el filósofo o poeta que hablaba de un mundo fantástico en donde decir la verdad de las cosas era atentar contra su existencia, deshacerlas, regalarlas al olvido, a la nada? No recuerdo, pero algo así soy para ti. Si te dijera quién soy, desaparecería de tu vida, y aunque eres un verdadero hijo de puta, me agrada trabajar contigo; y eso que no me das prestaciones: ni IMSS ni INFONAVIT, ¡eh! A ti sólo debe interesarte saber lo que hago y lo que puedo hacer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Salamanca se levantó furioso, sacó unos billetes de su bolsillo y los echó sobre la mesa. Miró amargamente a Margarita y se marchó con su caballito en mano. Ella lo despidió con una sonrisa traviesa que mostró sus blancos dientes y con una larga mirada, como la de los gatos, lo siguió; vio que se perdía entre decenas de personas que llegaban y partían del kilómetro cero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El mesero, al ver vacía la mesa, con premura tomó el dinero, lo contó y con tranquilidad guardó su parte, una generosa propina. Miró con extrañeza la diadema, se la llevó y segundos más tarde, la tiró.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-4848585628103853026?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/4848585628103853026/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=4848585628103853026&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4848585628103853026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4848585628103853026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2011/09/planeacion-laboral.html' title='Planeación Laboral'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-4266878044690415070</id><published>2011-07-10T00:17:00.000-07:00</published><updated>2011-07-10T00:17:41.268-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Cautiverios</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–¿Sabes por qué a los huracanes les ponen nombres femeninos? –Preguntó retóricamente– Porque cuando se van se han llevado, la casa, el coche, el dinero…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Menso. Pero dime, Ike, ¿¡cómo estás, qué coincidencia encontrarte acá en el aeropuerto!?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Está retrasado mi vuelo; la tormenta tropical derivó en huracán y está en la ruta. ¿Y tú qué me dices, Berenice, estás de vacaciones?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Sí, un merecido descanso; acabo de regresar de Australia, estuve dos años haciendo el doctorado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Siéntate conmigo, vamos a tomarnos un café.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Está bien, pero van a venir pronto por mí –le indicó ella mientras se sentaba– Entonces, Ike, ¿a qué te dedicas, qué ha sido de ti en estos años?; ¿estás saliendo con alguien, ya te casaste?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Me dedico a escribir en revistas; me han publicado un par de novelas, casi no se venden, pero ahí están. Y no, no estoy casado, pero vivo con alguien –hubo una pausa y se miraron en silencio–Voy para Buenos Aires, un productor español y un director argentino están interesados en hacer la película de una de las novelas. Parece que será una coproducción de un montón de instituciones culturales de los tres países; incluido México, por supuesto. Además estoy encantado con la idea de participar en el guión –No quiso ocultar su dilatada sonrisa orgullosa– ¿Y tú cómo estás, ¿qué hay de ti, Berenice?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Me he dedicado a la investigación y a la docencia, entre la UNAM y el Centro de Ciencias Genómicas de Canadá.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Ciencias Genómicas; siempre me decías “donde están los genes está la vida”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Sí, cuando era nueva carrera y quería ser parte de la primera generación. Era cuando tú me decías “donde está mi genetista está mi vida”. –Sonrió como si estuviera viendo lo que rememoraba– ¿De qué se trata tu novela?, cuéntame.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Es surrealista. La trama es sencilla, fantástica. Es sobre un chavo que ha estado toda su vida en una jaula. Su madre lo quiso tanto, que le pintó la jaula de colores. Su padre, la acondicionó por dentro; techo con foco y un calentador, algo sofisticado –Al hablar, Ike gesticulaba con bruscos aspavientos para pescar el interés de Berenice, cuya cara parecía un cúmulo de dudas– Con el paso del tiempo, la jaula dejó de ser el mundo de Pedro Zamora, así se llama el protagonista. Con muchos trabajos logró perforar el piso de la jaula para sacar sus piernas y poder desplazarse a donde tuviera que ir.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Interesante –Dijo con un tono de incredulidad, antes de darle un sorbo a su café.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Un día, Pedro conoció a una mujer que le gustó mucho; el sentimiento fue recíproco, pero no se le ocurrió salir de su jaula para conocerla; a ella le gustaba igual así, únicamente le dijo que le gustaba tal como era. El joven Zamora siguió viviendo dentro de su jaula, desplazándose lentamente; teniendo contacto limitado con sus amigos, familiares y con esta mujer: Sofía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Oye, perdón, pero me parece poco creíble lo que me cuentas, no entiendo el mensaje o lo que quieres transmitir.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Por eso te digo que es surrealista; se trata de interpretar lo que no es explícito y subyace a la superficie, un hondo significado. Es una crítica a la manipulación que ejercen los padres sobre sus hijos, al heredarles, infundirles una serie de prejuicios, miedos, etcétera, que al principio nada tienen que ver con el mundo que van descubriendo, en este caso, Pedro.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–¿Algo así como la manzana que se pudre sobre el caparazón herido de la cucaracha Samsa?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Exacto. Pero además, está el primer amor que cuando no es recíproco ni en igualdad de circunstancias, el que no ama o no está embelesado, puede utilizar la jaula del otro, construida por los padres, para manipularlo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Sí, claro –Ahora su tono era distinto, estaba más interesada en el argumento.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Pronto, ella se dio cuenta que Pedro no podría seguirla ni satisfacerla porque era demasiado dependiente y ella empezó a querer algo distinto. Era una contradicción porque ella sentía que lo quería y, a veces, que lo amaba; sin embargo, nunca pasó por su mente proponerle a Pedro que destruyeran la jaula y que vivieran juntos de otra forma. En la mente de él no había posibilidad de elaborar una reflexión de esa magnitud porque siempre estuvo adentro. Fue como saber que saltando al mar te vas a mojar, va a estar frío y te podrás ahogar, pero para los peces allá abajo es todo distinto, otro mundo: el mundo –A la par que terminaba de pronunciar este par de palabras, con su diestra hizo un peculiar ademán: juntó los dedos índice y pulgar como si tiraran de un hilo invisible, hacia abajo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Un día ella se fue, y Zamora la vio desaparecer. Ni siquiera intento correr; los hoyos en el piso de la jaula sólo le permitían caminar lentamente, sus manos las ocupaba en cargar la jaula. Sufrió, lloró, berreó. Continuó sobreviviendo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Está fuerte; me está gustando. Y la jaula es como una culpa, supongo, o tal vez una incredulidad artificial en él mismo, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Sí, eso es lo que me gusta del surrealismo, sus posibilidades de interpretación. Total, un día Pedro vio a otra mujer, Alondra, que lo dejó maravillado; estaba sentada en un parque. Intuyó que estaba por irse, así que decidió darle alcance. Se tropezó con una piedra y cayó. Se dio cuenta que su jaula estaba desvencijada, descuadrada y a punto de abrirse. Fue tan terrible el impacto que se olvidó de Alondra. Fue como si su vida se viniera abajo; toda su vida construida y estructurada con base en las breves posibilidades que le había permitido esa jaula que lo mantuvo tanto tiempo en cautiverio. Nunca había sentido el cálido pecho en un abrazo sin mediación de los barrotes metálicos y fríos. Nunca había dado un beso sin lastimarse el rostro.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–¿Y su intimidad, hablas de su intimidad?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Sí, todos sus actos hacia el exterior estaban signados por el dolor infligido por los barrotes. En fin, que la caída, además de romper la jaula, también le lastimó severamente sus piernas. No pudo levantarse porque todo el peso de la jaula estaba sobre él. Tenía miedo, más por no estar adentro que por no poderse quitar todo ese montón de basura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–El final es clásico, Berenice. Alondra lo llevó al hospital. Le dice que si quiere vivir a su lado y acompañarse mutuamente, primero deberá sanar sus piernas. Ella también se va, pero para que él, pronto, la vaya a buscar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–¡Qué bonito final! Y tú también estás en cautiverio, ¿cómo se llama este huracán?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Se llama Marlene.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Bueno, pues Marlene te tiene en cautiverio en este aeropuerto, ¿eh? ¿En qué piensas?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;Ike se quedó pensando. Su mente se fue años atrás, cuando conoció a Berenice y se hicieron novios. Le pareció increíble que ya no sintiera nada por ella, salvo una gran amistad. “¿En qué momento se acabó todo?”, se preguntó. En los meses posteriores a su ruptura, no hubo espacio para el olvido ni para el recuerdo, que representaban alternativas accesorias, apenas un epitafio desatinado para su febril relación.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Recién me acordé que hace unas semanas me metí a tu Facebook; vi que era tu cumpleaños e iba a escribir algo en tu muro, pero me arrepentí. Me quedé colgado de un recuerdo de cuando éramos felices juntos. Vi la foto en tu perfil, sonriente, sin mirar a la cámara; vestías una blusa azul marino, estabas contenta, con esa sonrisa que solía llenar mi vida. Vi tus senos, tus manos. Esa foto se ha repetido decenas de veces en mi cabeza desde entonces, como un accidente eterno. Tenía mucho tiempo que no te miraba ni en foto. Sentí ese temblor que ya no es amor, sino un reflejo pavloviano. “¿Quién te tomaría esa foto?”, pensé; te capturó como yo lo hubiera hecho o acaso lo hizo para mí sin saberlo, para que te recordara sin reclamos porque esa carita y esa sonrisa anulan todos los reproches y tristezas, cosas que, por demás, hace mucho ya no suceden. Hasta ese instante, Berenice, no sabía que verte feliz, me haría sentir tan bien; y que conste que no le concedo nada al olvido. En fin, en eso me quedé pensando.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;Todo lo que dijo Ike, la llevó, también, muy lejos de ahí. Para ella, la ruptura fue tardía; no se dio cuenta en qué momento lo dejó de amar. Berenice creía que eso ocurrió cuando apareció otro hombre en su vida, pero desde antes, Ike había empezado a ausentarse de la suya. Cada vez más metido en sus libros y sus estudios, ya casi no tenía tiempo para salir; asumió que ella también invertía la misma cantidad de tiempo en sus estudios; sin embargo, ella siempre requirió menos tiempo que él para lo suyo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;Una tarde, caminando por las islas en Ciudad Universitaria, su ex le platicó sobre la Fuerza Coriolis, un fenómeno físico ordinario y complicado que a ella le pareció particularmente interesante y, desde entonces, a partir de él se explicaba el fin de su relación amorosa con Ike.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–¿Sabes lo que es el Efecto o Fuerza Coriolis?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Me suena, pero no, no lo recuerdo –Respondió Ike, intrigado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Este fenómeno se da cuando un cuerpo se mueve en relación con un sistema en rotación, como un avión que vuela sobre la tierra. Si éste va de Tierra de Fuego a Nueva York y no se toma en cuenta el movimiento, la velocidad de la rotación del planeta, el avión podría aterrizar en Washington –Berenice hacía lentos aspavientos y con su puño izquierdo representaba la tierra y con la diestra, el vuelo del avión– Yo siento que nunca tomé en cuenta lo que querías o necesitabas; quería que fueras como yo deseaba, como necesitaba que fueras; nunca seguí tu ritmo, ni pretendí hacerlo. Creí que eras el compañero de mi vida y antes de que termináramos, me di cuenta que no, que me había equivocado, que yo aposté a que eras Nueva York porque siempre quise esa ciudad y no, siempre fuiste Washington.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–¿Que querías?, siempre entendí más de política que de finanzas –Apuntó Ike con ironía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Sí, es verdad –Redondeó irónicamente lo dicho por Ike.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–¿Y tu ex sí fue Nueva York?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Fue todo el este de ese país. Pero ahora estoy bien, soltera. Y creo que ya me voy; han llegado por mí.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;Ike se despidió de Berenice y pidió de comer. Le agradó la idea del Efecto Coriolis para explicar el destino de algunas relaciones amorosas, de su relación con ella. Sacó su laptop y empezó a escribir un correo para comunicarles al productor y director que estaba retrasado el vuelo y posiblemente llegaría… Ahí se detuvo, no sabía en qué momento Marlene se disolvería. Tampoco tenía decidido si se regresaría a su casa o esperaría unas horas más en el aeropuerto. Miró la hora y se dio cuenta que tenía seis horas varado ahí.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;En realidad no sabía si el vuelo se había cancelado; no se preocupó en escuchar ni en revisar dicha información en las pantallas. Se angustió, se levantó y caminó rápidamente hacia las pantallas: Cancelado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;Regresó a terminar de comer. Quién sabe desde qué hora fue cancelado el vuelo. Estaba molesto, pero también sabía que de no haberse quedado tanto tiempo ahí, no hubiera tenido ese encuentro fortuito.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;A su mente llegó un recuerdo. Una vez esperó mucho tiempo a que Berenice saliera de su casa. Estaba viendo el cielo claro de primavera. Había algunas nubes, pero una le llamó la atención porque no se movía, estaba casi encima de él. Lo distrajo el ruido que hizo ella al salir para avisarle que esperara un rato más. Volvió a mirar la nube y observo minuciosamente como ésta iba difuminándose. Había visto grandes nubes, oscuras, claras, semitransparentes; las de rápido desplazamiento, pero jamás presenció una quieta que desaparecía. Recordó el profundo abatimiento que le ocasionó ver que de pronto ya no había nube. Fue testigo de su extinción. Por entonces, esa sensación no la asoció con nada; ahora, sabía que esa angustia se debió a que –inconscientemente– eso le pasó al amor que sintió por Berenice. Fue como si esa chambrita de algodón aéreo se fuese destejiendo, desprendiendo del fondo azul punto por punto; no había nada que hacer salvo resignarse; fue desesperante ver que algo se iba deformando y perdiendo para siempre, y pronto sería igual que si jamás hubiese existido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;Terminó de comer. Decidió irse para la casa, ver a su mujer y cenar con ella. Sacó su celular y se dio cuenta que lo dejó apagado. Al prenderlo vio que tenía varios mensajes de texto y de voz; no quiso revisarlos y marcó.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Hola, amor. Apagué el celular porque luego se me olvida hacerlo en el avión. Sigo acá en el aeropuerto, se canceló el vuelo por el huracán.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Uy, estás retrasado de noticias, mi vida. Hace media hora anunciaron en la tele que Marlene había derivado en depresión tropical, ya casi desaparece, un caso muy raro porque sus evoluciones se dieron muy rápidamente, de tormenta tropical a huracán y a depresión en el lapso de unas horas, según dijeron. Pero el vuelo seguramente lo reprogramarán para mañana.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;–Sí, seguro, lo estoy viendo en las pantallas; nos vemos en casa. Te quiero.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-4266878044690415070?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/4266878044690415070/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=4266878044690415070&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4266878044690415070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4266878044690415070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2011/07/cautiverios.html' title='Cautiverios'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-4322030005370157585</id><published>2011-06-26T18:48:00.000-07:00</published><updated>2011-06-26T19:08:36.645-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>Noel Salamanca y Margarita Pruit</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–¿Y quién ha dicho que los fantasmas podemos ver? La vista, como cualquier sentido, es una función estrictamente orgánica –Dijo Margarita Pruit con cierto aire de complicidad y una ancha sonrisa, mientras caminaba lentamente hacia él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Entonces eres un fantasma –Respondió Noel Salamanca, sin afirmar ni preguntar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–No, sólo estoy asumiendo lo que te empeñas en creer. Yo puedo verte, tocarte, olerte, escucharte...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–¿Y probarme? –Preguntó con suspicacia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Pruit le respondió, mientras se sentaba a la mesa junto a él –Ya te dije que no me gustas, entiéndelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–También llegué a pensar que eras una alucinación, una proyección de mi mente. ¿Cómo es que siempre estás en todas partes? –La miró sin pestañear– ¿Por qué sembraste las evidencias para culpar al amigo del cliente?, ¿Por qué chingaos me ayudas? –Ella lo miró con soberbia, como quien sabe una respuesta y no pretende decirla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–No te iban a salir las cosas; si no lo hacía, ahora mismo te estarían arrestando, te hubieran refundido en prisión tarde o temprano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Salamanca se levantó y caminó unos segundos. Se sentó en un sillón y luego se recostó. Cerró sus ojos instintivamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Durante la resolución del caso –Dijo a manera de confesión–, estuve soñando o teniendo una ensoñación continua, pero paralela a la realidad. Sucedió en un castillo antiguo, hace muchos siglos…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Según la memoria de Salamanca, todo ocurría en el Castillo de Blanca, en Murcia, España. Él no era parte del sueño, sino un espectador sin cuerpo, un fantasma. Cuando se supo adentro, a su lado pasaba con premura un hombre alto, blanco y corpulento de cabello crespo y cano; se trataba del Marqués de Villena y se lo notaba desesperado. Éste se reunió con dos guardias; con tropel los instruía sobre la urgencia de encontrar a su amada Isabel. Al parecer, e implícitamente en la trama, al castillo se había filtrado un hombre con la intención de matarla durante la fiesta de máscaras en la que él era el anfitrión. Su enamorada no aparecía desde hacía rato y por más que la buscaba no lograba dar con su paradero. La multitud de máscaras complicaban no sólo su localización, sino también la captura del malhechor. Noel se entretuvo con el enorme salón de baile, iluminado por cientos, acaso miles de velas y candeleros. Algunas mujeres bailaban ataviadas con sus largos y pomposos vestidos de finas telas; los hombres, con elegantes trajes que lo dejaban ver que la época era el Medievo, quizás el siglo XIV o XV.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Súbitamente, el abogado del cliente abrió la puerta y caminó rápidamente hasta la mesa. Salamanca se incorporó y lo alcanzó; ambos se sentaron a la mesa junto a Pruit.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Aquí están sus honorarios. El señor les agradece la eficiencia para resolver el caso. Ustedes entenderán que en estos momentos, embargado por la pena, le resulta imposible atenderlos personalmente y agradecerles sus servicios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–No se preocupe, entendemos perfectamente –Replicó Salamanca, a la vez que se guardaba el cheque en la cartera. Dele nuestras condolencias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Se dirigieron a la salida y antes de abandonar la casa, el abogado los alcanzó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–No está de más recordarles que el señor agradecerá su discreción respecto a los desafortunados eventos de esta noche –Y después de una trémula sonrisa, cerró la enorme puerta de madera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Abordaron el auto y rápidamente salieron de la propiedad. Ambos sabían perfectamente que en esos momentos el cliente estaba por matar al asesino de su hija, en alguno de los cuartos del enorme sótano de su residencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;No era la primera vez que partían juntos después de haber resuelto el misterio de un asesinato, quizá por eso ya no sentían la necesidad de platicar. Hablar es una forma de revivir, de estimular las alternativas que no fueron o no se quisieron contemplar; la comunicación es una suerte de revelador fotográfico, que no tarda en exhibir los valores que respaldaron las decisiones tomadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Sígueme contando de tu alucín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Él retomó la historia de inmediato para olvidarse momentáneamente de la atrocidad que fraguó y recién dejó atrás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Salamanca se mezclaba con los bailarines, por momentos creía estar en otro castillo, otro lugar porque la danza era muy rápida. Cuando volteó para buscar al Marqués, ya no estaba. Con la marea de gente que bailaba recorría una y otra vez todo el salón. Intentaba inútilmente zafarse, salir de ahí pero no podía; cada vez que creía estar fuera, aparecían más y más bailarines a su alrededor. Una vez librado, se percató que estaba en una habitación solitaria, vacía, sin ruido. Al fondo, la entrada a otra habitación que se parecía a la que transitaba, aunque de apariencia lúgubre. Miró los grandes cuadros que adornaban las paredes. A la derecha estaba la pintura de un tigre de bengala saltando; destacaban sus negras garras y sus tremendas fauces. Al frente, en la parte superior, sobre la entrada a la habitación contigua, la pintura de un chacal negro y malherido yacía sobre un peñasco en una bella planicie. Sobre la pared de la izquierda, el cuadro de una serpiente escapando hacia el horizonte en un desierto. Salamanca recorría ese enorme salón; miraba una y otra vez las tres pinturas. Al llegar a la entrada de la otra habitación, se dio vuelta y miró una cuarta pintura que al principio no advirtió por estar sobre la entrada de la sala que se disponía abandonar. Se trataba de una hermosa lechuza blanca, apostada en la rama de un árbol; era de noche y de las cuatro, era la más enigmática: la única que tenía signos que sustituían a otros elementos, por ejemplo, en lugar de la luna estaban seis estrellas que iluminaban la escena; en vez de un árbol con hojas verdes, éstas estaban sustituidas por las letras de algún alfabeto. A lo lejos se veía una hilera de hombres marchando de derecha a izquierda; el primero de la fila no tenía cabeza. Salamanca recordaba con especial interés la penetrante mirada de la lechuza; sus ojos más que ver parecían escrutar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Margarita se quedó pensando, en su mente buscó darle una interpretación racional al sueño. Segundos después sonrió con satisfacción; mientras volteó hacia él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–No me has dicho por qué elegiste al amigo del cliente como culpable y no al ex esposo de su hija. Hubiera sido más lógico por cómo terminaron su relación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Fue sencillo. El cliente es de esos tipos que saben lo que quieren. Buscaba un culpable, me contrató y se lo di. Si bien su ex yerno fue un candidato interesante dado que se casó con la hija del cliente sólo por interés económico y de estatus social, y al que le hubiera podido sembrar las evidencias sin mayor problema, al final no resultó tan atractivo. Tuve que considerar que el cliente siempre lo vio y lo ve, como su aprendiz en el manejo de sus negocios, incluso después de la separación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Sigo pensando que hubiese sido mejor culparlo a él que al amigo –Reviró Margarita como si no hubiera escuchado o entendido la explicación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–No, el amigo era más atractivo como culpable porque se conocían desde la infancia –Replicó Salamanca como quien tiene un as bajo la manga–. Su sociedad empresarial inició y fructificó bajo el signo de la hermandad; eran casi hermanos. Hasta en los estatutos del consorcio estaba estipulado que si alguno de ellos, al morir, no contaba con descendientes o esposa, las acciones y todo tipo de bienes muebles e inmuebles pasarían a formar parte del patrimonio del socio –Concluyó triunfal sus alegatos: Además, tuve que aprovechar la inexplicable y violenta ruptura entre la hija y el amigo, días atrás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–¿Y tú cómo sabes eso?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Me gusta mi trabajo, Margarita, y me gusta hacerlo bien –Volteó a verla y le guiñó el ojo–. La fortuna me sonrió, nuevamente, cuando descubrí que mantuvieron una relación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Vamos, eso ni lo sospechabas hasta que te conseguí los videos de las cámaras de seguridad; sólo mantuvieron una bonita relación a espaldas del cliente. Esa condición de relación secreta fue lo que te permitió armar el caso tal y como te convino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Por cierto, ¿cómo los conseguiste?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Me gusta mi trabajo, Noel, y me gusta hacerlo bien –Le devolvió el guiñó, pero continuó hablando con molestia– Cualquiera diría que eres un asesino a sueldo. Que culpes a gente que hasta ahora no hayan sido del todo una palomitas blancas, te lo paso; matar gente es otra cosa, cabrón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Yo nada más armo y resuelvo los casos que me encargan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Te los encargan porque tú los fabricas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–¡Y porque tú me acercas a los clientes! No te des golpes de pecho que no te quedan, Margarita.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Ni madres… ¡Tú culpas y decides la suerte de gente inocente!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Es cuestión de semántica,… nada más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Pruit lo miró con la admiración que quiere ser ironía y sólo llega a permisividad burlona –Termina de contarme tu alucín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Salamanca siguió manejando y con otro tono de voz continuó reseñando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Antes de adentrarse en el lúgubre salón inmediato al de las grandes pinturas, algo llamó su atención y, como todo sueño, regido por leyes inextricables, abruptamente ya estaba observando por detrás al Marqués de Villena; estaba en la terraza sur del castillo, en el balcón, sobre la pronunciada pendiente de esa ladera. Mientras se acercaba, iba descubriendo con terror que sostenía con sus brazos a su amada Isabel. No había barandal, por lo cual la escena se tornaba aún más dramática. Por alguna razón, Salamanca no podía acercarse más, ni ver la cara del Marqués, solamente su crespo cabello cano y abundante. En el sueño alguien o algo le decía a Noel que el Marqués estaba llorando y sufriendo profundamente, porque no iba a detener por mucho tiempo más a su esposa. La sorpresa es que a la vez que Isabel fue soltada y caía, Noel también fue cayendo en la cuenta de que fueron sus manos quienes la dejaron caer: ¡él era el Marqués de Villena! Vio con espanto y terror, al borde de la terraza, cómo la figura de su amada desaparecía tragada por la bruma de un frío crepúsculo. Se agarró la cabeza y al tocar su cabello confirmó con algo de nauseas que él era el Marqués, quien decía perseguir al asesino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Hay una parte de las historia del cliente que dudo que conozcas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;Noel soltó una fuerte carcajada; al terminar, la tenue sonrisa que le sobrevivió, también se extinguió ante la seriedad de Margarita.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–El cliente manipuló la vida de su amigo, desde antes que firmaran los estatutos. Le presentó a la que con el tiempo se convirtió en su esposa, él ya sabía que ella era estéril. Desde un principio tramó quedarse con todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–¡Pero qué hijo de la chingada!… –Sorprendido volteó de reojo a ver a Pruit.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–No termina ahí. El cliente, convencido de que su amigo no tendría descendencia, dado que amaba mucho a su esposa como para separarse por ese motivo, se tranquilizó por un tiempo. El asunto lo reventó la esposa del amigo a quien le entró la idea de adoptar. El cliente la mató. ¿Sabes cómo murió? –Margarita miró fijamente a Noel, que entretenido miraba pasar a unos peatones, bajo la luz roja– Fue encontrada al borde de una ladera; las autoridades cerraron el caso y declararon muerte accidental.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–¡Pero qué hijo de puta!… –Aceleró con el afán de disimular la incomodidad que le causó saber que Margarita conocía más detalles del caso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Todavía no termino. Cuando nació la hija del cliente, a éste le pareció normal el profundo cariño que su amigo le tomó a su hija, dado que recién había perdido su futuro familiar, al morir su esposa. Lo que el cliente nunca supo, y quién sabe si su amigo se lo confesó al borde de su muerte, si es que ya ocurrió, es que éste era el padre biológico de la hija del cliente. ¿Recuerdas la ruptura entre la hija y el amigo del cliente, a qué crees que se debió? –Salamanca levantó las cejas sin dejar de mirar la avenida– Pues el amigo del cliente le reveló que era su verdadero padre; pero ella no pudo aceptarlo inmediatamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–¡No te puedo creer!, ¿pero cómo es que sabes todos estos detalles?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;–Ya te dije, me gusta mi trabajo, y me gusta hacerlo bien. De cualquier forma, te volvió a salir bien el show. Déjame en el semáforo de Parroquia, quiero a pasar a la tienda a comprarme un vestido; tengo una fiesta hoy por la noche&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial, sans-serif;"&gt;No cuestionó la petición. Se despidió de ella no sin mirar sus hermosos ojos verdes. Luego, la vio alejarse tranquilamente con su larga y pelirroja cabellera rizada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-4322030005370157585?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/4322030005370157585/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=4322030005370157585&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4322030005370157585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4322030005370157585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2011/06/noel-salamanca-y-margarita-pruit.html' title='Noel Salamanca y Margarita Pruit'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-1250363976627299358</id><published>2011-05-22T15:09:00.000-07:00</published><updated>2011-05-22T15:22:22.521-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>La Vasija de Talavera</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;–¡Eres guevón, desidioso, distraído y malagradecido!; vienes a lloriquear al taller para que corrija lo que tú eres capaz de hacer… Ni madres, Daniel, no voy a caer en tu juego, ya no estás en la primaria. Acá yo soy un asesor, no te voy a decir qué hacer porque ya lo sabes. A ti te corresponde mejorar tus escritos –Olvera Prado no apartó su mirada de los ojos de su alumno. No gritó, pero lo dijo con la suficiente firmeza para aparentar molestia. Daniel salió a toda prisa, no sin antes azotar la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de una semana, Daniel creía trabajar sobre una idea para un texto, pero durante esos días no logró plasmarla sobre el papel. Se empezó a sentir frustrado y no supo qué hacer con esa sensación, como si ésta fuera un dique y no un resorte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su parte, Olvera Prado no había dejado de sentir que lo último dicho a Daniel, era más una autocrítica que un ejercicio de la instrucción. Se acercaba el décimo aniversario luctuoso de su padre y aún tenía las cenizas en la vasija de Talavera. No sabía qué hacer con ellas porque uno nunca sabe qué hacer con lo que no conoce, y él no lo conoció bien, o esa impresión tuvo desde que falleció. Creía que tener visible la vasija lo ayudaría a entender todas esas cosas que ya no podría recuperar de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel tocó el timbre; Olvera Prado tomó el interfono y le abrió la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué pasó, Daniel, ya terminaste ese cuento?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, no sé si será un cuento o qué. Las etiquetas las ponen los lectores y los críticos. Usted mismo me ha dicho que escribir es como cocinar con olla de presión, sólo en los últimos minutos las cosas adquieren su otra naturaleza, al cabo de la transformación; este proceso es abrupto nunca paulatino. Caro, casi invisible a los ojos, pero dócil al alma y al olfato…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A esto me refería la semana pasada cuando te dije que eras desidioso y distraído. Yo nunca he hecho el símil entre escribir y cocinar; ¡me caga la cocina!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno, profesor, fue una forma de apoyar lo que iba a decir, a veces pongo mis palabras en boca de otros…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡No Daniel, no! Ese es tu problema; uno de ellos –Olvera Prado lo interrumpió–. Hay cosas que dices que serían realmente valiosas para tus textos, pero no te das cuenta cuando las expresas; es como si no te escucharas y te obligarás a no distinguirte –Olvera Prado se incorporó sobre el sofá y mostraba cierto desespero, también intuía que sus palabras tardarían días o meses en fermentarse en la mente de Daniel–. El riesgo que corres es que el anonimato de tu voz y tus palabras se te haga costumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Acaso no crees lo que dices? No sé si creas en lo que escribes, pero me da la impresión que no le das crédito a tus propias palabras. Aparentas buscar mi aprobación o la de alguien más. La aprobación déjala en casa para tus padres o en tu escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y lo de guevón y malagradecido, por qué me lo dijo? –Preguntó Daniel burlonamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Eso fue por puro coraje…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel lo miraba, como tantas veces cuando aprendía algo nuevo, pero era lo suficientemente soberbio para no aceptar públicamente una enseñanza valiosa y se limitó a convalidar lo dicho por su maestro, como si supiera perfectamente de lo que éste le hablaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Venga, qué es lo que me traes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–La idea ya la conoce. El protagonista es un detective privado, Noel Salamanca, 45 años; es un economista fracasado y orillado, por el alto desempleo, a tomar un curso en la Policía Judicial del Distrito Federal. Posteriormente es expulsado por corrupto y termina como investigador privado…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero la literatura ya tiene agentes, desde Sherlock Holmes hasta Belascoarán Shayne, por mencionar sólo dos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Si nos ponemos en ese plan, ¿para qué seguir escribiendo, si los temas siguen siendo los mismos? A diferencia de ellos –Continuó Daniel entusiasmado–, Salamanca fragua sus propios casos: mata, roba, secuestra, extorsiona. También sabe aportar los chivos expiatorios: mujeres, hombres, ancianos y hasta niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No sé por qué me viene a la mente Boogie “el Aceitoso”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, pero además, Salamanca tiene una ayudanta secreta. Margarita Pruit, mujer hermosa, 23 años; pelirroja, alta, ojiverde, pecosa. Ella es un fantasma, un demonio…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Un buen cuento o relato no necesitan mayor explicación o justificación alguna –El profesor lo volvió a interrumpir–. Muchas veces ocurre que en el camino a la hoja de papel se da una autodepuración. Hay personajes cuya naturaleza es lo etéreo, el mundo de las ideas; son demasiado livianos para anclarlos con éxito a la marea blanca. Hay tramas que no son para escribirse –Puntualizó con presunción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Entonces –Siguió hablando–, como escritor debes estar consciente hasta dónde quieres o puedes llegar. Hasta dónde estás dispuesto a desdoblar tus argumentos y actores, pero sin caer en la explicación de tus decisiones, de tus personajes; debes borrar casi por completo tu presencia y pensamiento en lo que vayas escribiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Tienes qué, 17 años, Daniel? Si logras entrar a la carrera habiendo encontrado tus palabras, tu voz y tus ideas, será fantástico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olvera Prado estuvo mirando continuamente, durante la sesión, la vasija de Talavera. Confirmó que el lugar donde estaba parecía un pequeño santuario; acaso un amuleto hogareño de la buena suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel captó con falsa modestia las palabras de su maestro, casi sin darles un lugar en su mente debido a su terquedad, y durante la sesión se empeñó en tratar de convencer a ambos que su idea era viable. Pero conforme hablaba de sus personajes, le dejaban de interesar. Durante la siguiente hora trató de eludir esa sensación, abundando en las personalidades de Noel y Margarita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Nos vemos la siguiente semana, Daniel –Dijo mientras marcaba al celular de su mujer. Al mismo tiempo miraba y con la diestra acariciaba la vasija. No había melancolía en su mirada; los movimientos de sus manos no eran lentos sino rápidos, juguetones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel caminó por la calle; apenas hubo salido del edificio empezó a trabajar en otra historia. Cruzó la avenida, grabó en un reproductor algunas ocurrencias. Se olvidó por completo de Salamanca y Pruit.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la semana siguiente, otra vez en el estudio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A ver cabroncito, ¿¡me estás diciendo que no avanzaste ni un puto párrafo y que tienes otra historia en mente!?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No se encabrone, profesor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Yo me puedo pasar la vida escuchándote, pero tienes que aprender a realizar y finalizar tus proyectos. Parece que estás jugando y sí, la literatura también es algo lúdico, pero la conclusión forma parte de ello. A menos que pretendas hacer un listado de títulos de cuentos o novelas y lo presentes como un texto o que busques hacer un libro que se llame “Buenas historias para mejores autores”, lo cual, al paso que llevas no es tan disparatado…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Daniel lo interrumpió con ansiedad– Profesor, he estado pensando en escribir un relato sobre estas sesiones, pero el tema de nuestra charla no se centraría en literatura, sino en una discusión que tuve con mi padre hace tres días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué pasó?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ya sabe que es ex militar, funcionario en la Secretaría de Seguridad. Yo fui a la marcha que convocó Sicilia y por la noche discutimos al respecto. No es la primera vez. Lo que me comentó me dejó pensando, porque ahora no se dedicó a descalificar mi apoyo al movimiento, sino a cuestionarlo. Y me surgió la duda o inquietud de si uno debe expresar su ideología o filiación política en lo que uno escribe; ¿cómo hacerlo sin caer en la inducción o la manipulación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Daniel, en primer lugar, sí. Tu escritura es uno de los rastros que vas dejando en la vida y, por supuesto, debes escribir sobre las cosas en las que crees y defiendes. Lo que no me gusta es el proselitismo vulgar o la utilización sesgada de la información.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pues Papá se encabronó por la acusación generalizada de que Calderón es culpable de las 40 mil muertes –Daniel se levantó y manoteó con desdén–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y tú qué piensas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pues pienso que sí es culpable y cuando se lo dije, reventó. Para demostrar que tenía razón, ejemplificó con un matrimonio de cinco años, ambos con inconformidades, reclamos, pero no dicen nada y deciden continuar, esperando que las cosas mejoren por sí solas. Al cabo de otros cinco años, ya tienen hijos y de las inconformidades y reclamos han pasado a los gritos y golpes. Luego de otros cinco años, uno de los dos decide divorciarse porque ya es imposible, literalmente, seguir viviendo así; ¡basta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Terminó preguntándome: ¿De quién es la culpa Daniel, de quien dio por terminada la relación y planteó el divorcio o de ambos? No quise responderle porque entendí que mi respuesta reforzaría su razonamiento y su posición respecto a la no culpabilidad de Calderón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Te entiendo. Sabes perfectamente que no soy muy afecto a las marchas y esas cosas, pero el ejemplo de tu padre ilustra muy bien el asunto, aunque es parcial… Bobbio nos hubiera dicho que el de tu padre fue “un comentario certero, pero no definitivo”. Este es un problema que trasciende las fronteras del país y los tiempos de Calderón. Es claro que en algún momento la inseguridad iba a estallar; detrás de esto hay décadas de descuido institucional, de corrupción, de pobreza y desigualdad; décadas de construcción de mercados de las drogas y un país vecino que nos compra estupefacientes y nos vende armas. Calderón, como nuevo presidente debilitado por el contexto de su ascensión al poder, tomó una decisión apresurada y es culpable, figurativo, de 40 mil muertes. Así, recuperando el ejemplo de tu padre, el que decide poner fin a la relación marital es culpable de la destrucción familiar, de la venta de la casa y el distanciamiento entre familias y lo que tú gustes y mandes, pero no el único.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel miró a otra parte, no estaba de acuerdo con la opinión de Olvera Prado, y le llamó la atención que una cortinilla cubría la vasija de Talavera. Esto lo sorprendió, sabía lo que contenía ese recipiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Lo que me emputa de este hipotético maridaje, Daniel, es que se nos olvida el otro, el que no decidió separarse; esa maldita falta de autocrítica. Somos una sociedad bastante apática y de pronto, cuando se nos cae la noche encima buscamos con vehemencia y coherencia un culpable; tenemos una afición a la culpabilidad ajena para eximirnos. En estos tiempos en donde exigimos participación social en la democracia, la verdad es que hemos sido bastante marginales y reaccionarios. Veme a mí, que tengo una cultura casi nula en la participación ciudadana. Cada tres años voto, más o menos enterado de la oferta política. Pareciera que sólo salimos a las calles cada que hay una desgracia, es decir, cuando ya es tarde. Tampoco digo que la resistencia civil sea la panacea, pero ayuda bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, profesor, pero eso mismo que dice, véalo desde otra perspectiva. Mi padre arguye que si no le matan el hijo a Sicilia no habría pasado todo esto, y es verdad, pero también lo es el hecho de que un hombre herido en lo más hondo de su alma es capaz de construir, de hacer converger a la gente y sacarla a las calles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué hicieron otros cuando los hirieron en lo suyo: Obrador, Azcárraga o el Chapo? Buscaron venganza, expandir los costos, pasar sobre los demás y no salir tan maltrechos. Este poeta, Sicilia, viene con una intención poética que renueva los ánimos y esperanzas de muchos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvieron un rato más discutiendo; el tema desbordó a la literatura, el ritmo de las sesiones y de sus vidas; no pudieron evitarlo, la inseguridad en el país se sobrepuso inamovible entre ellos. Al final, Daniel alcanzó a decir antes de cerrar la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Pero Calderón sí es culpable, simplemente por ser el presidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olvera Prado miró por mucho tiempo la cortinilla que cubría la vasija de Talavera. No se acordaba de por qué la había cubierto. Los siguientes días no salió de su apartamento, salvo para comprar una veladora. Sólo lo distrajo el aroma nocturno de su mujer y la reunión semanal con sus amigos para el dominó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, un día antes de su sesión con Daniel, dejó de engañarse. Había tapado la vasija porque no se sentía tranquilo con su padre, justo en la semana había sido su aniversario luctuoso y sólo la tapó. Durante dos o tres días pretendió que estaba en paz con él, pero no fue así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recordaba con claridad la relación con él, pero con frecuencia imaginaba que le hubiera gustado que padre hubiera sido como él con sus alumnos del taller de literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvo inquieto toda la semana, la charla sobre el tema de la inseguridad le daba vueltas en su cabeza. Todos los argumentos parecían insuficientes, el tema a esa altura, tenía más tramas que explicaciones y no había tiempo ni pista de por dónde empezar. Los puntos de vista tan encontrados le parecían el síntoma de que apenas se empezaba a discutir algo que se venía pudriendo en el país desde hacía mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, Daniel entró por la puerta y Olvera Prado casi le recitó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Daniel, el movimiento social o la participación ciudadana, es un actor de contrapeso que falta en México de forma sistemática, y no importa el motivo sino su existencia. Pero nunca es tarde si la lucha es buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Para mí –Continuó con premura–, solamente con sentido intelectual y poético se puede lidiar con estas complejidades, con estas contradicciones. Lo que hace 50 años los intelectuales advertían como “contradicción” hoy es la “fricción” que apunta a la “colisión”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–En aquellos años había espacio para distinguir y descalificar a los hipócritas; hoy en día es difícil no caer en esa etiqueta. Casi todos nuestros actos y hábitos están ligados directa o indirectamente al sistema que tanto criticamos. La tecnología y las comunicaciones han cambiado el rostro de las relaciones humanas, necesitamos, por medio de la ética, no sé si reformar, pero sí volver a pensar nuestros sistemas de actos morales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–La política –Dijo Olvera Prado con elocuencia, mientras caminaba por el estudio– no sólo debe ser vista como proceso y dejar los actos a un lado. Las cortes internacionales no hubieran ido sobre Pinochet, algunos nazis y otros militares sudamericanos de esa manera. Calderón no es culpable de las más 40 mil muertes, en eso estoy de acuerdo con tu padre. ¡El presidente es culpable de implementar una política de seguridad basada en un pésimo diagnóstico de la misma, de no haber calibrado con precisión las dimensiones de los cárteles en contextos de pobreza, desigualdad y de vecindad con Estados Unidos; de encarar e implementar su política de seguridad con una famélica estructura institucional en los estados y municipios, particularmente los del norte –Daniel miraba a su profesor quien parecía que pensaba en voz alta–! ¡Es culpable de continuar con esa política a pesar de los resultados tan pobres que casi rayan en el genocidio y la estupidez! ¡Es culpable por no darse cuenta de que se requiere una política de seguridad regionalizada! ¡De qué les sirve a los altos funcionarios adquirir sus posgrados en las universidades más prestigiosas en aras de la aplicación de las mejores técnicas, si al final utilizan los viejos oficios de la política inercial e incremental!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Daniel –De pronto miró a su alumno con atención y emoción, como si hubiera regresado de un largo viaje–, no discutas como burócrata incondicional, periodista amarillista, resentido social al que la Revolución no le ha hecho justicia o como escritor mal informado; así sólo llegarás a conclusiones inconsistentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Quieres ser un escritor, un abogado como dice tu padre, o ir más lejos: ser un intelectual? Afortunadamente tienes los medios y el tiempo para llegar tan lejos como te lo propongas. Pero tienes que discutir desde el estado-del-arte de los temas, generar pensamientos genuinos y trascendentales; ser consciente de las contradicciones y fricciones que suceden al vivir como lo hacemos en esta sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto, Olvera Prado se dio cuenta que lo dicho parecía estar fuera de lugar, suceder a destiempo, como si fueran palabras que pertenecieran a la semana pasada, cuando Daniel propuso el tema, pero ahora, su alumno venía al taller con otro talante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel miró que la vasija de Talavera estaba al descubierto, sin rastros de la cortinilla. Sonrió y le explicó a Olvera Prado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Profesor, me limitaré a hacer la presentación de Noel Salamanca, por medio de un caso. Explicaré su locura, su manía desde el inicio. Será ésta la que vaya marcando el ritmo de sus crímenes. En la primera escena el Marqués de Villena busca desesperadamente a Lucía, una mujer que amó o ama todavía. Está en un baile de máscaras, en la baja edad media. La quiere encontrar porque sabe que corre grave peligro; alguien la quiere matar, y él desea protegerla. Finalmente la encuentra: la está sosteniendo de los brazos al borde del balcón de una amplia terraza, casi a punto de soltarla; de hecho, sabe temerariamente que va a dejarla caer al precipicio que supone la aguda inclinación de la ladera sur del cerro sobre el que está construido el Castillo de Blanca en Murcia, España. Consciente de esta circunstancia ve con resignación cómo Lucía se precipita y se dirige rápidamente hacia su muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más terrible es que mientras la figura de Lucía es engullida por la bruma, el Marqués, al fin se da cuenta que él es el mismo asesino al que perseguía; al borde del balcón logra verse como responsable, cuando ya era tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Me gusta Daniel, me gusta el giro que le has dado a la historia, pero habrá que ver como lo empalmas con la vida real de Salamanca. Ahora dime, ¿qué pasó con esos ímpetus políticos que traías la semana pasada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Los personajes en las alucinaciones de Salamanca son el artificio de ello, las representaciones literarias de lo que está pasando en la vida política y social del país; ¿acaso no se entiende? –Daniel continuó contándole los pormenores, con un ligero desconcierto–.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-1250363976627299358?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/1250363976627299358/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=1250363976627299358&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/1250363976627299358'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/1250363976627299358'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2011/05/eres-guevon-desidioso-distraido-y.html' title='La Vasija de Talavera'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-2430024449096394427</id><published>2011-04-02T23:46:00.000-07:00</published><updated>2011-04-04T15:45:01.429-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Apocrifarios'/><title type='text'>El Rey Arturo de Hartmann y el Imperio del Tránsito</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Para el número 433 de la &lt;em&gt;Gaceta del Fondo de Cultura Económica&lt;/em&gt; de enero de 2007, tuve un fuerte dilema en cuanto a mis preferencias literarias: favorecer un ensayo de René Guénon acerca del Demiurgo o un reportaje sobre un libro incunable que recién se había descubierto. En particular, me atraía más el reportaje porque se trataba de un libro que presentaba una versión muy diferente del Rey Arturo, respecto a las conocidas hasta ahora. En cuanto al ensayo sobre el Demiurgo, era un texto seductor por dos razones: en primer lugar se trataba de un inédito en castellano y estaba escrito con una claridad que, desde la perspectiva editorial, representaba un atractivo y ventaja extras, dado que los textos sobre este tema suelen estar redactados o traducidos de manera poco clara.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el Consejo Editorial optamos por publicar el ensayo. Conversé con algunos colegas y todos coincidieron en la espléndida traducción lograda por Antonio Guri y P. Vela. Alguno de ellos agregó que la pertinencia del ensayo en comparación con el reportaje, era mayor y que también guardaba mayor coherencia con los trabajos de los otros colaboradores.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En fin, me quedé con la espinita de no publicar el reportaje.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El incunable inédito es de principios del siglo XIII y narra una versión exageradamente distinta de la vida del Rey Arturo. El asunto es de sumo interés, pero también muy discutido por algunos filólogos de la cultura celta y especialistas del ciclo artúrico, como Victoria Cirlot y Jean Markale, respectivamente. El libro introduce nuevos elementos y escenarios, pero conserva los mismos actores –&lt;em&gt;aunque algunos de ellos con diferentes roles&lt;/em&gt;– respecto a las versiones conocidas de Geoffrey de Monmouth, Chrétien de Troyes y sir Thomas Mallory, que son los divulgadores más conocidos y reconocidos de la saga artúrica.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El autor de esta versión es Hartmann von Aue, de quien se conocen varios libros de aventuras, entre las que se encuentran las épicas &lt;em&gt;Erec&lt;/em&gt; e &lt;em&gt;Iwein&lt;/em&gt;, referentes al ciclo artúrico; sin embargo, lo más importante de este hallazgo es la forma en que fueron escritos: más de tres mil versos pareados en octetos dodecasílabos. Éstos no vieron la luz hasta que un coleccionista de textos antiguos, Wilhem R. Kyburg, donó su biblioteca a la Universität Augsburg en 2000. El documento inmediatamente pasó a formar parte de los más de mil doscientos libros incunables que integraban la colección histórica de la biblioteca central de dicha universidad.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Como todo documento controvertido, en este libro muchas cosas son difíciles de aceptar, pero se cree que fue un pedido especial de la Casa Zähringer, que fue mecenas de Hartmann. Esto explicaría el porqué todos los folios están sellados con el águila negra, blasón de esta importante familia entre los siglos XII y XIII. Esta casa se asentó en la parte norte de lo que hoy es Suiza y hace frontera con el sur de Alemania, región, según se sabe, habitada por la familia Kyburg, en las inmediaciones de la Universität Augsburg.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Según el autor del reportaje, Rudolph G. Müller, los versos y su organización en octetos dodecasílabos son raros para la época y lo dotan de una belleza literaria inigualable –&lt;em&gt;realmente&lt;/em&gt; &lt;em&gt;son bellos&lt;/em&gt;–; no hay traducción al castellano.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los versos cuentan una parte de la vida de Uther Pendragon, cuando viajó a Tierra Santa y luego hacia el oriente; permaneció fuera de su hogar entre 13 y 14 años. A su regreso, sedujo a Igraine y fue concebido Arturo. Pendragon regresó acompañado por un mago oriental. Hartmann no mencionó su nombre. Fue conocido en Bretaña con el nombre de Merlín.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Arturo tuvo una infancia relativamente tranquila hasta los siete años, edad en la que Merlín lo tomó como aprendiz con la anuencia y orgullo del mismísimo Uther. Maestro y aprendiz se retiraron al bosque, nadie supo lo que el mago oriental le enseñó al joven y futuro rey.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando cumplió 13 años, ambos regresaron; Uther estaba muriendo. Ahí estaban, alrededor de su lecho, su esposa Igraine y Morgana; esta última, producto del primer matrimonio de Igraine. Por alguna razón que el autor no explicita, ella parece envidiar u odiar a Arturo. Era nueve años mayor que él y dotada de una exquisita y dorada hermosura.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Muerto Uther, el trono le correspondía por derecho a Arturo, pero aún era muy joven e inexperto. Habría que enseñarlo, educarlo para ser rey. Los estudios con Merlín se suspendieron. Se convocó a varios caballeros de la guardia personal de Pendragon para adiestrarlo. Esto hizo rabiar a Merlín.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Rey Arturo, perteneciente a una estirpe real, no tardó en mostrar sus habilidades con la espada y la lanza; recién cumplidos los 14, tenía ya el físico de un adulto. Aún con todo el placer que le causaba ser admirado y enseñado por los mejores caballeros del reino, él seguía extrañando los estudios con Merlín.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por su parte, parecía que la hostilidad de Morgana hacia Arturo iba desapareciendo con la cercanía y con los años. A sus 23 y a pesar de su gran belleza dorada, ningún príncipe le había propuesto matrimonio, situación que la inquietaba. Sin embargo, tenía un secreto bien guardado: estaba enamorada de Arturo, mas no podía amarlo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un día hubo una fiesta que duró tres días y tres noches; se bebió mucho vino; se mataron cientos de puercos y borregos; mujeres, muchas mujeres, las más bellas de los alrededores. Es verdad que fueron años en donde hubo pobreza, vejaciones, injusticias, pero eran las excepciones; sobre todo hubo gente con esperanza. Uther se caracterizó por haber sido un rey indulgente, astuto y generoso; el pueblo esperaba aún más de su nuevo monarca. Esa fiesta empezó a signar el final de una época. Fue ahí que Arturo miró por primera vez a Morgana como mujer y ya no como su media hermana; fue prudente y no hizo nada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Como fue una época de paz, Arturo se transformó en un administrador más que en un caballero. Al poco tiempo Igraine falleció y Morgana se convirtió en su consejera más influyente. Gracias a su experiencia, ambición y apelando a su enorme belleza, Morgana no tardó en enamorar al joven rey.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se amaron durante muchas noches; nadie decía nada, pero todos lo sabían. Entre tanto, Merlín había decidido desaparecer de Cámelot y se había refugiado en el bosque. Pronto una enfermedad asoló a todos los reinos; los pobladores decían que se trataba de una maldición, de un conjuro de Merlín. Siguió una hambruna como no se había visto en cientos de años. Miles de hombres, mujeres y niños murieron.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El rey, embelesado entre los brazos y las piernas de Morgana, estaba abstraído de la desgracia, hasta que Lancelot le reclamó su indolencia ante la desgracia de sus súbditos. Fue tan enérgica y terrible la increpación, que Arturo reaccionó y en una noche otoñal, fría y oscura; se vistió de su armadura, dispuesto a ir al bosque a encontrar a Merlín para que le aconsejara cómo solucionar la enfermedad y hambruna desatadas sobre su reino.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esto enfureció a Morgana como nunca antes. Arturo tomó a Excálibur de su pedestal y antes de envainarla, su amante voló hasta él desde la parte alta del castillo, se interpuso en su camino y pronunció un encantamiento. Él se quedó impávido, desconcertado; creyó recordar algunas palabras pronunciadas, pero ¿cómo es que Morgana las conocía?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ésta soltó un tremendo golpe y con su brazalete dorado partió a Excálibur por la mitad. Tronó el cielo; segundos después, el reino se iluminó por un instante; el relámpago resumió la suerte de Cámelot: la época de la luz y la paz había pasado y seguiría una etapa de oscuridad ancha y profunda.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cayó de rodillas, vencido al ver su espada partida. La mítica y poderosa Excálibur rota. Lo más inquietante es que ni siquiera había ocurrido en combate, por una causa noble y caballeresca, sino en un ambiente poco propicio para un rey. Levantó con lentitud el pedazo desprendido; metió a Excálibur en una bolsa de piel, montó su caballo y salió del castillo a toda velocidad. Morgana lo vio alejarse con una sonrisa, como si todo hubiera sido parte de un plan. Ahora se descubría ante sí misma sintiendo la misma aversión de antes hacia Arturo; extrañamente y con los años, su odio adquirió una forma sutil parecida al amor. Se sentía satisfecha con ella y la sumió a cabalidad.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Arturo cabalgó durante horas; se dio cuenta que ya debería haber amanecido, estar en el bosque cerca de Merlín. ¡Pero no!, estaba cabalgando en una bruma blanca que no le dejaba reconocer la parte del reino en donde estaba. Se detuvo y empezó a caminar con el afán de intentar explorar más de cerca el sitio en donde se encontraba.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Gritaba el nombre de Merlín una y otra vez. No se asustó, las tinieblas no lo amedrentaron y siguió internándose en esa espesura blanca bajo esa noche inexorable. El mago le habló, pero la voz provino de todas direcciones. Le dijo cosas en una lengua desconocida para el rey. Pronto, éste empezó a entender lo que el mago expresaba. Una vez que entendió por completo lo dicho por la voz ubicua, el mago del oriente apareció ante él.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desesperado, le preguntó el porqué de su tardanza en aparecer, también sobre las posibles soluciones para las calamidades de su reino. Merlín pareció no escucharlo porque empezó a hablar sobre algo que vino a buscar a occidente desde hacía años. Le reveló el motivo por el que en realidad acompañó a su hechizado padre desde tierras tan lejanas hasta su reino: romper sus ataduras del Demiurgo. Para lograrlo, recurrió a la teúrgia. Un espíritu le reveló que para lograrlo tendría que obtener el poder del primer hijo varón de un rey de occidente que pronto visitaría su morada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El mago oriental fue paciente, esperó por años, acaso décadas, hasta la llegada de Uther.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo más perturbador fue cuando le hizo saber a Arturo lo que necesitó de él: el poderoso amor manante de su ser. De nada servía su sabiduría y su experiencia si no los completaba un poder que no halló en su interior, lo cual lo frustró por décadas. ¿Cómo era posible que el Universo no lo haya dotado de la porción de amor indispensable para su liberación, para volverse a reunir pneumáticamente con la Unidad?; acabar con esa distinción ilusoria que lo atormentaba desde que se había percatado que sólo existía el Universo y lo demás eran una serie de desdoblamientos aparentes que mantenían atadas a las personas: el Demiurgo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Necesitó a Arturo y con ayuda de Morgana lo llevó hasta ese brumoso y oscuro lugar que el mago llamaba “camino a la infinitud”. El rey lo cuestionó sobre el porqué Morgana conocía sus encantamientos. Merlín le dijo que también la educó a ella, por si las cosas se complicaban con él. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En realidad la conversación entre Arturo y Merlín fue un encantamiento. Arturo estuvo perdido en algún lugar que sólo compartían ellos, cerca de la perfección unitaria a la que aspiraba el frustrado mago. Éste parecía gozar cada vez que respondía las preguntas de Arturo, y es que esa conversación fue una distracción pues en realidad sirvió para seguir consumiendo la vida y el amor de Arturo. Para él habían pasado unas cuantas horas desde que salió de su castillo; en la vida real habían transcurrido 22 años.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Morgana fue cómplice de Merlín en todo esto. Ella quiso embarazarse de Arturo, pero no pudo. Así que a los pocos días de la desaparición del rey, ella contrajo nupcias con un príncipe al que solía manipular. Quedó preñada de éste. Su hijo ahora podría ser rey. Al nacer Mordred, fue proclamado rey de Cámelot por derecho parental.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El reinado de este joven superó al de Arturo. Asumió la corana a los 13 años y desde el principio se destacó por su gallardía, sabiduría e inteligencia, virtudes con las que supo rescatar a su reino y los aledaños, sin la necesidad de buscar ayuda como hubo hecho Arturo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las aventuras de Mordred en este libro –&lt;em&gt;me refiero a la búsqueda y lo que hay en torno del Cáliz&lt;/em&gt;–, son las que corresponden a Arturo en los libros de Monmouth, de Troyes y Mallory. Los demás personajes y circunstancias permanecen igual, salvo Arturo, Merlín, Morgana y Lancelot.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;–&lt;em&gt;En esta parte, mientras me imagino la trama, pongo en el minicomponente el Parsifal de Richard Wagner&lt;/em&gt;–&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entre tanto, el Rey Arturo intentaba huir de ese lugar, no quería seguir escuchando en su mente lo que su antiguo y ahora aborrecido maestro le acababa de revelar. Montado en su corcel, cabalgó y sintió atravesar largas distancias, pero la bruma seguía. Se detuvo porque su caballo quedó agotado. Se paró frente a un hermoso lago, pero lo distrajo la aparición de Merlín. Éste le dijo que podría devolverlo a la realidad si le ayudaba a obtener lo que le faltaba. Ya no se trataba del amor, el cual se lo había arrancado paulatinamente durante esos 22 años en la bruma. No sólo su amor, sino el que habría generado en reciprocidad con su pueblo, al amparo de su justo reinado. Lo que el mago quería de Arturo era su cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo hizo mirar su reflejo en el lago y Arturo vio con tristeza que ya no era el joven que había partido de Cámelot; el mago intentó disuadirlo haciéndolo entender que no tendría caso regresar, que ya existía un rey que había reinado mejor de lo que él podría haberlo hecho; que si le permitía entrar en su cuerpo, ambos romperían las ataduras del Demiurgo y sentirían la ascensión hacia la unidad con el Universo. Pero la naturaleza de Arturo era otra, no la de un iniciado.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Retó a Merlín para que le respondiera por qué quería su cuerpo si él siempre había aspirado a la perfección por medio del ser pneumático; que era una contradicción pasar de un ser psíquico a un ser pneumático, y luego regresarse; que no había lógica en todo eso. Merlín replicó que era una forma de compensarlo por los años arrebatados.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dicha respuesta tocó el corazón de Arturo, pero sólo para enfurecerlo. Rebatió lo dicho por Merlín, le dijo que en realidad se había quedado solo en el mundo y tenía miedo de permanecer así por tiempo indeterminado. Fue enfático al indicarle que no había sabido transitar armoniosamente del ser psíquico al ser pneumático, y ese fracaso intentó subsanarlo con una errónea interpretación de la teúrgia practicada con antelación, en la que un espíritu le dijo que siguiera al rey de occidente. Merlín sabía perfectamente que Arturo tenía razón, y sentía esas palabras como dagas en su corazón.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El rey continuó cuestionándolo, le reiteró varias veces que se había quedado a mitad del camino, que por más que quisiera engañarse, no había estado cerca siquiera de ser un verdadero pneumático. Merlín tenía, en efecto, tremendo miedo de quedarse solo en esos páramos terrenos donde se encontraban ahora. Merlín desapareció. Arturo se acercó y se asomó a buscar indicios de su reflejo en el lago.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras tanto, en Cámelot, Morgana esperaba el regreso de su hijo, que según los bardos había logrado encontrar finalmente el Cáliz; de pronto, sintió un tremendo dolor en su corazón, producto de un fuerte impulso de desamparo que la orilló a refugiarse en su habitación. Buscó el espejo de su recámara que en realidad era una ventana mágica al pasado que ella y Arturo habían tenido en esa misma habitación. Miró con ternura y nostalgia los momentos en los que se amaron, más de 20 años atrás. En el fondo lo que extrañaba de esa relación, era el control político y sexual que ejerció sobre Arturo. Manipular fue el más exquisito sentimiento que pudo experimentar en toda su vida hasta ese entonces; cuando nació Mordred, cambiaron algunas cosas y el amor por su hijo la hizo cambiar, pero también olvidar la manipulación por medio de la cual logró que su hijo accediera a la corona.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mordred en sus decisiones fue tan certero como inquebrantable, por lo cual ella nunca pudo manipularlo. En él renació gran parte de lo que ella y Merlín arruinaron en Arturo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Morgana no entendía por qué lloraba tanto, por qué extrañaba tanto, por qué sentía tanto en su corazón después de más de 20 años. De repente, sintió cómo unas ataduras en su corazón se iban rompiendo una a una. El espejo se ennegreció y vio la cara furiosa de Merlín írsele encima; al apartarse tropezó con un banco y cayó al suelo. El espejo se quebró por completo y desde el suelo ella vio su reflejo, cientos de Morganas diminutas, borrosas y lejanas tiradas en el suelo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En ese mismo momento, muy lejos de ahí, Arturo buscaba su reflejo en el lago apacible e inmanente, pero no encontraba nada, ningún reflejo; tuvo un vértigo, varias sensaciones lo invadieron; primero una profunda tristeza, luego un sentimiento de culpa, de autodestrucción. Le vino una furia terrible y finalmente un cansancio. Al cabo de unos minutos, Arturo había olvidado esos desalojos humanos y nuevamente empezaba a repetir esas sensaciones y emociones.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así permaneció unos minutos, sintiendo y olvidando, era incapaz de obtener un aprendizaje de lo revelado por Merlín y de su pasado. Súbitamente, mientras la superficie del lago volvía a la calma, después de que las lágrimas del rey lo hubiesen alterado, un reflejo se fue definiendo en esa superficie oscura y líquida. ¡Oh decepción!, no era suyo sino el de Merlín que con su mirada penetrante intentaba vulnerar su individualidad, su intimidad. El rostro del mago se le acercó, pero Arturo reaccionó y sólo agarró su bolsa de piel y la lanzó hacia la terrorífica cara del mago. Se escuchó que algo estruendoso entró en el lago, la imagen de Merlín desapareció y todo tardó en regresar a la calma límbica de esa oscuridad, de esa bruma y de ese lago que parecía no reflejar al mundo concreto y sus elementos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Instantes después, Arturo se percató que había lanzado a Excálibur, que ahora sí había perdido para siempre la posibilidad de recuperar su reino. Se empezó a cuestionar para qué regresar, con qué propósito. Repitió la catarsis emocional y sensitiva, pero mientras lo hacía un punto de luz emergió a mitad del lago e iluminó todo el escenario. Arturo miró a unos metros de distancia a Merlín tocando las paredes de lo que parecía ser una caverna. Lucía desesperado, tratando de encontrar algún borde, algo en especial: una clave. Se acercó lo tomó del hombro y al verlo de frente se espantó porque Merlín no tenía ojos y parecía no reconocerlo, dado que inmediatamente se volteó y continuó con su búsqueda.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Arturo, alterado, regresó al lago y pudo empezar a distinguir su reflejo, esto lo tranquilizó. Sintió ganas de reconocer el entorno, lo que había en las paredes de piedra. Había en relieve muchos símbolos incomprensibles a primera vista, si lo que pretendía era un entendimiento por medio de la lectura o interpretación. El instinto, que es una forma primaria del intelecto, le indicó que para extraer algún aprendizaje de esos signos, tendría que tocarlos con ritmo y armonía, tratando de imitar en lo posible al Universo, sus posibilidades y acontecimientos, y así obtener una melodía apropiada a su circunstancia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras empezaba a tocar los distintos símbolos de piedra de una de las paredes, volteó a ver a Merlín de quien su silueta se iba perdiendo en una trama desconocida de la que nadie había escrito o hablado nunca. Arturo poco a poco iba reconociendo sus propios ritmos y armonías, estaba empezando a crear una música de aprendizajes y entendimientos, esa progresividad iba despertando esa luz que iluminaba cada vez con mayor intensidad esa estancia. La luz y la música guardaban coherencia y pertinencia, había una simbiosis en la que Arturo no se detuvo a reflexionar, pero no importaba porque él se empezaba a reconocer a sí mismo en la medida de esa teúrgia impersonal y deliberada en la que estaba invocándose a sí mismo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Arturo empezó a develar al Rey Arturo mistérico. No supo en qué momento, pero ya no tenía puesta su armadura, estaba completamente desnudo musicalizando su ser en ese ritual ignoto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dejó de mover los brazos y se alejó de las paredes; estaba maravillado porque sin escucharse nada, había música en su interior, una música que lo movía y que lo hacía dirigirse hacia el lago de manera involuntaria, estaba poseso de sí mismo, como nunca se había sentido; no sabía que se trataba de él mismo. Toda su vida había estado dirigida por Uther e Igraine, por Merlín o por Morgana. Pero experimentar su yoidad le pareció tan impersonal que le costó unos minutos darse cuenta de lo que en realidad le acontecía, entendimiento facilitado por la luz del lago.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ese punto de luz le empezó a contar su propia historia y al narrársela, Arturo fue entendiendo y ensamblando su propia vida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se quedó impresionado cuando miró el resurgimiento paulatino de Excálibur, que se erguía sobre la superficie del lago; había sanado sus heridas en esa agua mistérica; su recuperación fue impulsada y cuidada por la Dama del Lago, quien empuñaba a esa mágica espada. Esta Dama lanzó la espada hacia donde estaba Arturo, quien la agarró por la empuñadura y al hacerlo vio que tenía de nuevo su armadura. ¡Se conoció diferente, supo quién era al fin!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;–&lt;em&gt;En esta parte del reportaje de Müller, pongo de fondo&lt;/em&gt; La cabalgata de las Valkirias &lt;em&gt;de Wagner&lt;/em&gt;–&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Envainó a Excálibur. Su corcel había terminado de beber agua del mismo lago. Lo montó y cabalgó a toda velocidad. La bruma había desaparecido y al voltear atrás, para ver por última vez a la Dama del Lago, vio sólo bosque, vegetación, tierra, pero nada del lugar en donde había estado. Entendió que la Dama, el lago y los símbolos los llevaba consigo en su mente y su corazón.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Rey Arturo nunca fue un caballero andante ni un iniciado a cabalidad; entendió ambos lenguajes pero no tuvo oportunidad de practicar ninguno, por lo que, según Hartmann, no puede considerárselo como mediocre en ninguno de los dos ámbitos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por el contrario, el Rey Arturo se convirtió en ambas cosas y en el tránsito las superó, y se transformó en alguien diferente. Los caminos que cursan un Caballero o un Iniciado no le servirán en su regreso. Tendrá que inventar el propio, sus baches y sus destinos intermedios; las necesidades vencibles y concretas: su Demiurgo; los retos vencibles y etéreos: su Dragón.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Rey Arturo irá inventando sus formas, pero los que lo recuerden lo irán inventando a él. Ya no recuperará el amor de su pueblo pero sí el de sus lectores; habrá inspiración y por lo tanto esperanza. La que tuvieron los habitantes de Cámelot inventó al Rey Arturo porque lo necesitaban y podían, con ella, aspirar al cambio; el rey en su cabalgata de retorno, también fue inventando lo que empezó a necesitar. Pobres de los pueblos pobres que no se dejen inspirar para alimentar su esperanza.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En los últimos versos del libro de von Aue, Arturo ya va cabalgando con sus caballeros; a su lado, su mejor amigo: Lancelot. Van a toda velocidad, pero no se especifica en qué dirección. El autor da a entender que el camino lo va trazando continuamente el Rey. Va reinventando su mundo concreto que empieza con sus caballeros. Un Rey en la vigilia y un Iniciado entre sueños. Se trata del reinado y la iniciación que nos legó el Rey Arturo de Hartmann: el imperio del tránsito, el hábito de la transformación.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-Me quedo con las palabras de Ananda K. Coomaraswamy, respecto a la característica esencial de la literatura de mitos: “aportar el significado más profundo en la forma cotidiana más económica”-. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-2430024449096394427?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/2430024449096394427/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=2430024449096394427&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2430024449096394427'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2430024449096394427'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2011/04/el-rey-arturo-de-hartmann-y-el-imperio.html' title='El Rey Arturo de Hartmann y el Imperio del Tránsito'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-3002794013071598369</id><published>2011-02-13T12:39:00.000-08:00</published><updated>2011-02-20T11:18:36.019-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Los Descubrimientos de Alonso</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Andere, ¿no te ha pasado que despiertas casi diario o algunos días de la semana con la sensación de que te falta algo? Y pienso que no es una mujer puesto que no estoy casado ni he vivido en pareja. Me incorporo sobre la cama y en el librero veo mis libros; en el buró la cartera y mis amuletos; &lt;em&gt;Quisi&lt;/em&gt; raspa con sus garritas la puerta de la alcoba para avisarme que tiene hambre, y poseo mis memorias y mis planes. Aún así, en esos días siento que me falta algo o más bien que me han quitado algo que era mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Entiendo de lo que me hablas, Alonso, pero no me ocurre tan seguido. Escucha, tengo las películas que comentamos la vez pasada. ¿Por qué no nos vemos hoy para comer? Te voy a llevar a un lugar excepcional en el centro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Me parece perfecto, Andere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno, a las tres en la esquina de Donceles y Chile. Sé puntual, cabrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sale, ciao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alonso puso el celular sobre el buró y miró su habitación. Era, nuevamente, uno de esos días en donde la sensación de pérdida lo abrumaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue a la cocina para darle de comer a su mascota que, en respuesta al sonido de las croquetas, le untaba todo su pelaje a la altura de los tobillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonó el teléfono. Alonso dudó en responder; miraba el aparato como si una trampa lo aguardara. Finalmente contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Alonso, acabo de hablar con Andere; me dijo que van a comer en el centro. También voy a ir y de paso te llevo los libros que me prestaste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué onda, Pinzón? El que me interesa, porque quiero releerlo, es el de Stapledon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ok, sí, también te lo llevo. Allá nos vemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Perfecto, te veo más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andere y Pinzón eran los mejores amigos en la vida de Alonso, los conocía desde el CCH y ahora se sentía afortunado porque desde medio año atrás, había vuelto a tener una relación estrecha con ambos. Y en verdad era una gran coincidencia porque Andere tenía años radicando en Cancún y Pinzón en Madrid. No había reparado en esa sincronía fraternal y cayó en la cuenta de que también por esas fechas empezó a tener esas rachas matinales de insatisfacción y las jaquecas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se paró frente al espejo largo del cuarto de baño y sintió ese dolor de cabeza, previo a la ducha. Sonrió y abrió la regadera. Mientras se bañaba, se percató que esa momentánea jaqueca representaba el final de esa sensación de hurto con la que seguido amanecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Darse cuenta de algo, descubrirlo, son golpes que reafirman la personalidad, la identidad. Alonso dejó de cantar y cerró las llaves del agua; pensó: Ya sé por qué tengo esa sensación por las mañanas. Al rato lo platico con Andere y Pinzón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diez minutos antes de las tres de la tarde, Alonso ya estaba impaciente en el lugar acordado, y sus amigos no aparecerían pronto. Desde que terminó de bañarse, creyó saber que aquella mujer que Pinzón le presentó en su fiesta de bienvenida a México, era la causa y solución de sus estados de ánimo de las mañanas; no logró retener su nombre, pero sí su cara y sus caderas; su flacura y los largos dedos de sus manos. Esa vez, quizás, había platicado con ella poco más de un minuto porque se retiró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó que una semana después de haberla conocido, la encontró nuevamente en una reunión de amigos de la universidad, en una cantina, La Camelia, al sur de la ciudad. Él intentó conversar con ella, pero la notaba con una alegría sospechosa, lo cual le extrañó. Incluso sintió que sería demasiado fácil llevarla a la cama, lo cual le pareció poco tentador; terminó coqueteando y yéndose con una de las meseras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de semanas después la vio al salir del edificio de la revista para la que trabaja. Ella le dijo que iba a buscar a una amiga que trabajaba ahí y se despidieron rápidamente. Alonso pensó que en definitiva la traía loca; quizás fue eso lo que ocasionó que dejara de fijarse en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco minutos para las tres. Desesperado, abrió un libro que llevaba, pero lejos de leerlo, se hundió en otro episodio en donde volvió a verla. Fue en el cumpleaños de Andere, hacía como tres meses. Una reunión formal en casa de los padres del festejado. Ella asistió acompañada de su madre y su hermano. Rememoró que tuvo una charla muy cálida con sus familiares; con ella platicó poco porque se empezó a sentir un poco mareada y la llevaron a dormir a una de las habitaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evocó que la madre y el hermano lo miraron mucho durante toda la velada; él se percató de ello, pero no dijo nada porque lejos de molestarlo, le agradaron esas miradas receptivas, de esas que esperan y esperan con paciencia. La interlocución con ellos le pareció interesante, distante porque no hubo tuteos; sin embargo, sus palabras no coincidían con esas miradas que sintió como brazos abiertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le vino a la mente que cuatro meses atrás, se había ido a San Miguel de Allende a elaborar un reportaje para la revista. La encontró sentada tomando una limonada en Las Coronelas. Conversaron cerca de una hora, pero su charla le pareció si no aburrida, sí poco estimulante; además ni fumaba ni tomaba, lo que le hizo pensar que era una mujer muy recatada y medio moralina. Sin embargo, le gustaba mucho físicamente y había algo en sus ojos que no entendía, casi un acertijo. Era una presencia veraniega, para disfrutar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conducidos por Andere, llegaron al número indicado de República de Chile; Alonso tuvo una extraña sensación de soledad, más intensa que las matutinas. No sintió miedo pero sí mucha inseguridad. Chile 62 era la entrada a una vieja vecindad, descuidada a primera vista. Dudó en seguirles el paso a sus amigos, pero finalmente cruzó la verja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus amigos lo miraron y antes de subir las escaleras, lo esperaron. Mientras les daba alcance, empezó a sentirse tranquilo porque en la mañana había descubierto la causa de sus diurnos malestares. Todo era cuestión de preguntarle a Pinzón su nombre y contactarla. Además, simpatizó con sus familiares, todo era perfecto. Empezó a caminar con mayor ánimo y confianza, con un optimismo que le vino de esa gallarda virilidad que sólo se inflama con la mujer que se quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pinzón, dime, ¿cómo se llama la chava que me presentaste en tu fiesta de bienvenida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Se llama Maritza… ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es que me encanta, simplemente me encanta y creo que ella es la respuesta a mis males matutinos, esos que les he estado contando en estos meses. Quiero conocerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andere y Pinzón detuvieron su fluido ascenso por las escaleras y se miraron entre sí. Voltearon a ver a Alonso que, escalones abajo, los conminaba a terminar de subir. Mientras ascendía, iba notando que los departamentos de arriba estaban arreglados y pintados. Llegaron a una puerta verde con el número 202, sobre la cual estaba pegada una hoja con el menú de la semana. Tocaron el timbre y mientras les abrían, discutieron los diferentes guisos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrieron la puerta. Alonso redescubrió la mirada más hermosa que había visto en su vida. ¡Era la mujer, era Maritza! Observó que saludaba de beso a Andere y a Pinzón; en realidad, vio que su nariz alargada le daba un porte de elegancia que no había notado, aunque la percibió más embarnecida de lo que esperaba. Entonces recorrió con la mirada su cuerpo y se detuvo en su vientre. Alonso descubrió que estaba embarazada. Sintió que le apagaron las luces a la nave industrial que trabaja del lado izquierdo de su pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, miró la mano izquierda de Maritza y vio en su dedo anular un anillo: No puede ser, también está casada, pensó. Pasó y la saludó; depositó en su mejilla un beso cansado y sus marchitas esperanzas por conquistarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de llegar a la mesa, en donde ya lo esperaban sus amigos, Alonso tuvo un leve mareo, se detuvo y se llevó la mano a la frente. La madre de Maritza, le preguntó si se sentía bien. El recobró la postura de inmediato y le dijo que no era nada. Prosiguió al comedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Cabrón, ¿por qué no me dijiste que era casada y que estaba embarazada? Puros pinches ridículos me haces hacer… –Alonso increpó a Pinzón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pues me acabas de preguntar, yo qué iba a saber que te interesaba… –Le reviró de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando terminó de discutir, malhumorado por la sorpresa de saber que Maritza estaba comprometida, volteó a examinar el lugar y se quedó maravillado. Pensó que antes de cruzar el zaguán jamás se hubiera imaginado que El Comedor, tuviera una ambientación rústica, con buen gusto y estilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue como descubrir un secreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no fue sólo eso, también se quedó estupefacto al leer el menú. De inmediato supo lo que quería, e incluso lo recomendó a sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–La ternera en salsa de jitomate y albahaca, está deliciosa; sin embargo, creo que a ti, Pinzón, te gustará más la Pechuga rellena en salsa de estragón –Alonso se quedó preocupado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se preguntaba cómo es que estaba recomendando los platillos de un sitió en el que no había comido nunca. Se quedó mirando una pecera; luego, una fuente sin agua. Volteó a la derecha y vio una barra con diversas botellas. Vio pasar a la madre y al hermano de Maritza. Estaba tan pensativo que no se percató que Andere y Pinzón lo habían dejado solo en la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sintió un temblor en el pecho, tal vez quería llorar, pero no había lágrimas ni tristeza. Sintió unos calos fríos que le recorrieron por la espalda hasta el cuello. Un impulso del pasado lo hizo levantarse violentamente; tiró la silla. Extendió sus manos lateralmente como buscando el equilibrio. Buscó asirse a la realidad, al presente, parecía que tuviese miedo de que una corriente temporal lo arrastrara lejos de ahí. Alonso abría y cerraba sus manos y no lograba agarrar algo que lo hiciera sentirse parte de todo eso; entonces, Maritza lo agarró de la mano derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ven Alonso, siéntate en esta banca conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él, involuntariamente, se había sentado con ella. Estaba atónito. En su mente emergía un pedazo continental que estaba cambiando, continuamente desde hacía minutos, su mundo. No podía asimilarlo, todo era tan rápido y tan grande; intentarlo sería una empresa imposible como aquella de quienes pretenden definir el cambio en tránsito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maritza lo miraba con un amor que él era incapaz de comprender o de aceptar; se sentía ridículo, pero no pudo evadir ni las palabras ni los ojos de ella porque le transmitían una sustancia etérea y codificada que sólo se aprende y aprehende de dos en dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tú y yo nos conocimos hace casi un año. Viniste tres días seguidos; el cuarto, me invitaste a salir. Los dos veníamos de rupturas dolorosas. Yo me iba a casar; luego rompí con Manuel por muchas razones. Tú estabas tratando de olvidar a una mujer que te rompió el corazón; te había engañado por mucho tiempo –Maritza más que explicarle parecía que buscaba convencerlo– Pero también me dijiste que para ti, mi cara era un atardecer del estío porque sentías que nada te faltaba. Tenías el sol de mis ojos, el viento de mi aliento, la música de mi voz, el suave aroma frutal de mi piel y que sólo aspirabas a tener mi humedad y mis aguas. Luego me lo escribiste en una servilleta. Mírala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alonso reconocía su letra, pero no podía recordar cuándo ni dónde la había escrito. Sintió que caía lentamente por una resbaladilla y que se quedaba varado a mitad del camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–La tercera vez que salimos, pasamos la noche juntos. Fue la primera vez que me sentí tu mujer. También fue cuando me empecé a alejar de ti porque me conflictué –Maritza miraba al suelo con desconsuelo– Apenas unos meses antes de estar contigo, me empezaba a sentir la esposa de Manuel… de otra persona. Entonces, cuando te conté el motivo, me tomaste de las manos, me miraste fijamente a los ojos y me dijiste: ser o sentirte la esposa de alguien es un papel, un apelativo, se puede disolver. Eso no sirve de nada si no te sientes la mujer de él; en cambio, tú me has dicho que te sientes mi mujer, eso es lo que sustenta las relaciones, la honestidad que narra la coincidencia corporal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ese día nos enamoramos. Pasaron dos meses y me diste este anillo de compromiso. Fuiste con tus padres a casa a pedir mi mano. Estábamos muy nerviosos. Míralo por dentro, tiene nuestros nombres grabados –Él miraba y escuchaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A ver, amor… Alonso, ¿puedes recordar algo de lo que te cuento; aunque sea borrosamente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, lo siento Maritza; sin embargo, estoy de acuerdo en todo eso que dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Déjame continuar. Hace medio año, días después de habernos comprometido, fuimos a ver a tu abuelo, pero en el camino te encontraste a tu ex, Marlene. Estaba con otro cuate y explotaste. Yo me quedé inmóvil, no pude o no supe reaccionar y detenerte o decirte algo. Te empezaste a pelear con él –Maritza hacía aspavientos y graves gesticulaciones– Te dio un mal golpe y al caer, tu cabeza chocó contra la defensa de un auto. Estuviste una semana inconsciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Cuando despertaste no nos reconociste ni a mí ni a mi familia. Recordaste todo hasta antes de venir a este restaurante por vez primera. Tus padres no quisieron esperar a que recordaras todo por tu cuenta. Los doctores habían dicho que era algo que podría o no ocurrir. Se comunicaron de inmediato con tus mejores amigos de la vida, Andere y Pinzón. Planearon reintroducirte en tu vida paulatinamente. Tus amigos nos presentaron, la idea era que no fuera brusco, que tus recuerdos fueran aflorando a un ritmo, no sé… acaso natural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante casi una hora, ella estuvo platicándole las cosas que habían vivido, describiéndole las noches que habían pasado juntos, los recuerdos de piel y cabello; en fin, lo que ser Maritza y Alonso significaba para ellos: un plan diario de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Recuerdas algo de lo que te he dicho sobre nosotros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Recuerdo, la relación con Marlene. No sé, lo siento… Antes de llegar acá, justo estaba pensando en contactarte porque me gustas mucho…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Eso no es suficiente, Alonso! Andere y Pinzón tienen que regresar a sus vidas –su voz se quebraba– De hecho esto es el último intento conjunto y yo a veces pierdo la fe, se me van las esperanzas de que logres recordar que me amabas… que aún me amas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Lo que no creo que recuerdes porque no pude decírtelo; él es tu hijo –Maritza colocó la mano de Alonso sobre su redondo vientre–; tengo casi siete meses de embarazo –Él miró su vientre y sonrió, mas no lograba sentir su paternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Por eso no tomas alcohol –Dijo rápidamente para salir del tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hablamos con tus padres y pensamos que no sería bueno que lo intentáramos tan seguido; decidimos esperar hasta ahora, después de que nos vimos en el cumple de Andere. También por tu trabajo que te hace salir seguido de la ciudad. Y conociste a esas dos chicas; todo esto ha sido muy difícil para mí, Alonso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Maritza, discúlpame, pero no siento que te ame. Quiero conocerte porque me gustas mucho. No logro recuperar esas partes de mi memoria que me has contado. Reconozco o creo reconocer muchas cosas como los platillos, la decoración, pero… –Ella lo interrumpió de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Te voy a decir algo que me dijiste una vez: Recordar, la palabra recordar, viene del latín &lt;em&gt;re&lt;/em&gt;, que significa volver y de &lt;em&gt;cordis&lt;/em&gt;, que significa corazón. Recordar es volver a pasar por el corazón. ¡Alonso, quiero que me recuerdes!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo miraba con ternura y esperanza; el silencio la hirió. En otro momento, quizás lo hubiera comprendido, le hubiera tenido paciencia. No es que lo quisiera dejar ahí con su olvido, pero Maritza no sabía qué más hacer. Podría recitarle diariamente todo lo que Alonso hubo olvidado, pero igual no pasaría nada. Recordar no es sólo recuperar la memoria de lo ocurrido, es, paralelamente, volver a sentirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maritza se levantó y se fue. Él recordó súbitamente que la vio el día que despertó en el hospital; no la reconoció pero la vio ahí con su madre y su hermano, que se quitó su anillo y lo guardó. Pero no logró recordar su vida previa con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con arrebato, la alcanzó y tomó de las manos. La miró con decisión y una sonrisa optimista; ella se mantuvo firme, pero profundamente triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Recordar es un verbo, Maritza; vamos a ejercerlo. Yo te voy a recordar toda la vida –Y dilataron el tiempo y sus labios en un largo beso, de esos que son para recordar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-3002794013071598369?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/3002794013071598369/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=3002794013071598369&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/3002794013071598369'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/3002794013071598369'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2011/02/andere-no-te-ha-pasado-que-despiertas.html' title='Los Descubrimientos de Alonso'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-8852313750941704273</id><published>2011-01-20T18:14:00.000-08:00</published><updated>2011-01-20T18:17:13.407-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Te recordaré hasta el día en que me digas con palabras lo que sientes por mí</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La anécdota que estoy por relatarles me la contó Ricardo La Fortuna, un argentino que radica en México desde finales de los setenta. Me la refirió durante los tres últimos sábados de noviembre del año pasado, en el Quebracho que se encuentra en el cruce de Río Guadalquivir y Río Lerma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Peralta, mi novia, iba a entrevistarlo para completar la elaboración de un libro que trata el tema de la inmigración argentina y distingue la derivada de la persecución política de la dictadura de Jorge Rafael Videla y la que se originó a partir de la crisis económica de 2001 en Argentina; La Fortuna era un inmigrante híbrido si se asume que la inmigración de la década de 1970 tuvo un alto perfil académico y, la de principios de este siglo, se caracterizó por ser publirrelacionista o dueña de negocios, principalmente restaurantes –Y futbolistas–. Pues bien, él es Doctor en Sociología y socio de esta cadena de restaurantes. Peralta se había retrasado a causa de la lluvia y el tráfico, y opté por esperarla adentro. Estaba lleno, busqué al entrevistado y el host me indicó el lugar. La Fortuna ya estaba ofreciéndome un asiento a su mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hey, che, ¿cómo te llamás? –Me dijo con ese acento que ya había dejado de ser argentino pero que también se negaba a mexicanizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Me llamo Victor Castillo, ¿y tú? –Le dije automáticamente, esperando que Peralta no tardara tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ricardo La Fortuna, servidor –Me extendió su mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Concepción no debe tardar en llegar, hay mucho tráfico y la…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No te preocupes, acá la esperamos al calor de unos tintos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras llenaba mi copa, empezó a contarme una historia de amor que había tenido, por lo menos, uno de sus desenlaces en la misma mesa que estábamos. Como los grandes charladores, no esperó a que le preguntara algo, lo cual no me incomodó. Lograr esto es un arte sutil y frugal, es como encantar con la voz mientras con las manos se crea distracción; no son necesarios los aspavientos ni levantar la voz, basta un ligero movimiento de muñeca hasta ocultar el dorso de la mano y menguar una mueca labial hasta transformarla en una sonrisa de complicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los conoció, Natalia Grazianni y Raúl Alcaraz eran novios y vivían muy felices. Una de esas parejas bonitas a las que todo les sale bien, que siempre se ve bien y que a todo mundo cae fenomenal. A veces, según La Fortuna, daba la impresión de que ese par era producto de guionistas de teleserie estadounidense.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hace casi siete años empezaron a venir con regularidad. Recién habíamos aperturado y ellos ya eran clientes frecuentes. Che, ella tenía la cara de Farrah Fawcett y el cuerpo de Sofía Loren, impresionante. Alcaraz era un tipo agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Al poco tiempo, nos enteramos que vivían acá cerca, sobre Lerma. Nos hicimos amigos; bueno, más de él que de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tenían muchos planes para el futuro. Se referían a estas fechas, seis o siete años adelante. Querían tener hijos, comprar una casa en el sur de la ciudad y hacerse viejitos juntos. ¡Mirá, Victor!, que cuando te digo esto último es verdad; en verdad querían hacerse viejitos juntos. Debiste haber observado su mirada cuando hablaba de ella. Su rostro cambiaba por completo, parecía un adolescente y hablaba con más intensidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Una o dos veces al año viajaban por el país, eran muy aventureros –La Fortuna hablaba y hablaba cual bardo–. Traían cientos de fotos y de anécdotas. Durante una o dos noches nos las contaban. Hablo en plural porque acá, en ese tiempo se la vivía un viejo amigo canadiense. Algunas veces las reuniones se hicieron en casa de Raúl y Natalia; otras, en la de este amigo, Walker Roads, o en la mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–El amor se nota, Victor, no puede camuflarse; si no sale por los ojos o la boca, lo hace por las manos o los pies. Un roce por debajo de la mesa o bailar una piecita de Sosa o Cadícamo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Natalia era excelente guitarrista y la invitaban a dar recitales a diferentes países, particularmente en Sudamérica. Pero como bailarina de tangos era fenomenal. No era Marta Aín, pero la raspaba, diría mi abuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inesperadamente, La Fortuna se desvió del tema; acrobacia que todo buen conversador domina. Argumentó sobre la democracia mexicana. No quiero aventurarme mucho –dijo susurrando a manera de mofa– por temor al 33.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré mi reloj, volteé a la calle y vi que Peralta llegaba diciéndome con la mirada que el pinche tráfico había estado del carajo. Mi distracción interrumpió a La Fortuna. Se dio cuenta de que la entrevistadora llegaba y con habilidad pidió otra copa, mientras se hacían las respectivas presentaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La entrevista fue corta y puntual, no más de 45 minutos. La Fortuna no se quedó con las ganas y quiso continuar con la charla interrumpida acerca de la democracia en México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–El problema es que los mexicanos no disfrutaron el inicio de la democratización política en el país. Cuando Cárdenas llegó a la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México, de la capital del país, fue como si no se hubiesen enterado. La democracia no sólo es una palabra o una forma de gobierno, che. Es, por sobre todas las cosas, una fiesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Si la gente no se siente parte de la fiesta y asiste, no hay tal. En la democracia pasa igual, no basta con ir a votar, se tienen que vivir los resultados de esos votos. Tres años después con Fox, se vivió algo parecido…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ricardo –lo interrumpí con algo de pena– nos tenemos que ir. Pero ¿qué te parece si la semana que entra continuamos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Muy bien, jóvenes, hasta la semana que entra. Gusto en conocerla –Se despidió de Peralta tomándole su mano mientras le besaba el dorso de la misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pude no regresar, total, La Fortuna seguiría contando su historia a quien sea. Lo que pudiera decirme sobre la historia de Natalia y Raúl, sería algo recurrente en las parejas, y sobre política mexicana poco podría enseñarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó el siguiente sábado; Peralta estaba de vacaciones con sus amigas en alguna playa del sur del país. Yo estaba anclado, terminando la tesis de la maestría. Siete de la noche, sin nada qué ver en la tele; las películas aún las tenía empacadas en unas cajas. Decidí tomar un taxi que me llevara al cruce de Guadalquivir y Lerma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Fortuna estaba en el mismo lugar que una semana atrás. Me apeé frente a él; se levantó, y como si fuéramos amigos de toda la vida me saludó con un largo abrazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Victor, te estaba esperando! Mesero, una copa para mi amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brindamos por el reencuentro, por el azar y la voluntad de querer contar y escuchar. Luego de una serie de intercambios de opiniones. Quise retomar la charla donde nos habíamos quedado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Me estabas explicando sobre algo la democracia, de cuando llegó Fox a la presidencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, Victor, las cuestiones políticas salen sobrando esta noche ante la historia de Natalia y Raúl. Te dije que se querían mucho, que se amaban. Lo que no te conté es que un día tuvieron un accidente. Iban rumbo a Sonora y en algún lugar de la carretera su auto se volteó. No se murieron, pero ocurrió algo que si no fuera cómico sería trágico. Ambos quedaron con amnesia, pero una muy peculiar porque a los tres días recordaban absolutamente todo, menos su relación. Era curioso platicar con Natalia y darse cuenta con qué claridad recordaba sus estancias en este restaurante, mis conversaciones, pero no la compañía de Raúl. Recordaba sus viajes, sabía que había ido acompañada pero no recordaba por quién.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero, ¿será posible?, Ricardo o ¿me estás tomando el pelo? –Le dije burlonamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, en verdad. Unos días después le llevé unas fotos al hospital y no recordaba a Raúl. Estuvo muy consternada por esa razón, por lo cual se quedó una semana más internada. Por su parte, Raúl tampoco guardaba recuerdo alguno de ella, por lo que pronto se fue a casa de sus padres a recuperarse debido a que también lo aturdía no poder recordar nada respecto a Natalia. Aquéllos ya habían comunicado lo sucedido a los Grazianni, quienes volaron desde Argentina y de inmediato se instalaron para crear un ambiente propicio a la recuperación de su hija. De hecho, se mudaron frente al edificio de Raúl. A los meses, éste había regresado a vivir a su departamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me costó trabajo creer aquello, no hasta que Juan, novio de mi prima, y que funge como el Doctor Gregorio House de la familia, confirmara que ese tipo de amnesias eran posibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pasaron semanas y meses, acaso un par de años, y este par no lograba recuperar esa parte fundamental de su vida. Algunas veces los llegué a ver saludándose en la calle con amabilidad, porque sus respectivos padres los presentaron, con la finalidad de probar si conocerse podría ayudarlos a reconocerse. Cada vez que se despedían, Raúl solía esperar unos segundos antes de voltear a verla. Ve tú a saber lo que él pensaba en esos momentos, porque volteaba a verla y se le quedaba viendo como si la reconociera, pero esto es sólo una impresión personal –Al decir esto, La Fortuna se cruzó de brazos por primera vez–. Cuando veía eso, che Victor, realmente me parecía increíble la desigualdad con que se distribuían los recuerdos de su mundo, es decir, ¿cómo la vida podía permitir algo atroz como eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A ver, che Victor, hazte un poquito hacia atrás y ve lo que está escrito en el borde de ese lado de la mesa –Me miró retando mi mente con lo inaudito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me incliné hacia atrás un poco y me sorprendió ver una oración escrita, como si hubiera sido grabada con algún metal; decía: “Te recordaré hasta el día en que me digas con palabras lo que sientes por mí.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Por supuesto –Me dijo complacido–, es el estribillo de un tango de Cadícamo. ¿Quién crees que la escribió?, che Victor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No lo sé… ¿tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡No, fue ella, Natalia! –Me dijo abriendo los brazos y la sonrisa, como si me develara el secreto de un gran truco– No me percaté hasta que me dio interés ver y sentir lo que ella cada vez que se sentaba ahí, porque siempre escogía el mismo lado de la mesa. Un buen día me senté y fue entonces que al estarme moviendo y contorsionando, como buscando un ángulo preciso, vi escrito la palabra “Te”. Tres semanas después, cuando repetí la operación, vi que ya había otras dos palabras “Te recordaré hasta”. Estaba casi seguro que era ella quien escribía, porque era el mismo lugar que solía ocupar Raúl cuando venían juntos. Era como si quisiera compartir, inconscientemente, con él, un recuerdo brumoso o un olvido brioso. Como si detectara que había una distribución de recuerdos y olvidos desproporcionada y quisiera cambiar todo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Che, ¿te has puesto a pensar que esa palabrita “distribución” da muchos problemas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A veces me da por pensar que algunas personas son absolutos avatares de sus respectivos países. Ciertos individuos logran encarnar la buenaventura o desgracia de sus pueblos; luego, uno ya no sabe quién rige a quién –El rostro de La Fortuna se tornó umbrío, pero abruptamente recobró la enjundia–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, Ricardo, y ocurre en todos los ámbitos. Por ejemplo, en economía, en los sesenta el 20 por ciento de los habitantes más pobres de América Latina, se quedaba con menos de cuatro por ciento del ingreso generado en la zona; el 20 por ciento más rico, con casi 67 por ciento. Treinta años después, en los noventa, el 20 por ciento más pobre se adjudicaba un poco más, siete por ciento del total del ingreso; en cambio, el 20 por ciento más rico se quedaba con 53 por ciento del mismo. La distribución de la riqueza, en este caso, está detrás de casi todos los problemas sociales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Con estas iniquidades, ya no digo inequidades, y sus consecuencias es muy difícil que la democracia sea efectiva, ¿no es cierto, che?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Fortuna había vuelto a cambiar de tema –Aunque esta vez con mi complicidad–, no quise perder el hilo de la narración de lo que pasaba con Natalia. Sin embargo, ya era tarde y tenía que irme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A diferencia de la semana pasada, a partir del lunes ya estaba ansioso por conocer el resto de la historia. Llegó el día y Peralta deseaba que fuéramos al teatro. La convencí de ir el domingo, y que mejor nos viéramos más tarde, el mismo sábado, para ir a algún otro lado. Le chocó la idea de que fuera a “perder mi tiempo” con La Fortuna –No creo ni una sola palabra de lo que te cuenta; eres muy crédulo, Victor, me insistió por el móvil antes de colgar–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arribé al restaurante y, sin pedir permiso, me pasé hasta donde estaba La Fortuna. Nos saludamos, conversamos algo acerca del clima y de la guerra injustificada de Calderón contra el crimen organizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Che ya viste el diario?, que dicen que se requiere un nuevo pacto social. Mentira, con este o cualquier otro pacto social va a ser lo mismo. Antes que nada es menester que la educación y la cultura las cambiemos, para que éstos se materialicen en las instituciones gubernamentales y entonces pueda tener sentido hablar de un nuevo pacto social. No es que las instituciones sean débiles o corruptas –La Fortuna galopaba cuando hablaba–; son los individuos que las integran quienes han visto vulnerados, desde la infancia, sus hábitos y pautas de conducta, es decir, su ética y moral en función de la eficiencia y la eficacia neoconservadora que han aprendido desde la primaria y perfeccionado en las universidades de “prestigio”. El resultado es un famélico amor por su patria y sus compatriotas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ya lo creo Ricardo, es un problema que va para largo –Le dije secamente para pasar al tema que me interesaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ricardo, volviendo a lo de Natalia. Pudo haber sido alguien más quien escribiera sobre el borde de esta mesa; no era la única que aquí se sentaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Lo mismo pensé, Victor, pero fue a partir de la cuarta palabra que empecé a mirar después de que ella partió y, lotería, siempre apareció una nueva palabra cada vez que terminaba de cenar. El quinto sábado vi de lejos cómo escribió “día”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–La séptima noche cené con ella. Me platicó que daría un recital en Antioquia, Colombia, el próximo martes. Mientras me explicaba algunos detalles de su viaje, presencié cómo escribía sobre el borde de la mesa. Colocó su brazo izquierdo sobre la mesa para cubrir los trazos que discretamente realizaba con su mano derecha. Al escribir, parecía que sus ojos estaban en trance, pero su boca no; parecían dos personas: la que miraba como la luz de un farol y la que hablaba con precisión. Comprobé su belleza que se perdía en una bruma de desesperación. Por alguna razón lucía alterada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y qué pasó con Raúl, acaso él no iba seguido al restaurante?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Con él ya nada fue igual. Incluso llegué a ver cómo evitaba encontrarse con Natalia, como si le debiera alguna verdad, algunas explicaciones. Seguía viniendo al restaurante sólo o acompañado, pero nunca se sentó en este lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–El día que escribió la palabra “sientes” ya no tenía ese cariz de desesperación; Natalia se veía abatida por algo, con una mirada que transmitía desesperanza; sin embargo, su plática era de talante distinto. Esa noche me comentó que se iba de México, que le habían ofrecido un puesto muy importante en Antioquia. Que en un par de meses volaba para Colombia. Estaba contenta y emocionada, pero en el fondo de su ser, che Victor, había desesperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No vas a creer lo que sigue –Me dijo con un tono misterioso al tiempo que vaciaba su copa con de un trago–. La penúltima semana, vinieron a cenar juntos. Yo, como siempre, estaba sentado en esa mesa de enfrente. Pensé que se recordarían por fin. Incluso pusimos música de fondo, canciones que los dos solían escuchar cuando estaban juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué pasó?, Ricardo no te quedes callado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Paciencia, che, que tengo que servirme, primero, otra copa de tinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No sé leer los labios, pero la charla fue muy buena porque no pararon de reírse; se fueron hasta que cerramos el restaurante. Hubo dos momentos en los que pensé que ella lo estaba recordando todo. El primero fue cuando lo tomó de la mano, previo a la cena; el segundo, cuando se despidieron. Se miraron a los ojos casi un minuto sin decirse nada. Natalia tenía una mirada feliz, de corazón complacido. Pero igual no pasó nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–La última semana que ella vino al restaurante fue también el día que escribió la última palabra: “mí”. Estuvo muy poco tiempo, estaba acatarrada. Nos despedimos con una charla de no más de media hora; yo sabía que estaba muy deprimida, aunque ella se lo atribuía a la nostalgia que ya empezaba a sentir por México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pocas semanas después partió para siempre –La Fortuna colgó su mirada, su ánimo y un suspiro de una lámpara inexistente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vibró mi teléfono móvil; mensaje de Peralta: Sólo voy a estar una hora más en el Milán, si no llegas me voy. Enseña tu IFE en la recepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ricardo, tengo que irme; me surgió un imprevisto. Pero estamos en contacto, aún me quedan algunas incógnitas respecto a esta historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Any time, querido –Me dijo mientras me daba tremendo abrazo y saludaba a alguien que llegaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mira nada más quién llegó de no sé dónde, viejo rufian, ¿Cómo has estado? –La Fortuna miraba y proporcionaba otro gran abrazo a un tipo muy alto, pelirrojo, con una personalidad escandalosa, por decir lo menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mira, che Victor, antes de que huyas, te presento a Walker Roads; el amigo canadiense que también compartió amistad con Raúl y Natalia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mucho gusto Walker –Le dije mirando el reloj, anticipando una disculpa por no poder quedarme más tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué al hotel apenas con un par de minutos de sobra. Ella ya se estaba revistiendo cuando entré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pensé que no llegarías, mi vida –Me dijo con su sonrisa inquietante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Estaba con Ricardo, me terminó de contar la historia de Natalia y Raúl.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En menos de 10 minutos le conté a Peralta el desenlace; incluso la llegada de Walker Roads. Para ella, no había historia maravillosa sino un lejano acto de desamor y cobardía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la versión de Peralta, Raúl era Ricardo La Fortuna y a los pocos meses recordó absolutamente todo –Me dijo mientras se volvía a desnudar con parsimonia–. Desde antes del accidente ya no amaba a Natalia, incluso pudo haber estado dispuesto a terminar la relación; sin embargo, el accidente y sus secuelas le cayeron de perlas, pero esto lo aprovechó sólo hasta que él fue capaz de recobrar su memoria –Peralta hablaba del asunto como si hubiera memorizado una novela–. El resto del tiempo estuvo jugando con todos. Si a leguas se nota que es todo un charlatán, buena persona, pero charlatán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me recordó que en la entrevista que le hizo a Ricardo La Fortuna, se dio cuenta de inmediato que era de las personas que les gusta alardear y frecuentemente inventar. Por ejemplo –Me dijo como instruyéndome–, cuando habló de sus logros, ¿recuerdas cómo se daba baños de gloria por haber sido el autor intelectual del nuevo concepto de librerías en el país, cuando, a sugerencia suya, Achar y Nudelman inauguraron Gandhi? Es más, te apuesto a que Natalia también recuperó la memoria, pero ya no lo quería para entonces, y él, con su ego, no fue capaz de admitirlo ni asimilarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté defender la reputación de La Fortuna, pero antes de ello, vi caminar por la habitación a Peralta, tenía el cuerpo cubierto con una sábana. Rodeó la cama y desde el otro extremo, cual mariposa, extendió esas alas blancas de algodón y con esa mirada de fuego y rabia que suele poner en tales circunstancias, me dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Olvídate de todo, mi vida. Esta noche te voy a enseñar lo que es tu verdadera fortuna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apagué la luz. La desnudez de Peralta estaba apenas iluminada por un farol de la calle que estaba frente a la ventana del cuarto y fue como mirarla con los ojos de Príapo. Me desnudé y me metí a la cama con ella. No cerré las cortinas, quería que la ciudad observase que no sólo lo absurdo, la sangre y lo injusto se fraguan en su oscuridad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-8852313750941704273?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/8852313750941704273/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=8852313750941704273&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/8852313750941704273'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/8852313750941704273'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2011/01/te-recordare-hasta-el-dia-en-que-me.html' title='Te recordaré hasta el día en que me digas con palabras lo que sientes por mí'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-8691638901988979427</id><published>2010-12-16T00:15:00.000-08:00</published><updated>2010-12-16T00:48:24.540-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>Primogénitos Reflejos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Tenía perfectamente grabadas las imágenes en su cabeza. Las de una película de Stanley Kubrick que de niño vio en la videocasetera vhs que su padre llevó a la casa; era la última novedad en materia electrónica. En dicho film, un par de exploradores cruzaban a pie un desierto desconocido. En algún momento se encontraron con un extraño hoyo sobre la carpeta de arena.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Tom, Tom, I've found water… I've found water! –Le gritó desesperado William K. McCormack a su compañero Thomas Mikelsson. McCormack tenía todo su brazo hundido en un agujero de unos 30 centímetros de diámetro. Cuando sacó su mano para mostrársela a su compañero, ésta se encontraba completamente seca.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿It's a joke, Will? Just look at your fucking hand –Le gritó Thomas a McCormack quien miró su mano y se quedó estupefacto, a medio camino entre la burla y la duda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tom se acercó y metió la mano en el agujero. Sintió con asombro que sus dedos eran humedecidos por una fuerte corriente de agua fresca. Se le enchinó la piel del brazo y rápidamente lo sacó para mirar sus dedos. Se quedó azorado y con el razonamiento trémulo sólo alcanzó a balbucear.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–This water doesn't wet, doesn't wet –Se repetía mientras alzaba su brazo cuyo puño cerrado se interponía entre su mirada y el sol; la mirada de William también se apostaba en él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era todo lo que Román recordaba porque la película no estaba completa; siempre que la ponía terminaba ahí; defecto del videocasete. A él le inquietaba el porqué esos exploradores tocaban agua que no los mojaba; le pareció mágico, sensacional que hubiera un agua que no mojara. Era la época en que leía cómics en las revistas. Héroes y villanos con poderes magníficos, extraordinarios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero nada se comparaba con la obsesión por saber qué era esa agua, de qué estaba hecha. Pasó años imaginando incontables hipótesis. Un niño de seis años que en vez de estar corriendo y haciendo travesuras con sus compañeros de la cuadra o de la escuela, se la pasaba leyendo monografías que compraba con los domingos que le daba su padre. Porque antes de echar a volar su imaginación sintió la necesidad de enterarse de muchas cosas, saber y conocer lo que es el agua, la piel, las sensaciones corporales; la humedad y sus consecuencias en los objetos sólidos y secos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Luego, quiso comprender y leyó algo de filosofía y ontología. Pasó de estudiar objetos concretos a informarse sobre las abstracciones para saber sobre la sustancia del ser de los objetos y sujetos. Nuevamente, regresó a los aspectos concretos del ser, pero ahora concentrándose en los fenómenos físicos de aquéllos; le interesó la materia y la energía y su devenir dialéctico. Descubrió que existían leyes que explicaban algunos de los fenómenos que más le impresionaban: la termodinámica, la gravedad, la relatividad o la hidrodinámica. Le preocupaba mucho la Ley de la entropía universal, la del ser; algún tiempo eso lo angustió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque nada de lo que leyó pudo darle pistas sobre un agua que no mojaba, sí le dio un cimiento teórico que le afinó la intuición y la imaginación sobre cómo plantear posibles respuestas. Sus favoritas fueron las más inauditas que se le ocurrieron; no le gustaban las lógicas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los 15 años descubrió la poesía y el sexo de la mujer, porque para conocer a las mujeres aún le faltaba mucho por vivir. Una vez le dijo a una vecina que le gustaba mucho.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Tu aroma es como el recuerdo de una vida imaginada; no existe, no moja, pero cómo me enamora.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al terminar de pronunciar ese verso de A. Botafogo, se acordó del agua que no mojaba, de la película. Tenía más de tres años que no pensaba en ella. Pero encontró un símil entre esa agua desértica y lo que pasaba cuando les leía poemas a sus amigas o pretendidas. Ellas quedaban encantadas cuando escuchaban a Román recitar, un tanto por la gravedad de su voz y otro tanto porque memorizaba los versos con facilidad. Pero él no sentía esa magia que supone la recepción de los versos del poeta. Sólo se aprendía las coplas y las recitaba para ver las dulces sonrisas en las caras de sus amigas o las chicas que le gustaban; no era capaz de sentir, de participar o conmoverse con los textos de los vates. No encontraba esa pasión-amor por el género; en cambio, esa fama de juglar lo llevó rápidamente a tocar una vagina. Había besado a muchas chicas, se las había fajado, cachondeado, pero nunca había posado sus dedos dentro del sexo de una mujer. Esa vez mojó sus dedos y tuvo una fuerte erección, pero no perdió su virginidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tiempo después cambió los poemas por el Rock. Dejó de recitar y se dedicó a coleccionar discos y revistas de sus bandas preferidas. Conoció la mariguana, mas se estacionó en el alcohol. Esta música lo llevó a los antros y en éstos conoció a gente diferente con gustos diferentes. Se involucró con muchas mujeres, incluso estuvo en orgías. Conoció más drogas, pero sólo se estacionó en el alcohol. Al conocer a más mujeres empezó a conocer a la mujer; al estar con muchos amigos encontró a su mejor amigo para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero ni los discos ni las revistas de Rock lo empaparon. Sucedió algo similar que con la poesía, únicamente que ahora en vez de encontrar placer en las sonrisas dulces de las chavas, lo encontraba al coger con ellas; cayó en la cuenta de que no había tenido relaciones con ninguna mujer en sus cinco sentidos, siempre estaba drogado o pedo o crudo por lo menos; volvió a caer en la cuenta de que no sentía en su cuerpo ni su mente al Rock; tampoco le gustaba estar drogado. Había estado imitando inconscientemente a uno de sus muchos amigos; el mayor, al que admiraba desde que lo conoció. Llegó a sentirse atraído por él, pero sus prejuicios sexuales le impidieron, incluso, sostener la idea en su mente por más de unos segundos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No fue una juventud vacía ni desperdiciada; no podía explicarse de ninguna manera el hecho de haber disfrutado el cuerpo de tantas mujeres y los efectos de tantas drogas y, sin embargo, a la vez estar insatisfecho. Fue una época placentera, sí, pero igual no se sentía pleno. Tenía todos los discos oficiales de Led Zeppelin, todos sus bootlegs de alta calidad, pero no los escuchaba. Tenía toda la colección de Frank Zappa y aún desconocía varios de sus discos básicos. No se sentía un farsante, pero se le parecía mucho.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pensaba en muchas de estas cosas cuando se quedó mirando el poster de Conecte que estaba pegado en la puerta de madera de su habitación. Aparecía Ritchie Blackmore empuñando su guitarra frente a una multitud, la cual no se veía, pero su lira tapaba parte de un reflector. Dicha escena lo condujo inmediatamente cuando Thomas Mikelsson tapaba el sol con su puño cerrado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Esta agua que no moja… no moja –Se repetía en voz baja Román una y otra vez, mientras su mirada se perdía en la Excálibur del roquero inglés.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La inercia de la promiscuidad de Román se reflejó en su primer matrimonio. No amaba a su mujer, pero la admiraba mucho y, sobre todo, se llevaban muy bien en la cama. A los tres años se separaron. Causas pueden ser muchas o ninguna. Para Román fue el hecho de la responsabilidad paternal. No quiso ser padre, pero ella no le dio alternativa porque simplemente lo tuvo. Él se fue de la casa, no quiso siquiera conocer a su hijo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se fue para Sonora, en el autobús iba pensando en su hijo y en su ex. En realidad ambos eran sólo el muro que no lo dejaba ver lo que en realidad sentía: un profundo miedo o aversión a dejar de vivir como lo había hecho hasta entonces. Este temor, a su vez, era la pantalla para no dejarlo ver ni sentir un horror más profundo: que su hijo pudiera hacer lo que él no. Sin embargo, este horror, era la forma simbólica con que su mente representaba su fobia mayor: su hijo tal vez lograría mostrar al mundo su mano mojada contra el sol. El viaje por carretera no le alcanzó para llegar a estas brumosas instancias; se fue pensando que recuperaba cierto grado de independencia al separarse de su familia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En Sonora volvió a probar drogas que no consumía desde años atrás. Se emborrachó muchas veces y conoció a muchas mujeres. Se aburrió a los dos meses. Lo único memorable que se trajo de allá fue un libro de un amigo poeta que acababa de publicar y una cicatriz en la ceja derecha, producto de una riña con un sicario de algún cártel, que no se animó a matarlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando llegó al Distrito Federal, no buscó a su familia. Llegó a un hotel de paso y antes de acostarse se miró en el espejo. No era el de antes, pero se sentía con la misma vitalidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se fue a dormir y soñó que estaba escribiendo en una libreta los diálogos entre Thomas Mikelsson y William McCormack, sólo que en el sueño éste le explicaba al primero que no se trataba de agua sino de una corriente subterránea de energía. Entonces Román comprendía, dentro del sueño, que esa caminata por el desierto en realidad era la búsqueda deliberada de ese agujero, que los exploradores habían tenido éxito en encontrar la corriente de energía. Luego se le reveló que ese era uno de los puntos esenciales para dominar secretos poderosos de la vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Will y Tom conversaban sentados frente al agujero en la arena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–The question is: from where comes this flow? –Comentaba un circunspecto McCormack.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–I don’t know, Will. Certainly not we know from where, but neither where it goes –Tom miraba el cielo negro y estrellado, con un rostro que reflejaba contrariedad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alguien le contaba a Román, alguien ubicuo, quizás la arena, tal vez el cielo negro y estrellado, que el sol o la luna o cielo; no, el desierto son los restos de la indecisión, en donde la inoperancia divina y la negligencia humana convergían. Román despertó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los 52 años, su sabiduría lo dejaba donde estaba, pero su inteligencia lo jalaba a otros lugares, de su pasado y de su presente. Podía decir que se conocía como nadie, pero se quedaba callado cuando alguno de sus amigos hablaba de sus hijos. No es que no supiera qué decir, sólo no quería decirlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nunca se arrepintió, pero sí modificó algunas actitudes. No se sintió solo y para sostenerlo, buscó y enamoró a una mujer mucho menor que él. No se dio cuenta de que ella fue la que lo enamoró. No se percató de que empezaba a tener ganas de mojarse por esa mujer. Ni su instinto ni su olfato permitieron que advirtiese que se había convertido paulatinamente en la mano de Will y de Tom, pero tampoco dejó de ser ese espectador taciturno lleno de gallardía que cuestionaba la película.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con los años había construido un diálogo enorme con esa película; durante algunas fases fue explicador; otras, un simple testigo. La mayoría de las veces fue el agua inexistente, incapaz de mojar. Quiso ser Thomas y luego William, pero jamás dejó de ser el desierto, hasta que una mañana fue la mano en ¿la corriente de agua?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Amó a su mujer, la deseó. Quiso hacerle el amor en una noche invernal de principios de siglo; la embarazó. No supe más del caso, pero imagino que Román se dejó mojar por la vida y la mojó. Es posible que en la humedad él encontrase el punto de partida y el destino de esa corriente subterránea, la trama que aviva el suspirar.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-8691638901988979427?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/8691638901988979427/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=8691638901988979427&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/8691638901988979427'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/8691638901988979427'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2010/12/primogenitos-reflejos.html' title='Primogénitos Reflejos'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-2211153124865108883</id><published>2010-11-24T23:29:00.000-08:00</published><updated>2010-11-24T23:50:06.967-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>Los Arrestos de Lucrecia</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;¡Aaaaaaah!... ¡Aaaaaaah!...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Para no escucharte voy a gritar más fuerte que tú! ¡Aaaaaaah!... ¡Aaaaaaah!...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucrecia abrió los ojos y supo que había estado soñando que una voz le gritaba cerca de la oreja: ¡Para no escucharte voy a gritar más fuerte que tú! Tenía los ojos abiertos pero no veía nada, ni la luz del farol que entraba con fuerza por la puerta de vidrio del balcón ni la opacidad brillosa que aquélla ocasionaba en el reloj de pared que estaba frente a su cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto se percató que afuera estaba lloviendo y sobre el vaho que empañaba la puerta de vidrio del balcón, estaba escrito: reconocerte es la ruta donde muere mi furia; carne mía que con tremendo amor ahogas mi ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se espantó, sintió cómo el frío le cerraba los poros de la piel. Sintió un calambre que en la oscuridad es como la ponzoña de un insecto fugaz y horroroso. La invadió el pavor como una impaciencia constipada. Miró nuevamente a la puerta del balcón; nada, no había nada escrito, ni siquiera el vaho. Sólo entraba a la pieza la luz naranja del farol que iluminaba la calle empedrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucrecia, agitada, volvió a abrir los ojos; se incorporó y quedó sentada sobre su cama. Despertarse por segunda vez era sumamente extraño. No recordaba su sueño pero estaba segura que era importante hacerlo; pocas veces en su vida había despertado con la desesperación por recordar lo soñado. Con la linterna que guardaba en el cajón de su buró, iluminó las manecillas del reloj de pared: las 4:30 de la mañana; aún le quedaban un par de horas para dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una clara mañana de verano, cálida también. Lucrecia madre había dispuesto el desayuno sobre la mesa, para que Lucrecia hija no tuviera que esperar mucho antes de irse a trabajar. Empezaron a desayunar sólo las dos, como todos los días entresemana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de horas después, como todos los días, Lucrecia fue ayudar a arreglarse a su esposo que diez años atrás tuvo un accidente en la fábrica y había quedado postrado en una silla de ruedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su pensión no alcanzaba más que para mantener su alcoholismo quincenal y alguno que otro cachivache; sólo tomaba a la mitad y al final de cada mes. Fechas en las que sin excepción recordaba y se lamentaba de no haberse ido con su primo Jesús a Estados Unidos. Allá por los años cuarenta, cuando el programa Bracero, cuando aún los dos compartían la audacia como actitud e ilusión. Fechas en las que recordaba con algo de amargura, que su primo también estaba pensionado con 680 dólares mensuales, y no los cochinos 2 mil 100 pesos mensuales que el Seguro le tenía reservados cada día primero. Más de 20 años de trabajo, igual que su primo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Lucrecia, no puedo más… quisiera morirme… irme lejos… –Dijo el esposo arrastrando la voz y la mirada en el techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Cállate José, siempre con lo mismo cuando estás borracho, solía reclamarle ella con tono y ritmo de contestadora telefónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucrecia, salvo de camino al trabajo y de vuelta a su casa, ya casi no se acordaba de su hermana mayor que había fallecido; según los doctores, de cáncer. Sabía perfectamente que fue de tristeza, la que le dejó la partida de Julián. Lucrecia fue la única que supo de la doble vida de Julián, y la única que vio llorar a su hermana porque él vivía con su familia y no estaba mucho tiempo con ella. La vio doblarse de desamor cuando le contaba que él, estaba con su esposa. Lucrecia jamás entendió cómo fue que su hermana llegó a enamorarse tan enfermizamente de un hombre que jamás la tomó en serio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pensamientos de Lucrecia estaban dedicados casi por completo a Ricardo. La noche previa éste le había propuesto matrimonio. Ella aceptó de inmediato. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En la noche, al llegar a casa y ver a sus padres frente a la televisión, juntos, le pesó que dependieran económicamente de ella, le pesó en su futuro porque no sería fácil dejarlos, aunque les destinara una mensualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escena fue preambular porque sin haber expresado la noticia a sus padres, y de manera inconsciente, Lucrecia estaba empezando a boicotear sus propios sentimientos. En ese espacio que media entre el corazón y la cabeza, ella reproducía y derruía su compromiso matrimonial. La culpa disfrazada de compasión se le aparecía a Lucrecia en la sala, en forma de lástima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay peor/mejor manipulación que la infusión argumental a través de ojos egoístas. La versión más fina de esto ocurre cuando se logra sembrar una idea en otra persona y previamente se ha acondicionado a su alrededor un invernadero; en su versión más burda y precaria, la manipulación se instrumenta por medio de la imposición de una orden al amparo de cualquier autoridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mamá, ¿puedes venir tantito?, tengo que hablar contigo –Dijo mientras se acomodaba en el comedor de la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo te fue en el trabajo?... Ya ni te dije nada, pero asaltaron a Magos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Me voy a casar Mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucrecia se quedó muda al escuchar y Lucrecia se quedó muda al decirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía si felicitar a su hija. Sin duda alguna la noticia la afectaba en diferentes y opuestos sentidos. Pasaron algunos segundos y decidió hacerlo con un fuerte abrazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucrecia se sintió mal. No soportó el abrazo de su madre y empezó a pensar en voz alta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tengo miedo, no sé si vaya a funcionar o a resultar como la vez pasada. Tengo miedo, pero estoy contenta. Creo que puede funcionar –Reflexionaba como quien le cuesta creer lo que dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Piénsalo muy bien, hija. Yo quiero que estés tranquila, serena; que ya nadie te haga sufrir como Fernando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí Mamá, lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué le respondiste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Que sí, que me quiero casar con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ay, hijita…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Qué, por qué lo dices así. Pareciera que estás en desacuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es que te noto muy insegura, hija. Sólo quiero que sepas que siempre vas a contar conmigo, con nosotros, que nunca vas a estar sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras finales de su madre, la hicieron sentirse profanada en su intimidad. Sintió a su madre en su mente, fuera de lugar, pero le pareció a la vez tan familiar la sensación que pronto olvidó esta reflexión. Se fue a despedir de su padre y se metió en su habitación con lentitud, esa que sólo la inseguridad es capaz de proveer, como si se ganara algo con no hacer ruido por la vida, como si el silencio fuera una fuente de sortilegios para perpetuar la tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La decisión que le comunicó su hija fue como un golpe de martillo porque suponía cambios en su vida, en la de su familia, en lo suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Aaaaaaah!... ¡Aaaaaaah!...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Para no escucharte voy a gritar más fuerte que tú! ¡Aaaaaaah!... ¡Aaaaaaah!...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucrecia abrió los ojos y supo que había estado soñando que una voz le gritaba cerca de la oreja: ¡Para no escucharte voy a gritar más fuerte que tú! Tenía los ojos abiertos pero no veía nada, ni la silueta de su marido al lado ni las manecillas fosforescentes del reloj de su buró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto se percató que afuera estaba lloviendo y sobre el espejo de la pared, escrito con lápiz labial, se leía: reconocerte es la ruta donde muere mi furia; carne mía que con tremendo amor ahogas mi ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se espantó, sintió cómo el frío le cerraba los poros de la piel. Sintió un calambre que en la oscuridad es como la ponzoña de un insecto fugaz y horroroso. La invadió el pavor como una impaciencia constipada. Miró nuevamente al espejo; nada, no había nada escrito. Se escuchaban solamente los ronquidos de su marido a fin de mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucrecia, agitada, volvió a abrir los ojos; se incorporó y quedó sentada sobre su cama. Despertarse por segunda vez era sumamente extraño. No recordaba su sueño pero estaba segura que era importante hacerlo; pocas veces en su vida había despertado con la desesperación por recordar lo soñado. Miró su reloj de muñeca con manecillas fosforescentes: las 4:37 de la mañana; aún le quedaban un par de horas para dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una clara mañana de verano, cálida también. Lucrecia madre había dispuesto el desayuno sobre la mesa, para que Lucrecia hija no tuviera que esperar mucho para irse a trabajar. Desayunaron juntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Oye Mamá, no quiero ser grosera, pero no quiero que invites a Julián a la fiesta. Yo sé que ha pasado tiempo, que ahora es viudo, que nos hemos encontrado con él por casualidad, pero eso no es motivo para que lo invitemos a esta reunión –El tono de Lucrecia era represivo y no lo disimulaba con sus gesticulaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pues yo no sé por qué reaccionas así, Lucrecia, ya sabías que iba a invitarlo. Me hubieras dicho con tiempo; la reunión es en dos días –Respondió sabiendo a dónde conducía esa reprimenda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ya sabes lo que pienso de él…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero por qué eres tan rencorosa con él si nosotros nunca hemos sido así con nadie. Él quiso mucho a tu hermana; no se dieron las cosas, pero sí la quiso. Ella era feliz tan sólo con hablar de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mamá, hablas como si el rencor fuera algo malo. Es una reacción bastante lógica después de lo que le hizo a mi hermana, ¿sí recuerdas lo que te dije, verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ay, hija, pero no podemos vivir así por siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucrecia no continuó con la charla y se limitó a darle el dinero a su madre para las compras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Con esto alcanza hasta para los vinos; seremos sólo siete personas –Lucrecia se dio media vuelta y salió de la casa sin despedirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puso el dinero sobre la mesa ni sobre el televisor como acostumbraba; se lo puso en la palma de la mano. Era una instrucción sorda, pero estruendosa para Lucrecia. Cerró su mano al sentir los billetes y las monedas, con un gesto de anémica frustración, similar al conformismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un juego, su juego; el juego de las Lucrecias. La manipulación era el pretexto para seguir expresando erráticamente soledades que a Lucrecia madre le venían del pasado y a Lucrecia hija, del futuro. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-2211153124865108883?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/2211153124865108883/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=2211153124865108883&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2211153124865108883'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2211153124865108883'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2010/11/los-arrestos-de-lucrecia.html' title='Los Arrestos de Lucrecia'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-2037005472637945412</id><published>2010-09-25T19:31:00.000-07:00</published><updated>2010-09-25T22:01:01.633-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Versos'/><title type='text'>Tu Aroma y tus Sedas Marrones</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Tu aroma es un éxito de la naturaleza,&lt;br /&gt;que aprueba el desborde de tu pasión;&lt;br /&gt;también prestidigitador que reta mis destrezas&lt;br /&gt;en las artes para estimular tu flor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu aroma me inventa como el destinatario&lt;br /&gt;ignoto que cursa tus sedas marrones.&lt;br /&gt;Mi amor trasmina el desaliento del sedentario;&lt;br /&gt;lacta mi hombría por tus corredores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extiendes tu sensualidad por tus brazos y tus piernas;&lt;br /&gt;El futuro es difuso en la cama.&lt;br /&gt;Tus labios son pinceles, la luna es tu acuarela;&lt;br /&gt;hoy mi cuerpo es tu lienzo; pinta en él las secuelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú te mueves y descansas inmanente a mi pieza.&lt;br /&gt;Yo ensayo sobre tus sedas marrones.&lt;br /&gt;Sos impasible y tormenta; luego, húmeda tierra;&lt;br /&gt;el remanso de mis avatares cada que despiertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu aroma es un éxito de la naturaleza,&lt;br /&gt;que aprueba el desborde de tu pasión;&lt;br /&gt;también prestidigitador que reta mis destrezas&lt;br /&gt;en las artes para estimular tu flor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu aroma me inventa como el destinatario&lt;br /&gt;ignoto que cursa tus sedas marrones.&lt;br /&gt;Mi amor trasmina el cansancio de los sedentarios;&lt;br /&gt;lacta mi hombría por tus corredores.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-2037005472637945412?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/2037005472637945412/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=2037005472637945412&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2037005472637945412'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2037005472637945412'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2010/09/tu-aroma-y-tus-sedas-marrones.html' title='Tu Aroma y tus Sedas Marrones'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-2727231360443316705</id><published>2010-09-16T12:28:00.000-07:00</published><updated>2010-09-16T17:57:53.363-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>El Síndrome de la Tortolita</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Voy caminando por las calles empedradas de la ciudad de Guanajuato. Calles de subida y de bajada. Voy llegando al cruce de Camino Lotario y Municipio libre, doblo a la izquierda sobre ésta. Llegamos a esta ciudad hace más de 80 años; esto sólo eran laderas verdes. Al finalizar, giro a la derecha para agarrar Avenida Ashland. Acá murieron mis padres, mis hermanos y mi esposa, a quien conocí en San Miguel. Casi llego al Parque de las Ranas; esta calle tiene una pendiente bastante inclinada y en descenso; por fin llego, Avenida Miguel Hidalgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suelo venir todas las mañanas a caminar por la vereda que rodea al parque. De viejo, uno se acostumbra a tantas cosas con demasiada facilidad. A las señoras que vienen a ejercitarse y que al verme pasar me sonríen o saludan, pero con quienes jamás logro platicar. O aquel joven que siempre está corriendo y viendo su reloj, y que nunca me mira. Las gorditas, madre e hija, que nunca empiezan a correr y nomás se la pasan caminando alrededor del campo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre tanta cosa que uno puede ver en el parque, perros, zanates, ardillas y demás, lo que más llama mi atención son las tortolitas. Desde niño, en Guadalajara, las miraba, pero sólo significaban aves que comían y volaban; hoy, advierto en estos animalitos muchas más cosas que su simple forma graciosa de caminar. Con base en años de observación, he logrado descubrir cierto sistema en su comportamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las tortolitas caminan y caminan como si estuvieran calibrando la calidad de recepción de un radar interno. Sus miradas no ayudan mucho a deshacerse de esta impresión, porque parece que un hilo invisible las ata al mundo que las circunda; miradas que rara vez son interrumpidas por un parpadeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo interesante sucede cuando, por alguna desconocida razón, las palomas se enganchan de algún objeto en movimiento; una vez que lo detectan y que les interesa, avanzan hacia él. Pareciera que pretenden ser sagaces cazadoras y mientras más se acerca el objeto elegido, más apresuran su paso que no por rápido deja de ser gracioso. Luego la velocidad se les sale de control y más que avanzar con prisa lucen precipitadas, como si un apéndice de la fuerza de gravedad las dominara. Cuando la colisión parece ineludible, abruptamente lo esquivan y se alejan ilesas, como si fueran las víctimas de una confabulación urdida bajo la frágil penumbra de que es capaz una persona, casi al mediodía. Se alejan espantadas y salvadas, casi agradecidas de lo que ellas mismas iban a provocar. Buscan su miedo para reafirmarlo y confirmarlo; no lo niegan, no lo esconden, no lo curan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No son muchas las cosas que puedo hacer a los 87 años de edad, pero de las pocas con que aún me licencia la vida, es poder observar y creer que sigo aprendiendo. Cosa curiosa, en los viejos la duda es una virtud; en los jóvenes, una inseguridad. La juventud, la infancia, son recuerdos como de otra vida. Como si mi niñez me la hubiera leído mi madre en aquel libro que siempre tenía en mano cuando me llevaba a dormir, y que jamás pude leer. Alcanzo a recordar su cara y sus ojos mirándome; la luz de las velas iluminando su rostro, pero no recuerdo sonidos, olores, o el tacto de sus manos sobre mi frente y pelo, sólo recuerdo esa mano posándose ahí; de eso ya no hay rastros en mi vida. Ni siquiera siento nostalgia, sólo el puro pensamiento. Únicamente cuando alguno de mis hijos o nietos me preguntan por ella, es cuando las remembranzas se iluminan un poco y logro recordar sonidos o alguno que otro detalle. Quizás no, quizás sólo sea el efecto de la alegría que me da cuando los veo interesados en mi pasado. Decir el nombre de mi madre en silencio o hablarlo frente a mis nietos es algo totalmente distinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios mío, ¿qué soy yo?, un viejo de 87 años que a veces se olvida hasta de su cumpleaños. Cansado de caminar y de los caminos empedrados; cansado y descansando en este columpio que sirve para divertir niños que tienen tanto por vivir. Ahora los jóvenes se suicidan; en mis tiempos eso no pasaba, son males que trajo este nuevo siglo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte, morir. Hace años que no me enfermo. A veces pienso que me voy a ir de un solo jalón. Casi todos mi amigos se fueron poquito a poco. José y su dicho: “si el agua destruye puentes y caminos, qué no hará con mis intestinos”, previo a cada borrachera que se ponía. Lo hacía parecer tan fácil. El único que se fue de una sola vez fue Artemio y eso por tanto deber en el juego; lo mataron. Y yo me quedé viejo y solo, cada vez más terco, cada vez más ingenuo; porque a los viejos es casi imposible que nos convenzan de algo, pero sumamente fácil que nos engañen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte, morir. Hace años que no me enfermo. A veces pienso que me voy a ir de un solo jalón. No me da miedo, pero a veces pienso que eso de irse a cuentagotas es mejor porque a uno le da tiempo de irse despidiendo, de irse haciendo a la idea; que los demás se vayan preparando, pero irse de sopetón; así, sin avisar. Nula justicia de un fin así, para una vida tan saludable como la mía; sin embargo, lo prefiero al dolor constante que gestiona con urgencia la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte, morir. Hace años que no me enfermo. A veces pienso que me voy a ir de un solo jalón. Siempre llego al mismo lugar: mi muerte que parece tan ilusoria como mi lejana infancia. No tengo ya de dónde agarrarme. La muerte, morir. Hace años que no me enfermo. A veces pienso que me voy a ir de un solo jalón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a sacar la foto de mi nietecita.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Puta madre, otra pinche vueltecita y dejo de correr. No logro recordar cuánto dura esta canción de &lt;em&gt;Rx Bandits&lt;/em&gt;, pero creo que eran casi siete minutos. Ya, con esta vuelta entonces llevo corriendo más de 15. A ver… méndiga tortolita, hazte a un lado… ¡no te cruces, no mames!…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A ver chavo, deja te ayudo a levantarte. ¿Qué onda, estás bien? –Me pregunta este señor, preocupado; parece que no vio que evité pisar a la tortolita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, gracias amigo. Lo que pasa es que por no pisar a la tortolita, me hice a un lado sin perder el paso, y pise mal este borde y me caí –Le respondo sin decirle que estaba sintiendo inflamado mi pie izquierdo. En unos minutos me empezaría a doler, pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué doy tantas explicaciones? Seguramente para que este tipo se le ocurra preguntarme si me lastimé y poderme quejar con amplitud. El tipo se va y yo cojeo hasta llegar a unos columpios; en uno de ellos está un señor ya grande. Se parece al actor Eli Wallach. Lo miro, pero no deja de mirar una foto. Ni se inmuta por mi presencia, ni sabe que estoy lastimado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez me deba tomar el día, es viernes y para el lunes ya estaré sano de mi pie. Estas torceduras son latosas, no dejan trabajar en paz, son una distracción y ahora con las bases de datos no me puedo dar el lujo de trabajar distraído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo malo es que andan recortando personal, pero no creo que me toque. No es que sea Imprescindible, pero casi-casi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mejor le voy a hablar a Silvia que hoy no voy a trabajar, para que se venga. Son casi las doce; de León acá es hora y media. Aunque con esta pata mala… Bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedarme sin trabajo, desempleado. Al chavo que vino de México lo cortaron por purito capricho de Leonel. No me llevo bien con él, pero no creo que empiece a utilizar esta tercera falta en el semestre como excusa. Soy gente del delegado regional, un hombre del sindicato magisterial, prácticamente intocable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Jefatura de Prospectiva, buenos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hola Claudia, soy yo. No voy a ir a la oficina, estoy enfermo. Sólo te pido que le comuniques a Constancia si no hay problema, y después te vas a mi PC; cuando estés en Excel, me marcas al celular, ¿vale?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Muy bien licenciado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia. ¿Cómo te fuiste a enamorar de mí? Estás casada y estás sola. ¿Por qué no me enamoré de ti? Para qué me hago güey, sólo la quería enamorar y lo logré y aún así no es suficiente. Podría querer que deje a su marido, que se venga a vivir conmigo, ¿y luego qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la secretaria de Leonel que es más coqueta que las de Rebelde. Pero no, ese pollo es del él; ahí sí con todo y mis contactos se iría sobre mí, el perro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El siguiente pinche sexenio voy a estar más cerca de la dirección general, ¡agüevo!, me cae.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedarme sin trabajo, desempleado. Eso no puedo permitirlo. No puedo desaprovechar mis contactos; mi tío es íntimo del delegado, no. Tal vez no sea tan buena idea dejar de ir a la oficina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo tengo que apretar el botón para que Silvia venga. Sólo tengo que apretar el botón para decirle a Claudia que voy para allá. Quedarme sin trabajo, desempleado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace tiempo estuve dos años y medio sin poder encontrar empleo. A veces uno se pregunta de qué sirve estudiar cuando lo que se busca es dinero. Claro, parece una pregunta recurrente en los estratos sociales medio y bajos. En los altos segmentos socioeconómicos el estudio es una herramienta para consolidarse; en los medios y bajos, un utensilio para este alpinismo, nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Claudia, olvídalo; voy para allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pablito tenía cinco años, le gustaba correr en el parque, le gustaba mecerse en el columpio; le encantaba subirse a la resbaladilla, pero no por las escaleras como sus amigos, sino por la propia resbaladilla resbaladiza. Pablito no iba a la escuela. Se la pasaba con su madre todo el día. Pablito disfrutaba mucho, pero había una cosa que dejaba para el final de sus juegos matutinos: la persecución de tortolitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era divertidísimo para él intentar agarrar una. En varios meses de práctica, sólo una vez lo había conseguido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera cuestión grave que Pablito se planteó en su vida fue: ¿si yo ya puedo correr y estoy más grande que la tortolita, por qué no puedo alcanzarla? Si él asistiera a la escuela o su madre se preocupara por leerle algunos cuentos, seguramente hubiera aprendido algunas palabras más y sus significados, que le pudieran ayudar a razonar que no era una cuestión de velocidad, sino de habilidad. Pablito podía intuirlo, algo en su cabeza le decía que algo faltaba para alcanzarla, algo que no conocía. Era cuestión de tiempo, experiencia o de palabras, conceptos y razonamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pablo, no te alejes tanto que no puedo verte –le grito su madre desde la tienda que atendía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablito estaba persiguiendo una tortolita y luego otra y otra. No lograba tomar ninguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te agarro. Me agacho. No. Así. No. Así. Ya casi. Ven tortolita. Ven. Ay. Me canso. Déjate alcanzar. Ya. Sí. No. Pasto. Tierra. Sus patitas muy rápidas. Es más rápida. No puedo. No quiere. Me canso. Ven tortolita. Mejor otra. Ven tortolita. Ya casi. Ay. Me pegué. Me duele. No está Mamá. No lloro. No está. Me arde. Corro. Te agarré tortolita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sorprendió Pablito. Sin necesidad de aprender otras palabras, conceptos y razonamientos, su cuerpo y su mente lograron entender qué hacer para agarrar a las tortolitas. Es increíble ver el momento del aprendizaje; la aprehensión misma en su devenir. Ocurre como un milagro de la naturaleza. La narración de ese hecho empobrece el acto; únicamente me arriesgo a decir que vi a Pablito aprehender su método para agarrar tortolitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él soltó a la tortolita, pero se veía seguro de ello y persiguió a otra y logró agarrarla también. No únicamente aplicó velocidad, sino que aprendió a usar un movimiento de cadera con el que lograba adelantarse a la tortolita en cuestión, cuando esta cambiaba abruptamente de camino. Pero además, aprendió a correr un poco en cuclillas, lo cual evitaba que perdiera tiempo en agacharse; cedía algo de velocidad a cambio de acortar un poco la distancia. Pero también pasó algo inaudito, por lo menos inesperado para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablito estuvo agarrando cuantas tortolitas se propuso. Pronto, se dio cuenta que su madre no lo estaba mirando y se fue corriendo a la tienda. Al llegar, abrazó a su madre, le rodeó las piernas con sus bracitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué pasó hijo, pudiste agarrar alguna?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No mamá, quiero que tú me veas con ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Está bien, mi amor; el domingo que no trabajo venimos y jugamos con ellas, ¿está bien? –le respondió ella amorosamente, mientras le decía a un cliente, que se le había caído una foto al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pablito, dale esa foto al señor, mientras voy a cambiar este billete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A ver niño –Le habló el señor con una gran sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Debes tener la edad de mi nieta, es la de la foto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Sabes?, deberías decirle a tu madre lo que aprendiste hoy. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-2727231360443316705?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/2727231360443316705/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=2727231360443316705&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2727231360443316705'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2727231360443316705'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2010/09/el-sindrome-de-la-tortolita.html' title='El Síndrome de la Tortolita'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-4429818885563687839</id><published>2010-09-05T20:59:00.000-07:00</published><updated>2010-09-11T13:26:57.075-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>El Barrio</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Llegué tarde… pero ya estoy aquí.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Estar en el barrio era cabrón; crecer en el barrio estaba más cabrón. En el barrio eras puto o eras chingón y si te dejabas hacer el iris no te bajaban de pendejón. Así de cerrada era la alternativa de ser, como cerradas eran las calles al caminarlas si querías pasarlas; su achicamiento me sorprendía; las paredes y cortinas de metal se te iban encima si intentabas escapar. Las calles de ciertos barrios, una vez que te han mojado, no te dejan volar más allá del vecindario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barrio siempre dejaba lecciones, pero había pendejos que nunca las entendían y astutos que las sabían aprovechar y, muy de vez en cuando, lograban escapar de la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el barrio no se crecía, ni se obtenía respeto o se inspiraba temor con el paso de los años; a éstos se los tomaba de volada, se los amachinaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy el menor de tres hermanos; Joaquín y Osvaldo, a pesar de ser los mayores, no eran más altos que yo; no en el tiempo en que yo empezaba a juntarme con los valedores de la cuadra. Yo era gordo y lento, a diferencia de ellos que iban al &lt;em&gt;Gym&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día que jugábamos fútbol en la calle, me tenían de portero porque era muy torpe con las patas. Un vale del equipo rival, al que le decíamos el &lt;em&gt;Botana&lt;/em&gt;, se acercó muy rápido y cerca de mí disparo a portería; no tuve tiempo de meter las manos y me dio en la cara; me ardió muchísimo el cachete izquierdo. Disparó tres veces más y todas pegaron en mi cuerpo; fui incapaz de instrumentar respuesta con mis brazos, había sido fusilado, pero el cabrón no metió gol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedé abatido y batido en la calle, entre las dos piedras que marcaban la portería. Los de mi equipo fueron por mí. Pensé que se burlarían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pinche &lt;em&gt;Montoya&lt;/em&gt;, ahora sí te la rifaste, pinche gordito… –decía alguien, pero no sabía quién porque todos se empezaron a amontonar en torno a mí. Al final me hicieron bolita, pero desde esa tarde todo empezó a ser diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche, mis carnales me dijeron que para pararle los cañonazos al &lt;em&gt;Botana&lt;/em&gt; había que tener güevos. Me miraban como si hubiera pasado con diez todas las materias de la escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro día mis valedores ya no me cargaban calor, de hecho hubo mucho silencio porque siempre yo era el blanco de la carrilla. Entonces, alguien más empezó a ocupar ese detestable lugar. Incluso el &lt;em&gt;Botana&lt;/em&gt; me empezó a saludar; antes ni me miraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro o cinco años después, el &lt;em&gt;Jaramo&lt;/em&gt; era el nuevo líder de la cuadra; al &lt;em&gt;Botana&lt;/em&gt; lo habían matado en una riña afuera de un congal que estaba cerca de la casa. A mí se me había quitado lo gordo y me había puesto mamado. Mis hermanos se habían ido de mojados a Houston, al gabacho. Por la fama que dejaron en el barrio, conmigo nadie se metía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra tarde jugábamos fútbol, el chavito que era nuestro portero estaba más güey que yo, pero no había otro. Al despejar, voló la pelota a una casa abandonada. El pobre tenía la cara toda asustada, estaba muy nervioso y ni modo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Órale pinche &lt;em&gt;Ardiles&lt;/em&gt;, lánzate por la pelota! –gritó el &lt;em&gt;Jaramo&lt;/em&gt; fuerte y muy serio, mientras nos veía a todos dijo: –¡Y que nadie le ayude!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pobre &lt;em&gt;Ardiles&lt;/em&gt;, no sabía ni qué hacer. Ahí estaba paradito y lastimándose las manos con la reja sin poderse aferrar a las varillas sueltas para empezar a escalar la verja y luego saltarse al otro lado. Estaba muy alto para él, con sus bracitos enclenques. En eso agarré y me levanté; fui hasta donde estaba el chavito. Entrelacé mis dedos con las palmas hacia arriba y formé un escalón: –Vas &lt;em&gt;Ardiles&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto aventó la pelota desde el otro lado de la reja, y su regreso ya fue más fácil, porque agarró confianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bronca fue que al voltear a ver dónde caía la bola, sentí un puñetazo en la cara; el &lt;em&gt;Jaramo&lt;/em&gt; se me abalanzó. Pues cómo no, si no lo había obedecido. Me le dejé ir y por puro instinto le acomodé dos o tres guamazos en su cara, pero al final me surtió bien chido. Me partió los labios y me dejó el ojo de cotorra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuevamente todo cambió. Ya no se metían conmigo sólo por ser hermano de &lt;em&gt;Joaco&lt;/em&gt; y de &lt;em&gt;Oz&lt;/em&gt;, sino porque me había peleado con el &lt;em&gt;Jaramo&lt;/em&gt; y, como decían mis hermanos mayores: hay que tener güevos para eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso varios chavos me empezaban a seguir o me preguntaban que qué hacíamos; pero no, el &lt;em&gt;Jaramo&lt;/em&gt; seguía siendo el líder; además, nos hicimos amigos desde esa pelea que tuvimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche nos cambiamos de casa porque mi madre se casó con un señor muy educado y de buena posición socioeconómica. Vi que quería mucho a mi madre y lo empecé a admirar por otras razones, también empecé a imitar sus reacciones y razones. Mi vida cambió por completo. La casa a donde nos fuimos a vivir era muy grande y estaba ubicada en una colonia diametralmente opuesta, en todos los sentidos, a la del barrio donde me crié. El ambiente escolar también fue distinto; mucho mejor. Tuve compañeros y amigos muy diferentes. Años después me di cuenta que era uno de esos &lt;em&gt;juniors&lt;/em&gt; que tanto criticábamos en la infancia mis hermanos y yo, cuando estábamos sentados en los parques cercanos a la casa. Dejé de utilizar las palabras de la calle, el caló, las señas; muchos códigos y los sitios de reunión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre vivió sumamente contenta todo este cambio; nunca la había visto así desde que mi padre vivía con nosotros. Mi padrastro fue muy buena persona con ambos. A mí me pagó los estudios; incluso financió parte de los viajes para estar ahora frente a esta universidad londinense con la carta de aceptación en mano, en esta fría calle Portugal, frente a la Waterstones bookstore.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del barrio conservo las lecturas de la vida y de la gente; nunca olvidaré que en la callé aprendí a leer los rostros, los ademanes y las gesticulaciones; mejor aún, los tonos de la voz y el movimiento de los pies. La traición o la mentira no tienen olor, pero son tan pesados, complejos y sofisticados que, por esta composición, comportan demasiada arrogancia, y por ello son fácilmente identificables. Si uno sale del barrio, no lo hace ileso. Éste enseña, pero también induce muchos vicios; uno de ellos es el miedo en su forma más mordaz y tenaz: la desconfianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía, cuando voy caminando por ahí y alguien grita “¡Ese &lt;em&gt;Montoya&lt;/em&gt;, chinga tu madre!”, por alguna lejana y emotiva razón, aunque sé que no se refieren a mí, suelo voltear con lentitud sin sentirme aludido; en ese trayecto muscular, mientras mis pies avanzan y mi cabeza gira hacia atrás, mi cuerpo se va convirtiendo en la abrupta y fugaz charnela de dos mundos que se distancian cada vez más y más… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-4429818885563687839?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/4429818885563687839/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=4429818885563687839&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4429818885563687839'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4429818885563687839'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2010/09/el-barrio.html' title='El Barrio'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-4670937755764407189</id><published>2010-08-29T16:13:00.000-07:00</published><updated>2010-08-29T16:58:27.732-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>El Jazz de Heráclito García; Ensayo</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Heráclito García caminaba, como todos los días, para llegar al trabajo mientras pensaba cosas y en situaciones increíbles, porque sentía que en su vida lo que prevalecía era lo contrario: lo posible, imaginable, hasta lo probable. Semanas atrás había aprendido a vivir sin unos cuantos complejos, mismos que le habían servido para interactuar con los demás aunque de una manera deficiente si lo que pretendía era comunicar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos actos signaban su vida desde el pasado hondo de su juventud. Él pensaba que eran hechos aislados, pero esa impresión no era más que una estratagema de su miedo que podía resumirse así: “Era maestro de música porque tuvo miedo de realizar su amor”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No temió al rechazo ni a la aceptación; simplemente desconfió, dejó de creer en Carolina. Ni siquiera tuvo dudas; fue un giro abrupto, un argumento de su soledad para materializar un fracaso ¿sorpresivo? Ya era el miedo por el miedo; éste se le había convertido en un artefacto casi voluntario. Hay momentos en los que el miedo precisa de situaciones y objetos para manifestarse; empero, cuando se independiza de aquéllos, es cuando empieza a mediar y justificar lo actitudinal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esto fue hace muchos años, tantos que ya no quedan rastros tangibles en su personalidad y forma de conducirse. Hay otro suceso que marcó su vida para siempre y que probablemente sin él, Heráclito ahora sería un ermitaño que ni siquiera aspiraría a ser nombrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía que el auditorio estaba lleno; ya había interpretado dos piezas. Ahora todo dependía de 15 minutos más. Por aquel tiempo conoció a Carolina. En la segunda cita, se dejó arrebatar por la audacia y la besó y pasó la noche con ella. La pieza que iba a interpretar era de su autoría y aunque el tema no era ella, no había nota ni rincón del pentagrama que no estuviera humectado de esa chilena pelirroja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras subía al escenario, tuvo una idea. El segundo movimiento era demasiado lento y no confiaba más en él. En el tercer escalón decidió omitirlo e improvisar. Se jugaba todo el certamen, el prestigio que empezaba a construir. Recordó la primera vez que tomó una guitarra, cuando su madre le enseñó a tomarla. Sintió nuevamente la tensión de la sexta cuerda, el dolor en las yemas de sus dedos y en sus muñecas. Terminó de ascender los escalones y caminaba por el escenario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los acordes, los arpegios, el truco para ahogar el sonido de la primera o segunda cuerdas al intercambiarlas indistintamente, en un movimiento brusco. El contrapunteo, la escansión y la cuerda que casi se rompió. Fue estruendoso el aplauso recibido. Supo que aunque no ganara el concurso, era ya el mejor guitarrista en esa gran sala, incluyendo a los del jurado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Heráclito García ya estaba cerca de la vieja Escuela Nacional de Música y se detuvo un rato frente a ella para terminarse su cigarrillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes años a la ruptura con Carolina, no hubo una conexión nítida entre ese pasado y lo que fue Heráclito después. Él lo sabía, pero no abundaba en eso porque era meterse en honduras no aptas para el silencio con el que había decidido vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo cambió la última noche de agosto de 2008 cuando, desde la ventanilla de su auto, vio a Carolina caminando por la calle. No iba sola, pero eso no le importó; lo conmovió no tener los arrestos para mirarla. Se sintió invadido por una cobardía ajena. Por fin se dio cuenta de que se había equivocado, que 20 años era mucho tiempo, pero que no era toda su vida, y que si aún tenía un día más de vida, sería suficiente para intentar el cambio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde esa noche tomó la costumbre de pensar en cosas increíbles, fantásticas, complejas; también desde esa noche se volvió más predecible. Aún no sabía que en el territorio de la simpleza se pasea la maravilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó a asistir a sesiones con una psicoanalista. Le tomó mucho tiempo comprender que entre la improvisación en el concurso de guitarra y la desconfianza que antecedió a la ruptura con Carolina, había tantas cosas por revisar y que aquéllas no eran más que las fronteras con las que desde entonces había limitado su vida; aún más, que se trataba de un sólo síntoma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se empezaba a enojar con mayor facilidad; eso le agradaba porque suponía una respuesta, una sensación que había desaprendido en todo ese tiempo. Luego se dio cuenta que su terapeuta le había enseñado a leer y escribir con un lenguaje distinto, que no había sospechado. Supo que la improvisación en el concurso y la desconfianza que sintió por Carolina, venían del mismo lugar. Fueron rumores del mismo viento: el miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Heráclito se quedó pasmado. Fue como detenerse y descubrir que del cielo ha caído un megalito y a penas se hubiera salvado de morir aplastado. Dio varios pasos para atrás, para poder cuantificar y calificar lo que estaba observando. A medida que retrocedía, la enorme piedra iba adquiriendo diferentes significados; de pronto, la advirtió como un sistema complejo y que varias incógnitas tenían solución múltiple. Alcanzó a distinguir alfabetos que no requerían de fonación alguna. Identificó varios aromas del pasado, de aquel dulce de higo que preparaba la abuela, de aquellos gases que tuvo su primera novia cuando se enfermó. Mientras más se alejaba, el megalito se iba descomponiendo hasta que quedó sólo una lente de cristal impecable, y empezó a ver la vida con ésta. Luego, se dio cuenta que él era esa lupa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos noches atrás, estuvo en una reunión y no supo ser “él” porque ya no era más “él” porque “él” se había vuelto una palabra que ya sólo apelaba a quien había sido hasta hace poco. Fue incapaz de relacionarse con viejos amigos porque lo había venido haciendo por medio de los complejos del miedo. Había aprendido, sin estar consciente de ello, a afianzar sus amistades con los andamiajes del temor. Como aquella noche en la terraza cuando creyó que le expresaba su admiración a uno de sus colegas, en realidad le estaba comunicando de una manera tangencial y eufemística, que le tenía pavor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Eleazar, amigo, ¿cómo has estado, cómo va la nueva producción? –le dijo mientras le estrechaba la mano e inclinaba un poco la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–De maravilla, García. Estamos trabajando con la Filarmónica de la UNAM… No, no, no… te va a encantar, maestro; te mandaré el cd por correo. Deja voy por un trago y regreso –Heráclito se despidió con esa especie de patética reverencia con que solía saludar y despedir, sólo a sus colegas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no ocurría más eso. Las sesiones con su terapeuta si bien le enseñaron una nueva lectura de la vida, también le quitaron el instrumento con el que solía relacionarse y vivir. Esa noche aprendió que la trama es más interesante que el desenlace; que importa conocer, pero aún más la variedad con que se conoce. Sin el miedo de por medio, muchos de sus amigos le parecieron insulsos; otros, unos patanes. Al final, únicamente disfrutó de la compañía de dos de ellos, porque entendió que la admiración parte del reconocimiento propio y del otro, y no de una categorización ajena y circunstancial, que está más cerca de la mitificación. Se seguía enojando con facilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche creyó enamorarse; conoció, casi al salir de la reunión, a una mujer casi totalmente diferente a Carolina, pero no fue así. Lo que ocurrió es que los ojos y mirada de esa mujer fueron para él, ahora sí “él”, como cuando se riega la tierra seca, y al cabo de unos segundos, lo que parecía inerte empieza a desprender un ancho aroma que con fuerza respiramos esperando que nos inunde el alma y el cuerpo; olor del que sabemos la fórmula para lograr y sin embargo no lo hacemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche creyó enamorarse, pero no, simplemente sintió y empezó a reconocer su pasión. De alguna manera esos ojos y esa mirada le devolvieron la pasión por componer, por inventar. Ver una mujer hermosa sin el miedo como instrumento de aproximación fue el acto más simple y sensible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fue a su casa. Antes de dormirse había decidido dos cosas, componer un jazz y renunciar a la escuela de música. Le costó algo de trabajo conciliar el sueño. Tenía demasiadas ansias por interpretar nuevamente ese jazz azulado y de darle la carta de renuncia al director que, por lo demás, no le caía nada bien en los últimos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entrada la madrugada se despertó, y por primera vez en su vida se carcajeó de haber sido descalificado del certamen por omitir todo un movimiento e improvisar sobre el escenario. También, por vez primera, lloró como un escolar la pérdida de Carolina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apagó el cigarro en el tacho de basura en la entrada de la escuela; vio el árbol de jacarandas y el naranjo, imponentes; se acordó del tango y fue empezar de nuevo otra vez.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-4670937755764407189?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/4670937755764407189/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=4670937755764407189&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4670937755764407189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4670937755764407189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2010/08/heraclito-garcia.html' title='El Jazz de Heráclito García; Ensayo'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-7503057465510801679</id><published>2010-03-21T23:08:00.000-07:00</published><updated>2010-03-21T23:12:14.729-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>MIÑOL Y LA REALIZACIÓN DE LA CONTINUIDAD</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center; font-family: arial;"&gt;I&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«Eso es, la continuidad como una expectativa y no, una justificación del pasado; como un tramo de esperanza y no, de melancolía; como un recurso ante la muerte y no, ante el hubiera-sido».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Esta forma del solipsismo habitaba los pensamientos de Prat, Plutarco Prat. Hombre de 52 años. Periodista que colaboraba regularmente en un diario de izquierda. No era muy dado a ese tipo de pensamientos, pero solía tenerlos en momentos de gran tensión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Su hijo, Alfredo, recién le había comunicado que iba a casarse dentro de tres meses. Para Prat, la noticia no significaba sorpresa alguna; lo que lo tenía a punto de enroque era el nombre de Magnolia; más que su nombre, sus significados, sus consecuencias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;14 años sin verla, sin saber nada de ella, salvo los datos y señas que Alfredo continuamente le daba: se fue de viaje, está enferma, cocinó tal cosa en Navidad. Saber de ella mediante la lejanía era algo similar a escribir en el diario que el mundo estaba peor, es decir, seguiría viviendo con dos o tres cargos de conciencia y nada más. Pero saber que la vería de nuevo, eso sí cambiaba las cosas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«La realización de la continuidad. ¿Por qué nos cuesta trabajo aceptar que el capitalismo ha fracasado? Cuando ocurrió con el socialismo, bastó con difundir la sentencia y ese sistema ya estaba enlatado. Claro, nosotros estamos de este lado del telón de acero. ¿La realización del capital es la ganancia y/o garantizar su proceso en el mediano y largo plazos?».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«Por principio de cuentas el socialismo y este tipo de corrientes de pensamiento, fueron una respuesta teórica al capitalismo, con algunas experiencias europeas. Éste, en cambio, fue o ha sido parte del devenir histórico. Las fuerzas sociales, las relaciones de producción y las distintas integraciones de los regímenes políticos, han desembocado, primero en el mercantilismo y después en esto que llamamos capitalismo».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«Nada nuevo, sólo que los sistemas de producción crean y se recrean con la cultura; pequeño detalle que no consideraron o que subestimaron los teóricos del socialismo: ¿Cómo instaurar un sistema económico que no guarda armonía con la cultura de sus propulsores? En otras palabras: ¿Cómo pretender que individuos formados al amparo de instituciones como la propiedad privada, la competencia y el usufructo, se adapten, de buenas a primeras, a un sistema económico que se funda en la igualdad de recursos, competencias, oportunidades?».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–¡Però quines merdes estic pensant! –Gritó mientras súbitamente se levantaba del asiento–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Raras ocasiones a Plutarco se le salían las palabras que de niño le escuchaba a su padre, inmigrante que llegó a México a finales de la década de los años treinta. Prat estaba ofuscado porque en su vida sólo había conocido a una persona capaz de hacerle perder los estribos en un pestañear: Magnolia. Después de tantos años, otra vez lo provocaba desde ese lugar indefinido que por comodidad llamamos distancia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Ya no podía dejar de pensar en ella, en que la vería de nuevo, a pesar del empeño por escribir algo para el diario. El asunto que más lo distraía era el aspecto. ¿Ella, cómo luciría ahora, después de tantos años; qué impresión tendría ella de él? Prat se acercó al espejo y se miró de frente y perfil; sumió su discreta panza e inflamó su pechó con un profundo respiro. Fue hacia el minibar por un whiskey.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«–Hey, Miñol, baja y ven que te escribí algo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–No, dime un catalán y voy –Dijo ella con tono retador–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Manoteando con la diestra y sin dejar de mirarla, Plutarco la instruía –¡Pero, ostia, Magnolia, ya te he dicho que es mi padre quien nació en Cataluña, no yo!–&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Me da igual, si no me dices algo en catalán, me meto a la casa–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Farem l'amor aquesta nit–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Ay, Plutarco, lo dices tan bonito; bueno, nos vemos mañana–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Espera Miñol, espera. Te escribí un poema; baja para que te lo recite al oído. Voltéate, y pega tu espalda a mi pecho.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Oye, pero ese no es tu pecho ni esas mi espalda –Alcanzó a susurrar con malicia–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Calla y cierra los ojos–:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Vendré a buscarte, no para decirte sino para ser nocturno timonel&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;en tu clara barcaza de huesos y piel&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;que son mi patria y ya no Castelldefels.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Vendré a tus manantiales a experimentar esa maculada turgencia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;llénarme de ti, y disipar mi ausencia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;con los murmullos nocturnos: concupiscencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Esta noche haré de tu espalda el arco extraviado de mi Cupido&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;dejaré en tu vientre fermentar mis retiros&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;hasta entregarme a actos ya sin sentido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Esta noche ocultará nuestra ópera prima, en un arranque de celos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;porque lo que tú y yo daremos en un desvelo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;a ella le costó la luz del Big bang, su estreno.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–ens veiem en la nit, Miñol&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–¿Qué cosa, amor?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Que nos vemos en la noche–».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Al terminar de evocar esa parte de su pasado, le dio un último trago a su whiskey; se sirvió otro. Recordó que esa noche Magnolia quedó preñada; se acordó de lo nerviosos que estaban los dos en la habitación. También, que prolongó demasiado el cachondeo, pero no por pericia sino por retardar el momento de la desnudez; su primera vez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Plutarco se sirvió otro whiskey, mientras con la mirada repasaba y buscaba un libro en el anaquel. Creyó ubicar lo que buscaba; se acercó y extrajo un volumen de pasta dura y negra. Era un libro de poemas. Se dio vuelta y se fue a sentar al sofá.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«En realidad no quería casarme con Miñol; estaba enamorado de ella, pero no quería casarme. En aquel entonces empezaba a creer que eso del matrimonio era una intromisión del Estado en la vida privada. Una forma de legalizar la apropiación de una persona, misma que justificaba y predisponía a los involucrados a la competencia: por una casa, por un auto, qué se yo; todo ello redituaría (el usufructo) en un estatus social».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«Pensaba en el paralelismo entre el matrimonio y el capitalismo. Empecé a dedicarle más tiempo a esas reflexiones que a Miñol. El hecho de que nuestros padres nos obligaran a casarnos, no afectó nuestro amor, pero tampoco lo fomentó. Creo que siguió existiendo, pero a la deriva; no sabíamos querernos como marido y mujer, seguíamos siendo un par de novios encerrados en una rutina matrimonial que nos ahogaba. Poco a poco el deseo fue cediendo terreno a la ternura que me empezó a despertar la maternidad de Miñol, sus pies hinchados, sus nauseas, sus antojos; su vientre redondo y liso. Alfredito y sus pataditas».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«Todo se fue al diablo aquélla tarde».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«–¡No mames cabrón, ¿qué no te pudiste aguantar?! ¿No te pudiste aguantar?… ¿Por qué tenía que ser una de las vecinas? ¿No te pudiste meter con alguien que no fuera de por acá? O sea ¿quieres que cuando la gente nos vea juntos, diga: “ahí va la pendeja de Magnolia con su maridito que se anda cogiendo a su vecina”? ¡Qué poca madre!… –Magnolia le reclamaba con lágrimas de rabia y parecía no saber si huir o golpear a Plutarco–».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;«Plutarco sabía qué decir, pero no qué hacer; estaba pasmado por la reacción de Magnolia –Espera, Miñol… vamos a hablarlo, no te vayas… No, no… no, espera. No vayas a aventarme ese libro, es de mi padre, es su favorito… ¡No!».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Plutarco estaba sonriendo y, sin percatarse, con los dedos frotaba la cicatriz en su frente; la mirada enfocaba el duro lomo del libro de pasta negra, cuyo borde estaba hundido; clara marca de un viejo golpe. Seguía sonriendo con malicia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center; font-family: arial;"&gt;II&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–¿Papá, ya estás listo? ¿Por qué te miras tanto en el espejo, si yo soy el que se casa?–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–No, por nada. ¿Cómo estás tú, hijo; estás listo para dar este paso? ¿No tienes ganas de escaparte, salir huyendo? Yo te cubro –se carcajeaba un rimbombante Plutarco–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Papá… estoy enamorado–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Plutarco vio en la mirada de su hijo, aquélla que nunca pudo brindarle a su padre. Sintió ganas de llorar y lo abrazó hermosamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;De pronto, Prat estaba sumamente nervioso, pero otra vez no por la boda; a lo lejos recién había escuchado la carcajada de Magnolia; inconfundible. Otra vez esa tensión, que no se parecía a la de los momentos previos a la primera cita con la chica que le gusta a uno. No. Era más una angustia que parecía no tener fondo, un sitio del cual no podía reconocer algún rasgo para intentar controlarse. Estaba más nervioso que su hijo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;La boda fue como todas las bodas; el vals, como todos los valses; los invitados, como todos los invitados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;En algún momento de la fiesta, mientras los novios se despedían, las miradas de Magnolia y Plutarco se encontraron. No fue cuando bailaron con los novios, aunque todo indicaba que así sería porque justo cuando Plutarco bailaba con Karina, Alfredo lo hacía con Magnolia. Durante el resto de la tertulia, se estuvieron buscando esquivamente para evitarse con eficacia. Para después de media noche y muchos tragos de whiskey, ya era insostenible esa actitud.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Plutarco, de un sorbo vació su baso; se levantó y se dirigió hacia donde estaba sentada Magnolia, quien no le quitó la mirada durante ese trayecto. ¿Qué ocurre en la mente de dos personas que alguna vez juraron compartir sus vidas hasta hacerse viejitos? No lo sé, pero por la forma en que se miraron, supe que no lo alcanzaría a sentir esa noche; acaso lo entendería. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;En un instante el mundo se tornó en una vereda imaginaria que los pies de Plutarco inventaban a cada paso; un sendero que la complicidad de Magnolia, ayudaba a convertir en una alfombra de flores en las cuales el polen de la angustia fue esparcido por el rubor de una juventud yellowstoniana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Llevas nueve segundos parado. ¿Vas a sacarme a bailar? –Magnolia se mostró segura, pero se portaba así o se quedaba callada frente a Plutarco–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Et veus molt bonica aquesta nit –Le dijo Plutarco al extenderle la mano para sacarla a bailar–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;La ansiedad o la angustia de los enamorados, da paso inmediato a las expresiones amorosas; Magnolia y Plutarco ya no estaban enamorados, ni siquiera se seguían amando. Cuando uno recurre a la descripción para expresar algo, significa que se trata de situaciones o cosas poco comunes, excepciones de la vida. Ellos dos al bailar eran el tacón en el danzón; el movimiento de cadera en la cumbia; el contratiempo corporal en el tango. Pero también elaboraban algo más importante: la realización de su continuidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–¿No me has perdonado, verdad Plutarco? –Le dijo sin querer mirarlo, distraída por un camarero–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–No tengo nada que perdonarte, no hiciste nada que yo no te hubiera hecho– Él fue seco; no perdió el paso, aunque eso sintió.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Plutarco, ambos sabemos que no fue tan fácil… Para mí no lo fue. Yo te perdoné lo de la vecina. No supe bien en qué momento–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Fue mucho tiempo después, Miñol, cuando ya eras otra vez feliz con…–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–No lo sé, no… Bueno, Plutarco, lo que creo es que tú nunca me perdonaste, pero fue distinto, yo no te engañé…–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–No, no se trataba de engañar o no, Miñol; hay situaciones en que la omisión hiere más que el engaño. Porque éste de alguna manera te permite pensar o reaccionar; la omisión te mantiene en la pasividad, en no saber que estás perdiendo al amor de tu vida, en ni siquiera estar enterado que esa mujer empieza a mirar a otro hombre–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Pero ya estábamos separados, Plutarco; además, tú dejaste de buscarme; yo pensé que ya no me querías –Asegurar que en sus palabras había un tono de arrepentimiento sería incorrecto, pero sí permeaba un ligero tufo de nostalgia–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–No, mujer, no… No tiene caso hablar de esto después de tantos años, después de todo lo que ha pasado. Mejor disfrutemos esta pieza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–No, Plutarco, para mí sí es importante. Porque siento que también he sido injusta contigo. Yo te perdoné lo de la vecina porque sabía que no iría más allá, porque sabía y sentía que me amabas. Yo mucho tiempo te exigí, sin decírtelo, que me entendieras, no que me disculparas. Yo encontré la felicidad con Julián y creo que eso cambió mucho las cosas… No fui justa contigo. Aunque no me gusta la idea, ni como suena, pero es la verdad: no me has perdonado porque fui feliz lejos de ti.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Sentirte mal después de tanto tiempo, no Miñol. Así es la vida, después de tantos años he aprendido que de nada vale ese dicho: “al que le toca le toca”. Menos en estas cuestiones. En el amor hay que pelear, llorar, decir, sobre todo decir. Muchos años sentí rabia, no sé si contra ti o contra Julián o contra los dos, porque lo que él hizo, también fue una traición…–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–No hablemos más de él, Plutarco. Murió hace tiempo –La tomó de la cintura y siguieron bailando–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;–Sabes Miñol, me gustaban los tiempos cuando decías “él” y te referías a mí–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Por primera vez sonrieron juntos, sin verse las caras; una de esas sonrisas que no resuelven nada, pero que suelen menguar soledades y salvar distancias; una de esas sonrisas que se sienten en el hombro, sobre la espalda y que también es otra manera de realizar la continuidad.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-7503057465510801679?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/7503057465510801679/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=7503057465510801679&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/7503057465510801679'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/7503057465510801679'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2010/03/minol-y-la-realizacion-de-la.html' title='MIÑOL Y LA REALIZACIÓN DE LA CONTINUIDAD'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-2791452338904972930</id><published>2010-02-17T19:41:00.000-08:00</published><updated>2010-03-12T16:25:30.704-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Apocrifarios'/><title type='text'>Imaginaciones Vertebradas I: El Pensamiento Religioso y la Ley de la Gravedad</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Cuando era joven platicaba con mi abuelo; le gustaba escribir, tenía una imaginación prodigiosa. A él le gustaba discutir conmigo acerca de mundos imaginarios que fueran más interesantes que el nuestro. No se le ocurrían burdas variaciones de la realidad, sino pequeñas y casi imperceptibles –esas son las peligrosas porque confunden y provocan eso que llaman “razonar”, –solía decir con esa sonrisa pícara de quien tramó una mentira fenomenal–. En ese sentido, le daba la razón pues una invención tosca lo primero que genera es rechazo, cuando no sorpresa; jamás reflexión. Es fácil pasar de la sorpresa a la aceptación, sin visitar el análisis.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Mi abuelo narró un mundo en donde el pensamiento religioso fue antes una religión. Por lo menos la palabra “religión” es original (detalle que siempre caracterizó a los cuentos del abuelo). Cuando le inquirí sobre la acuñación de palabra tan peculiar, me respondió que su construcción obedecía a un doble sentido etimológico.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Por una lado, el prefijo “re” denota una mayor fuerza del movimiento o cosa de que se trate; lo interesante es que desde el latín con “ligare” o desde el griego “legere”, toma forma la palabra. Mira, “ligare” significa atar y “legere”, escoger. De ahí se pueden desprender todas las connotaciones que se te ocurran. El sentido que le doy a la palabra “religión”, también es doble; por un lado su significado relacionado con lo sagrado y objeto de culto, ese movimiento que con fuerza nos ata, pero que también con fuerza nos hace buscarla. Es como escrutar esa fuerza con el albedrío. ¿Te das cuenta como en ese mundo tendrían que asociar la palabra “libre” a albedrío para empezar a pensar en una libertad que no sienten por siglos de subsumisión al uso político que del pensamiento religioso permite la religión, el culto a lo divino?–&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Y en la historia del mundo que imaginé, la religión fue utilizada para dominar, controlar a pueblos enteros. Algunos se aprovecharon de esa doble fuerza, la que emana de los seres humanos y la que impone una figura superior–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El abuelo pasaba muy rápido de la efusión a la tristeza cuando se refería a ese mundo. Me resultaba imposible creer que hubiera personas empecinadas en entender mundos que no existían, pero así era mi abuelo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Egdar, tú sabes que religioso es un adjetivo para caracterizar una forma de pensar el mundo, pero también es una de esas palabras sin sustancia, es decir, no hay objeto, acto, pensamiento, etcétera, cuyo nombre irradie religión, esto es, objeto de culto. En el mundo que propongo, hay objetos de culto, de devoción. Imagínate que hasta una persona puede ser considerada como una deidad. ¡Sería fantástico, ¿no te parece, Egdar?!, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;estaba radiante el abuelo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Yo, siempre pragmático, usualmente trataba de darle explicaciones &lt;span style="font-style: italic;"&gt;multisésticas&lt;/span&gt;, cierto, precarias, pero para intentar aceptar sus propuestas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Abuelo, para que ello fuese posible, la química hormonal de los habitantes de ese mundo debió segregar ciertas sustancias para generar los impulsos electrobioquímicos de una exagerada ambición, que trascendiera las fronteras de lo necesario para vivir, pero me suena muy descabellado; por otra lado, también tendría que estar su contraparte, una serie de agentes químicos que fomentaran la sensación de querer tener más de lo necesario, también para vivir, pero desde una necesidad distinta. Dos necesidades, una material y otra intangible; lo curioso, ambas trascienden la propia humanidad inmediata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué complicado eres, abuelo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Él sólo se carcajeaba cuando escuchaba mis alegatos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–En un mundo como el que te cuento, Egdar, el uso de la religión por unos cuantos, retrasó la evolución técnica y tecnológica de sus pueblos. Quemaron la sabiduría milenaria y esos cuantos impusieron pocos textos para ser obedecidos, aprovechando el impulso natural de los seres humanos para acceder a la trascendencia, misma que su persistente necesidad, usualmente, les negaba–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Y fíjate el detalle, Egdar, que esos pueblos basaron su avance técnico y tecnológico, siglos después, en corregir, prevenir; eran pueblos que hicieron de la previsión un &lt;span style="font-style: italic;"&gt;modus operandi&lt;/span&gt;: su cultura. No por nada…, se me acaba de ocurrir, creó artefactos que almacenaban información, indicadores; esos ordenadores de datos funcionaban para evitar ese trauma histórico. Una parte era la capacidad de almacenaje; la otra, su socialización, es decir, no ubicar la información, lograrla ubicua: como su antiguo Dios, en el nombre del cual unos cuantos destruyeron toda la información… ironías de la vida, ¿no Egdar?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;A mí me pareció pueril el comentario del abuelo… ¿hombres empecinados en crear artefactos que ordenan información, indicadores?... ¿Para qué? Somos personas que podemos memorizar e inteligir desde los seis años todos los nombres de los sistemas solares de nuestra galaxia; a los veinte, todas sus características atmosféricas, la química de sus superficies; a los cuarenta nos enamoramos y amamos sin perder capacidades de memorización; a los sesenta, antes de la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;universae entregae&lt;/span&gt;, somos capaces de empezar a sentir lo que siente el otro y, entonces sí, educar a nuestros hijos producto de la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;universae entregae&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Vaya imaginación del abuelo. Para evitar que pudiéramos aprehender lo que nuestros sentidos nos brindan, tendría que haber un trauma sociogenético muy profundo: ¿la sexualidad?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Bueno, hace muy poco accedí a la memoria histórica de nuestra especie, pero ¿por qué podría ocurrir algo así, además de la química fisiológica? No se me ocurre nada, pero al abuelo vaya que sí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Egdar, tú apenas lo sabes pero en nuestro mundo, primero llegamos al pensamiento filosófico, luego al científico y, finalmente, al religioso y al mitológico. Lo que se me ocurrió al iniciar este cuento es que invertí el orden de los acontecimientos. Me imaginé un mundo que haya llegado &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;a Dios &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;antes que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;a la Ley de la Gravedad; que las estructuras del pensamiento religioso hubieran sido previas a las del científico–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Lo importante y trascendente del pensamiento científico no es la densidad de sus aseveraciones (ya sea que se basen en el método de búsqueda o en la consistencia de resultados), la importancia radica en sus consecuencias ulteriores para la intencionalidad del ser humano y en la generación de confianza. Ambas se derivan de algo que sobra en ese otro mundo: el afán de lucro. Acá confiamos tanto en cada uno de nosotros y en nosotros mismos, que no ha sido necesario que un sólo científico repita experimento alguno, o dude de las conclusiones del otro. En casi 200 años de civilización y pensamiento científico, ya hacemos viajes intergalácticos; en aquel mundo, primero el uso de la religión y luego la comercialización de los resultados científicos, estancaron todo, una nata del tiempo–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Ahora que tienes poco de haber cumplido los 20 años, paulatinamente entenderás lo hermoso y trascendental que es la Ley de la gravedad para nosotros. Esa ley nos permitió transformar mil milenios de viaje sideral en casi un attosegundo, no sin antes aleccionarnos sobre la relatividad de la fuerza en el espacio y el tiempo, y del sesgo medible que persiste entre la microfísica y la macrofísica–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Egdar, el pensamiento religioso fue una necesidad porque el avance técnico y tecnológico de que constantemente nos proveían los métodos científicos, nos dejaron casi sin orientación y perdimos por un tiempo la brújula: ¿y a dónde vamos con tanta técnica y tecnología? Podemos llenar la historia de encuentros con galaxias y más galaxias, de conocimientos y saberes diferentes y nuevos, ¿pero para qué?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Fue cuando me di cuenta que ese tipo de preguntas “qué y para qué o Cómo y cuándo”, prefiguraban un mundo como el que imaginé. Entonces el pensamiento religioso nos salvó, no sé si para siempre, pero nos salvó de nuestro avance desorientado, porque todas nuestras fuerzas intelectuales fueron catalizadas por esa hermosa atadura a una divinidad necesitada y buscada que nos enajenara la inmediatez práctica del conocimiento generado, sin el lucro–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Pero sabes Egdar, el uso político de la religión tuvo virtudes para esos pueblos, aunque no lo creas. Los dotó de coherencia en su convivencia social. Gracias a los miedos que generó y a las virtudes que procuró, se forjaron códigos sociales que trascendieron o cruzaron a todos los grupos sociales, a todos los segmentos económicos; la religión cohesionó a esas sociedades–.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Pero, abuelo, lo mismo hubiera hecho el pensamiento científico, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–No, Egdar, en ese mundo la religión fue para todos, chicos y grandes, pobres y ricos… ojalá hubiera una palabra para decir que era de todos, pero me sigues, ¿no? Allá hubo desigualdades de todo tipo, lo que se tradujo en que conforme las personas crecían, iban dejando la escuela, de estudiar. Así, cuando llegaba el momento de que el pensamiento científico ofreciera a las personas fundamentos éticos y de progreso, pues casi nadie llegaba ahí; la desescolarización, Egdar, fue el gran problema de acceso al pensamiento científico. Si no es por la religión todo hubiera degenerado antes, mucho antes. El colapso fue retrasado por la religión. Muchos se quejaron de ella cuando la civilización alcanzó cierta madurez, pero no vieron que sus argumentos fueron solapados y auspiciados por la religión y, para ser burdos: facilitados por índices bajo sotanas que ordenaron matanzas. Eso no los hizo ni peores ni mejores, simplemente personajes de lo que te cuento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–No entiendo, abuelo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;–Egdar, es como decir que tu nombre significa “el hombre que defiende su territorio” y, que hace varias décadas hubo un rey sumamente querido que en una borrachera decretó que la “g” iría antes que la “d”; antes era Edgar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-2791452338904972930?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/2791452338904972930/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=2791452338904972930&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2791452338904972930'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/2791452338904972930'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2010/02/cuando-era-joven-platicaba-con-mi.html' title='Imaginaciones Vertebradas I: El Pensamiento Religioso y la Ley de la Gravedad'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-8121538137188622939</id><published>2010-01-02T19:23:00.000-08:00</published><updated>2010-01-02T19:51:52.024-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Apocrifarios'/><title type='text'>Mi Hermano Mayor</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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Cuando éramos niños, miraba con tremenda admiración la altura que alcanzaban los pedazos de tronco o los palos que mi hermano lanzaba hacia arriba, intentaba pegarle a las ramas de las palmeras y en ocasiones lo lograba. Yo con todas mis fuerzas intentaba que mis lanzamientos obtuvieran las mismas alturas, pero era inútil, Oscar era más fuerte y alto que yo: era el mayor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Quería mucho a mi hermano y lo digo en pasado porque ya falleció. Ahora lo que siento por él es muy diferente, en la misma magnitud, pero no hay una palabra, por lo menos no siento que querer sea el verbo adecuado, tampoco recordar. Insisto en que lo quería porque durante mucho tiempo lo envidié. Fue en la juventud cuando mis padres exponían mi pereza o incompetencias por medio de la comparación con él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Oscar a tu edad ya se había titulado, ya tenía novia, trabajo… –Me sermoneaban mis padres, que a pesar de todo sé que me querían–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;El amor a veces no fue suficiente, por lo menos para mí y, entonces, llegué a detestar a Oscar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Mi padre, en particular, fue de derecha, conservador y panista. Cuando Oscarito se enroló con el Partido Revolucionario Institucional y fue Senador y luego secretario de Estado, pensé que sobre él penderían las críticas de mi padre; no fue así, se limitó a escucharlo y guardar silencio. Yo no entendí por qué no lo reprendió con la fuerza que hubiera hecho conmigo, si hubiera sido el caso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Reconozco su inteligencia, su sagacidad para la política, ¡pero qué acaso mis padres no pudieron ver que yo fui y soy muy hábil para los negocios!; he logrado triplicar el capital que nos dejó mi padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Mi hermano murió hace un par de años y no sé por qué diablos siento que mis padres, antes de fallecer, me miraban con cierto… no sé cómo llamarlo. No es que hubieran preferido que yo falleciera en vez que Oscar, pero cuando me miraban sentía algo similar. Entre los tres ya sólo había una especie de administración del amor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Lo que me interesa decir es que, no obstante que a Colosio le impusieron a Ernesto como coordinador de campaña presidencial, fue Oscar quien realmente la operó desde antes del 10 de enero de 1994. Oscar y Luis fueron muy unidos desde que se conocieron. En aquellos días, el tema de conversación en las reuniones de trabajo entre los cuatro, era el levantamiento zapatista. Zedillo, cuyo rostro prefiguraba una inteligencia que nunca mostró, intentó dirigir y cimentar la campaña con los discursos pro indigenas. Siempre se iba temprano y hablo de encerronas de 10 ó 12 horas, a veces en la casa de Oscar y otras en la de Ernesto, Luis o la mía, dependiendo si estaban o no en la capital.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Pero Oscar y Luis eran muy apasionados, podían pasarse toda la madrugada planeando los actos de campaña del mes. Era muy chistoso ver, cuando tuve oportunidad de presenciarlo, la cara de Ernesto cuando se enteraba que todo lo acordado en una sesión de trabajo, había sido totalmente modificado por los otros dos, en el transcurso de la madrugada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Sólo una vez los mandó al carajo y estuvo a punto de abandonar la nave, si no es por una intervención de Carlos. Él continuó hasta el final de la campaña y posteriormente le dieron la Embajada en Estados Unidos. Recuerdo bien que a mediados de febrero se redactó la agenda de trabajo por el norte del país, para el mes siguiente. El domingo por la noche, Zedillo se fue de la casa con ese plan; a la mañana siguiente, Oscar y Luis ya habían rediseñado la agenda, adelantaron la visita a unos estados y pospusieron la de otros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Ernesto reventó y perdió la compostura. Gritó, manoteó, amenazó; pobre, no lo culpo, se ha de haber sentido anulado. Yo en su lugar hubiera renunciado. “Así es esto de la política, &lt;i style=""&gt;guanaco&lt;/i&gt;”, solía decirme mi hermano con su sonrisa “sabelotodo”, cuando pasaba algo que yo no entendía o no quería entender y me encabronaba por ello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Fungí toda la campaña como “asesor” de Oscar, en realidad era la boca, ojos y orejas del grupo de empresarios más importante del sur sureste del país, al cual yo pertenecía y presidía en mi calidad de Presidente del Consejo de Administración de la cadena farmacéutica más importante de esa zona.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;A finales de marzo, creo que el 22 ó 23, se dio la charla más interesante y que a la postre marcó la diferencia para el país. Yo estaba, preparando una serie de propuestas para cuando visitáramos Yucatán y Quintana Roo. De pronto lo escucho decir:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Vamos a ganar, Luis. Cuauhtémoc está muy débil, Diego está en el mercado; es hora de apostarle al fomento del aprendizaje social organizado; vamos a repartir el poder, hasta cierto punto, mediante una profundización de la descentralización de la gestión gubernamental. De los estados a los municipios, hasta donde se pueda–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Subsidiariedad –Apuntaló, Luis, como si una sola mente pensara y hablara con dos bocas–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Empezaron a armar todo un andamiaje político y administrativo, como un par de escolares jugando al &lt;i style=""&gt;Tente&lt;/i&gt;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Nadie cree que los chinos vayan a mantener este ritmo de crecimiento durante 10 años más, pero casi nadie sabe que en los próximos quinquenios el Estado chino va a empezar a invertir en la parte occidental de ese país. Casi todo su crecimiento se ha basado en inversiones en la parte oriental –Luis caminaba por todo el estudio, como si buscara en los rincones o en los anaqueles, algunas frases con que continuar su discurso–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Sí, serán los estados del sur mexicano la punta de lanza de la inversión física estatal y privada –Oscar volteó a verme como diciendo, ahí vamos–; –el Estado mexicano será reconstruido. Esto será una labor que trascenderá el sexenio–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–No sólo eso, Oscar, tendrá que romper con rutinas burocráticas y limitar los poderes fácticos. Carlos lo hizo con el petrolero, yo lo haré con el educativo –Luis se quedó unos segundos mirando el techo y después, para concluir sólo dijo: –televisoras y bancos, también–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–El pedo va a estar en las dos secretarías más importantes del país: Hacienda y Gobernación–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Sí, la tensión será mucha porque ahí no vamos a tener margen, será otra gente la que se quede con ellas–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Pero se pueden hacer muchas cosas con las otras, en especial con las de Educación, Agricultura y Desarrollo Social… Ah, y el Banco Central–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Y en términos jurídicos, ¿cómo ves estas propuestas? Con la mayoría en el Congreso, pasan–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Oscar y yo leímos un par de cuartillas en las que Luis plasmaba las ideas generales de una serie de reformas políticas. Ahí, Luis decía que en las elecciones presidenciales participarían todos y cada uno de los mexicanos mayores de edad y que se harían, igualmente, cada seis años con posibilidades de reelección.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;También, que cada 20 años, habría votaciones sobre el modelo de crecimiento económico que conviniera al país. En éstas, sólo podrían votar los profesionistas. A partir de estas elecciones se determinaría la aplicación de un modelo en donde preponderara el Mercado o el Estado y, en última instancia, se definiría el tipo de inserción de México en la regionalización y mundialización económicas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Luis, ¿cuál sería el objetivo de esta propuesta?; la veo políticamente inviable –Comenté mientras Oscar con el índice tallaba su barbilla&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;–&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;Se levantó y dijo&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;–&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Justamente porque es inviable es por lo que debemos subirla al Congreso, y convocar a elecciones de modelo económico a más tardar en 1996. Si nos esperamos al 97, el tipo de democratización que se está dando en el país, va a derivar en un periodo de por lo menos 20 años en los que el Congreso parecerá mercería y ninguna reforma de fondo va a pasar o será alterada con otros fines. Una democracia tarda quinquenios en cristalizar y la forma que adquiere depende totalmente del tipo de “autócratas” que precedieron y fomentaron el cambio–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Si logramos separar el calendario presidencial del modelo económico, se habrá ganado mucho, ¿no creen? –Preguntó ansioso por escuchar nuestra reacción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–¿No creen que la gente sentirá que es una medida que discrimina a la mayoría de la población? La prensa hablará de discriminación social o socioeconómica, harán escarnio de nosotros –Luis esperaba que Oscar lo refutara–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Habrá que defender la idea en público. Puede que sea discriminatoria, ¿pero acaso no es peor hacerle creer a la gente, a un pueblo que tiene en promedio cinco o seis años de estudio, que está preparado para "administrar la abundancia", que vamos a entrar al "primer mundo" por medio de un tratado de libre comercio, que son perfectamente capaces de "diferenciar la oferta política" de los tres grandes partidos? Me parece que tenemos parque para armar un buen discurso en la defensa de esta idea, ¿no les parece? –Dijo convencido mi hermano mientras los tres nos miramos con complicidad–.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Oscar agregó que, por otra parte, la propuesta podría funcionar como un catalizador que ayudara a darle perspectiva a una clase media que carecía de ella, de postura uniforme, de asociación. La mayor parte de los profesionistas del país pertenecen a la llamada clase media, pongamos los deciles V y VI de la distribución familiar del ingreso; los que ganan entre 25 y 40 salarios mínimos, desde el punto de vista del ingreso personal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;Esa noche no dormimos, pero fue muy prolífica.&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Se llevó a cabo el plan de Luis y Oscar. Hoy, 15 años después, el Producto Interno Bruto (&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;pib&lt;/span&gt;) de los ocho estados del sur sureste ronda 23% del total nacional; de esos estados, sólo Chiapas y Oaxaca permanecen con alto grado de rezago social, el resto están entre bajo y medio. El país tiene cinco años creciendo a 6% anual y la inversión física bruta ronda 27% del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;pib&lt;/span&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;font-family:arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" face="arial" style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Ha habido alternancia en la silla presidencial, en ella ya estuvieron los tres partidos fuertes; al que mejor tiempo le ha tocado es al &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;prd&lt;/span&gt;, pero en realidad se debe al proyecto de modelo económico que no ha cambiado desde 1995 y por lo menos no lo hará hasta 2015, cuando se repita el periodo de elección de modelo económico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" face="arial" style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" face="arial" style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Ayer me encontré a Luis en una reunión y me dijo como quien guarda un secreto: –Esto debes tenerlo tú, Julián, es parte del trabajo que realizamos tu hermano y yo, pero ya no alcanzamos a concretarlo, de hecho ni siquiera lo divulgamos–. Me entregó, un disco compacto que dice: Estructuras de pregobierno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;Lo guardé en el bolsillo interior de mi chaqueta y nos despedimos. He prendido la laptop y estoy por abrir el archivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm; line-height: 115%; font-family: arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm; line-height: 115%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style="font-family: arial;font-family:arial;" &gt;Estoy sentado frente a mi escritorio y recuerdo, simplemente recuerdo con tremenda admiración la inteligencia que tenía mi hermano, lanzaba ideas que a veces pegaban y otras simplemente no. Él, hasta antes de su aventura con Luis, siempre intentó imaginarse un país menos desigual, pero decía que le costaba trabajo porque la posibilidad ni siquiera era real. Yo con todas mis fuerzas intentaba que mis ideas obtuvieran los mismos resultados, pero era inútil; yo luché, toda mi vida lo hice, por mi familia, a lo sumo por un grupo empresarial; Oscar siempre fue más solidario. Mi hermano mayor.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-8121538137188622939?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/8121538137188622939/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=8121538137188622939&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/8121538137188622939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/8121538137188622939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2010/01/mi-hermano-mayor.html' title='Mi Hermano Mayor'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-5069834728408705809</id><published>2009-11-15T23:45:00.000-08:00</published><updated>2009-12-05T15:46:38.852-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>Josefina Martínez</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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  &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="19" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Subtle Emphasis"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="21" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Emphasis"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="31" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Subtle Reference"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="32" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Reference"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="33" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Book Title"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="37" name="Bibliography"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" qformat="true" name="TOC Heading"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"Cambria Math"; 	panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-1610611985 1107304683 0 0 159 0;} @font-face 	{font-family:Calibri; 	panose-1:2 15 5 2 2 2 4 3 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-1610611985 1073750139 0 0 159 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-unhide:no; 	mso-style-qformat:yes; 	mso-style-parent:""; 	margin-top:0cm; 	margin-right:0cm; 	margin-bottom:10.0pt; 	margin-left:0cm; 	line-height:115%; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:"Calibri","sans-serif"; 	mso-fareast-font-family:Calibri; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-language:EN-US;} .MsoChpDefault 	{mso-style-type:export-only; 	mso-default-props:yes; 	font-size:10.0pt; 	mso-ansi-font-size:10.0pt; 	mso-bidi-font-size:10.0pt; 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Esto equivale a decir, según mi juicio, que una persona tendría que experimentar todos los azares que le permita su tiempo para poder consumarse en sí misma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Algo así se me figura la historia de Josefina Martínez que comenzó en Tacubaya, al poniente de la Ciudad de México, en 1908, en la calle General Cano. Cuando tuvo diez años, entendió el porqué su madre, Valentina Milán, solía encerrarla junto con sus hermanos Rosa y Julio, en el sótano de la casa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por aquel entonces, los soldados carrancistas solían entrar a las casas y, entre otras cosas, llevarse a las mujeres en calidad de guachas. Josefina tendría cuatro o cinco años, pero el temor de doña Valentina era por su otra hija de 14.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Casi no tuvo amigos porque su madre se la llevaba a las campañas militares del General Pablo González Garza, por el centro y norte del país. Doña Valentina fue muy conocida en el barrio de Tacubaya por sus excelentes guisos, poseyó una sazón sin igual. Prueba de ello es que el General, una vez que probó su cocina, no volvió a emprender campaña alguna sin llevársela de cocinera. Así, Josefina conoció en su niñez gran parte de la República mexicana, aunque en realidad nunca descendió del tren; le daba miedo alejarse demasiado de su madre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando se acabaron las campañas militares para el General González Garza, doña Valentina continuó cocinando para él, y Josefina empezó a asistir a la escuela con regularidad; ahí conoció a Dagmar, hija de inmigrantes alemanes, quien fue su mejor y única amiga en la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Camino a su casa, Josefina solía encontrarse al General Pablo González quien con pipa en mano, la detenía con un grito marcial:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–¡Quieta ahí, Josefa; dime!, ¿cuáles son tus calificaciones?–.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Diez, General –respondía ella con la mirada en el suelo–.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;–Muy bien, Josefa… pero donde saques ocho o nueve, te mando &lt;i style=""&gt;ajusilar&lt;/i&gt;, ¿entendiste? –le decía González Garza mientras le hacía un cariño con la mano en la cabeza y ella se echaba a correr.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Temerosa como siempre, ella acostumbraba responder con la verdad, que a esa edad no se piensa sólo se dice. En esos tiempos únicamente había dos alternativas: mostrar miedo u ocultarlo bien.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Fue una época llena de acontecimientos que cambiaron el rostro de los habitantes del país antes que a éste. Hay sucesos históricos que, primeramente, reconfiguran los rasgos de una nación, lo cual incide en el cambio de sus habitantes. Éste no fue el caso. Las guerras civiles, en particular, componen y recomponen los roles sociales de mujeres y hombres, tatúan en el inconsciente colectivo actitudes proclives a una u otra cosa, a estados de ánimo, a diversas aspiraciones sociales. Las ciudades se vacían de niños y éstos, de risas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Entonces, de manera generalizada, el miedo se desparrama sobre los pechos de los jóvenes; éstos crecen con esa especie de sanguijuela aferrada a su corazón. Un día aquél desaparece y queda un gran hueco. Ya siendo mujeres y hombres, desesperados, no saben qué hacer con esa ausencia o cómo llenarla, y empiezan a perseguir un miedo, cualquier miedo para hacerlo suyo; no lo encuentran. Y aprenden a infligirles a sus hijos algo similar a lo que antes el miedo les hacía sentir en sus flacos pechos para no sentirse tan vacíos. Eso es lo peor del miedo, sus secuelas, porque sentirlo es algo natural, inherente al ser humano y a cualquier animal. Quizás haya algo peor: pensar el miedo, pensar sus consecuencias.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La guerra, ¡oh, maldita guerra!; bestia que de todo te alimentas, que apeteces más que nada la naciente vida; no te interesas por lo moribundo y babeas por devorar la carne que vibra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Josefina creció. Prácticamente pasó de entretenerse con muñecas de trapo a hacerlo con la búsqueda y encuentro de un marido. Todavía después de cumplidos los cuarenta años, casada y con tres hijos, no le gustaba su pasado porque éste explicaba perfectamente el deterioro material de su vida. Ella fue la única hija del segundo matrimonio de doña Valentina. Su padre fue el administrador del Bosque de Chapultepec.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Quisiera precisar que para la familia Milán, inmigrantes italianos que llegaron a México a finales del siglo XIX, Valentina fue la hija insufrible y voluntariosa que rehusó casarse con un miembro de la familia Mazzero, un prominente comerciante de su misma nacionalidad. Valentina prefirió escaparse con un arquitecto parrandero, pendenciero y mujeriego quien le dio tres hijos; el primero falleció sin haber cumplido el año.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El arquitecto falleció al poco tiempo, pero la belleza de Valentina era tal, que no tardó en volverse a casar. Cuando esto pasó, ya estaba peleada con los Milán y desheredada de su gran fortuna, ella y toda su estirpe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;También perdió a su segundo marido, el administrador del bosque.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Josefina se casó y se fue de la casa; Rosa, quien a los 15 años se había escapado con un soldado, no regresó a vivir con su madre, pero sí la visitaba; Julio, en cambio, permaneció con ella hasta su muerte. La casa se perdió porque era de la familia Milán.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Como venía contando, Josefina se casó y procreó una familia con tres hijos. Durante mucho tiempo, su marido trabajó en Estados Unidos porque con lo que ganaba en la panadería &lt;i style=""&gt;El Dial&lt;/i&gt;, jamás hubiera terminado de pagar el terreno recién adquirido, cerca de La Villa; ella, por supuesto, después de casada no quiso volver a trabajar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Fueron una familia como muchas otras; vivieron sin guerra, en un país que adivinaba su prosperidad y con un gran vacío paternal en la mayoría de los hijos. Sin su marido al lado de la cama, ella aprendió a controlar a sus críos mediante un viejo truco: el miedo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El mayor de sus hijos se convirtió en un mal ladrón que tuvo un gran golpe que lo hizo leyenda del barrio; el segundo, en un empresario menor e irregular, quizás hasta mediocre, pero el hecho de ser emprendedor le acuñó una fama benigna en los alrededores de su hogar. Su hija, la menor de los tres, fue la obediente, el impacto esperado del miedo inculcado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Fueron hijos de una generación que les inoculó el miedo fomentado y estructurado por la Iglesia católica, institución que enseñó a muchas generaciones a transmitir el amor y el temor. La Iglesia fue el pliego emocional y sentimental que implicó todo el abanico de la experiencia humana, contuvo lo peor y lo mejor de todos; claro, los entretelones también existieron.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los hijos de Josefina probablemente formaron parte de la primera generación de mujeres y hombres que huyeron de sus miedos sin escaparse de ellos. Los tres se casaron y los tres se separaron. Luego, el mundo cambió y el país también.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ahora fueron los rasgos de la nación los que ocasionaron el cambio de sus habitantes. El Estado que hombres como el General Pablo González ayudaron a construir, empezó a colapsarse. Ese monstruo abrió sus fauces sólo para tragarse, por propia mano, la daga incendiada, que habría de incinerarlo desde el vientre, no para matarlo sino para tornarlo en un ser de lentos movimientos que a cada paso iría demoliendo sus propias patas: Golem mestizo y bastardo que fue animado por un diminuto pergamino, lacrado con una cruz de cera roja; documento en cuyo interior naufragó la identidad de millones de personas. Una identidad aprendida de memoria para obligarla a ser verdad; como un relámpago capturado por un espejo en la oscuridad. Estado que para muchos fue dejando un rastro de carbón al rojo vivo, al pasar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Si son los habitantes de un país quienes provocan el cambio de este último, entonces es viable que se encuentre un rumbo; cuando ocurre lo contrario, los habitantes se enteran tarde que las cosas ya no son iguales; no sabrán distinguir en dónde termina el antes y en dónde empieza el ahora; cuándo es el futuro. Hay una desorientación total y demostrar que se puede sobrevivir así no es para jactarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Continúo con el relato de Josefina quien fue parte de una generación de abuelas que volvieron a ser madres porque cuidaron a sus nietos mientras sus hijos se volvían a casar, se iban de &lt;i style=""&gt;mojados&lt;/i&gt; o se la pasaban en el trabajo todo el día.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando Josefina tenía poco más de setenta años, sus nietos tendrían entre seis y 12 años. Aún era una mujer muy fuerte que tres veces por semana iba al mercado de la Merced a comprar el &lt;i style=""&gt;mandado&lt;/i&gt;. Cualquiera de sus nietos al verla a lo lejos cargando la bolsa con las frutas, verduras y carnes, corría a ayudarla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Todos ellos esperaban con ansias y hambre a que dieran las tres de la tarde. Sentados en la larga mesa para 12 personas, los nietos se sentaban alineados esperando a que su abuela les sirviera la sopa. Era toda una ceremonia ver el montón de tortillas calientes, la salsa de tomate, la crema y el queso. Esperar con sorpresa el guisado: chiles rellenos, huazontles, enchiladas, mole de olla, carne de puerco con verdolagas. Terminaban de comer, se iban a jugar y se olvidaban de la abuela.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sólo en los cumpleaños se reunía casi toda su familia; sin embargo, los días diciembre eran los más memorables para todos, pues el abuelo regresaba de Estados Unidos. Él continuó trabajando en ese país a pesar de ya no necesitarlo. Se le hizo costumbre, que no es más que una forma de no encarar el tedio sin aceptarlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un día, Josefina amaneció sin las fuerzas para regañar a sus nietos, se sientió cansada por primera vez en más de 50 años. Se resignó a la idea de saber y entender que, a pesar de enviar a sus nietos a misa de siete, éstos eludirían la orden; después de algunos minutos saldrían por la puerta trasera de la parroquia para irse a jugar con sus amigos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Envejeció de un tirón y empezó a hablar de su infancia con alegría; sí, de esa etapa que décadas atrás llegó a desdeñar. Ahora, la nostalgia había limado viejos rencores y afilados arrepentimientos. De pronto le pareció que sus nietos estaban creciendo demasiado rápido y simplemente dejó de cuidarlos o de fingir que los cuidaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Su cansancio fue el peor de los cansancios, el que causa estragos en la memoria. Murió a los 93 años, pensando y sintiendo lo que dos décadas atrás. No fue demencia senil ni Alzheimer, sino una forma de olvidos involuntarios convenencieros. En sus últimos años no se acordaba que ya había desayunado y lo hacía dos o tres veces, pero hacía el aseo de la casa una sola vez; tampoco recordaba el nombre de de sus nietos, pero evocaba con lujo de detalle pasajes de su infancia; igualmente, no recordaba que sus hijos ya eran abuelos y por las tardes no quería comer por esperar a que llegaran de la escuela. Luego, era perfectamente capaz de leer el diario e iniciar una larga y continua conversación al respecto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Es curioso como se la recuerda en el barrio. Los más jóvenes como una viejita cariñosa que apenas podía moverse por una cojera que la aquejó en sus últimos años, pero eso sí, si se trataba de procesiones, Josefina se olvidaba del dolor y la cojera, y se iba por toda la colonia con sus amigas de la Iglesia. Los más viejos la recuerdan como una mujer fuerte y recta que ahorró todo el dinero que, desde Estados Unidos, su marido le enviaba mes tras mes y que gracias a ese esfuerzo lograron construir una de las primeras grandes casas de la calle, a finales de los setenta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Así, los rasgos de la nación y de las personas se van convirtiendo en versiones paralelas o contrapuestas; vestigios de lejanas verdades. Ya no cambian ni el país ni sus habitantes, presos de una hermenéutica para anticuarios. Es pasmosa la pasividad con que se reciben los años de este siglo, aspecto que contrasta con la gran velocidad de las interacciones sociales y económicas. Pasividad y velocidad, emblemático dúo que nos precipita al olvido por comodidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Poco a poco, nos damos cuenta que los órdenes verticales de la sociedad y el conocimiento, empiezan a formar parte de la entropía universal, un fenómeno que va menguando y que a ello debe su hermosura y magnanimidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;¿Cómo atesorar en la memoria que lo venidero también va a dejar de pasar?&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-5069834728408705809?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/5069834728408705809/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=5069834728408705809&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/5069834728408705809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/5069834728408705809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/11/josefina-martinez.html' title='Josefina Martínez'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-1996634108183105612</id><published>2009-10-05T18:59:00.000-07:00</published><updated>2009-10-05T19:06:30.314-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miscelánea'/><title type='text'>El Tiempo en la Noche de una Mujer Bengalí</title><content type='html'>Antes de vos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esa vereda que fue desierto porque sin ti la caminé;&lt;br /&gt;sí, por ese grano de arena que terco me mantuvo en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, empecé a morar mis huellas,&lt;br /&gt;aferrado, no quise avanzar, dejar&lt;br /&gt;cúmulos informes de tristeza; comprendí:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui con vos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reliquias de tu mirada anticuaria,&lt;br /&gt;resaca de un deseo policromo,&lt;br /&gt;añoranza por ella, mujer bengalí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Visitador de tu oscuridad palpitante,&lt;br /&gt;esa noche que se hamaca entre tus piernas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de vos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis decisiones como mareas: previsibles&lt;br /&gt;Tus reacciones de maremoto: imposibles&lt;br /&gt;Mis alternativas como gaviotas: inesperadas&lt;br /&gt;Tus mentiras de caracol: lentas y arraigadas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora con vos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volveré a tropicalizarme en tus ideas y sobre tus caderas;&lt;br /&gt;con mi mano cortaré la ortiga secular&lt;br /&gt;que nos envenena la lengua al besar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresaré a la negrura que te da identidad,&lt;br /&gt;a esa noche con alas de carne y bouquet animal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-1996634108183105612?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/1996634108183105612/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=1996634108183105612&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/1996634108183105612'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/1996634108183105612'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/10/el-tiempo-en-la-noche-de-una-mujer.html' title='El Tiempo en la Noche de una Mujer Bengalí'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-7503263576243846105</id><published>2009-09-04T01:09:00.000-07:00</published><updated>2009-09-04T01:28:45.882-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miscelánea'/><title type='text'>Carnaval de soledad</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;No, no es la nieve, es la blancura de la amapola,&lt;br /&gt;porque tu blancura excita y exacerba los significados:&lt;br /&gt;los del amor, la amistad y la lejanía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Tú sabes qué es la lejanía o sólo te lo imaginas?&lt;br /&gt;Yo creo que sí lo sabes, pero se te olvida porque&lt;br /&gt;recordar la distancia es un suicidio sin apetencia,&lt;br /&gt;un “te quiero porque me acostumbré a querer”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El calor y la nostalgia no hacen buen par,&lt;br /&gt;porque las ilusorias lejanías son del frío&lt;br /&gt;y la alegría viene y va como el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sos el enigma sencillo que nadie quiere adivinar&lt;br /&gt;por temor a tu belleza; Casandra sudamericana&lt;br /&gt;¿qué haces en estos mundos que se acaban&lt;br /&gt;entre las palmas de las manos que buscan su entraña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quijote errante que viene a vencer tus hidalguías,&lt;br /&gt;mujer tan dulce como los jugos de los mangos,&lt;br /&gt;como la savia del maguey. Dime sudamericana:&lt;br /&gt;¿eres la promesa que anuncia tu vida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo soy un hombre de imaginaciones infinitas,&lt;br /&gt;y me acorrala tu blancura amapólica, tu verbo&lt;br /&gt;alucinante, tu “no estás acá, pero te espero”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vente como si te aventaras,&lt;br /&gt;déjate caer desde el sur;&lt;br /&gt;aparece de pronto como un recuerdo&lt;br /&gt;o como una ilusión tragaluz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ven, porque no hay canción que te cante,&lt;br /&gt;ni pena que te absuelva; ven, porque sos&lt;br /&gt;el aliento de un sueño naufragante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eres el carnaval de soledades que no he conocido,&lt;br /&gt;pero no bailas porque sos la música de un vals liviano&lt;br /&gt;que nadie bailó, al que alguno te invitará de Cupido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Tú sabes qué es la lejanía o sólo te lo imaginas?&lt;br /&gt;Yo creo que sí lo sabes, pero se te olvida;&lt;br /&gt;recordar la distancia es un suicidio sin apetencia,&lt;br /&gt;un “te quiero porque me acostumbré a la insolvencia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno no sabe bien, a veces, ¿de dónde viene el llanto?;&lt;br /&gt;viene de algún sitio, lo sabemos, pero ¡es suficiente!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-7503263576243846105?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/7503263576243846105/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=7503263576243846105&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/7503263576243846105'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/7503263576243846105'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/09/carnaval-de-soledades.html' title='Carnaval de soledad'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-4594752671195760485</id><published>2009-08-28T19:48:00.000-07:00</published><updated>2009-08-28T19:49:41.806-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>El Corredor (Tricampeón de la Carrera del Pavo) o Tres Hermanos Platicando</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Un corredor, un hombre que corre… va hacia ti. Aún está muy lejos y sólo te es posible especular sobre su agitado corazón, su jadeante respirar, la tensión permanente de sus músculos, su playera humedecida por el sudor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te preguntas si sólo va corriendo o es perseguido. La estética y ritmo con el que se mueve, parece delatar sólo una carrera aunque no de competición oficial; definitivamente una persecución, jamás. Cuando piensas en persecuciones, inmediatamente lo relacionas con la alteración del orden, cualquier acto delictivo: la ley persiguiendo al infractor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero también te parece una huída más que una carrera. Acaso corriera para huir de algo que lleva en su cabeza y su corazón. Y no es que sea tan tonto como para no saber que esa no es la forma de lograrlo, pero la fricción del viento contra su cara sudorosa, le ha de producir una sensación placentera que compensa en algo, la ineficaz estrategia elegida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Correr para competir es otra cosa; no existe el pasado sino como entrenamientos amotinados en flexibilidades y fortalezas musculares; sino como una equilibrada alimentación, diseñada para tonificar cada parte del cuerpo involucrada en la competencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu padre era un estupendo competidor, pero ha sido un mejor Corredor. Correr es, simplemente, un verbo, una actividad, un ejercicio; competir, más que lo anterior, es una idea, la idea del cotejo, otra vez una fricción que en vez de chispas causa futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te has fijado cómo tu padre siempre anda de prisa; es genial la premura que no es tal porque la condición esencial de esa palabra, aunque no la incluyan los diccionarios, es que la parsimonia sea la norma, eso que llamamos “lo normal”. Aunque el argumento elude la relatividad del asunto… pero bueno, relativizar en exceso también es un error. Lo cierto es que el Corredor nunca está quieto ni callado. Cuando está sentado habla hasta por los codos, es una ametralladora de adjetivos y verbos y sustantivos. De dónde le salen las palabras si tú me dijiste que no le gustaba leer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No creo que esté huyendo de nada; tampoco compite por algo. En mi opinión hay que pararse del otro lado para ver; me explico: busca que noten sus ausencias… su ausencia. Él quisiera llenar la ciudad con las huellas de sus zapatos deportivos, esos que usa para correr. Te apuesto que le gustaría correr por todo el mundo, llenarlo de huellas y luego abandonarlo para no ser abandonado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le placería platicar su vida con esa prisa que en ocasiones suele dejarlo sin aliento. No respira, como si lo que va diciendo fuesen las últimas palabras que pronunciara. Siempre hay una última que se le esconde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero más le gustaría que lo extrañen, porque cree que eso no sucede. Prisa y amplitud, sinuosa combinación que ha llevado a tu padre a ser como es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un corredor, un hombre que corre… va hacia ti. Ya no está muy lejos, ya te es posible hablar sobre su agitado corazón, su jadeante respirar, la tensión permanente de sus músculos, su playera humedecida por el sudor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mediocridades de tu padre, las veces que juraste no perdonarlo, las borracheras en las que lo perdonaste al amparo de un abrazo; las preguntas de tu padre, sus incomprensiones colmadas de ignorancia y de negligencia, sus intromisiones sin tacto, sus encabronamientos silenciosos; las indiscreciones que suele cometer tu padre, importadoras naturales de estridencias casuales, artificiales y una que otra hasta forzada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás olvidarás ese par de borracheras en donde él se volvió la antonomasia de la anécdota familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–M’ija… hay algo que… tú… sí, tú y tu heeermano no me han preguntado…–, dijo el Corredor mientras forzaba la pronunciación para aparentar, ante su hija, que aún a esa altura de la madruga y después de media botella de Havana Club, podía elaborar intrincados cuestionamientos paternales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Quéee cosa no te hemos preguntado?–, dijiste vos, aunque en realidad te costó un tremendo trabajo elaborar esa pregunta, cuyo tono de pronunciación correspondía más a un solitario “¿Qué?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y orgullosos presidentes mexicanos al término de su informe anual, típico de septiembre, el Corredor dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ah… nooo… cuando me lo pregunten se los digo y respondo–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O aquélla, en la que instruía a la novia de tu hermano, en prácticas sexuales indómitas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Heyyy… Érika, ¿conoces la anofilia?–, preguntó el Corredor con autoridad académica de vanguardia, de estado del arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, frutal mujercita que, sobre el vocabulario del Corredor, seguramente ya habría practicado hasta la narizfilia, le preguntó, mañosamente, que qué cosa era eso de la anofilia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo hubiera hecho, pues el Corredor casi innovó la raíz etimológica a partir de tres lenguajes, uno de ellos inexistente, mismo que le dotó de mayor contundencia a su argumentación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Entonces, Eriquita,… la anofilia, en términos coloquiales, es el gusto de coger por el ano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un corredor, un hombre que corre… ha pasado de ti. Se empieza a alejar y, otra vez, te empieza a ser imposible saber sobre su agitado corazón, su jadeante respirar, la tensión permanente de sus músculos, su playera humedecida por el sudor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo sabes bien, sabes perfectamente que aunque es un excesivo o precisamente por ello, su ser guarda ciertos equilibrios. Al final del día, de sus hermanos, fue el que mejor conjugó lo que decía con lo que pensaba; ello no lo hace ni mejor ni peor, te lo digo porque todo el tiempo has estado buscando esa precisa combinación que resulta en el equilibrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que tu padre vivió del billar y en eso fue genial, en la Doctores; que entre él y su cuñado compartían el alimento con su hermano menor, tu tío. Uno cedía la sopa y el otro el guisado; así se iban turnando día con día, hasta que tu tío se hizo adolescente y se fue de Hippie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu padre, al que pidió tu madre en su lecho, en la víspera de su muerte. El que te ha herido y querido; ese que sigue corriendo… porque aún no sabemos, y tal vez quiere recorrer el mundo para marcarlo o llevárselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos huecos que ha dejado tu padre, se han llenado de cierta racionalización. Has pensado en esa función social que es la paternidad. Has intuido que un padre en Europa y en América no es lo mismo, desde la perspectiva sociocultural. También has percibido que tu padre a tu edad, ya te tenía y tenía coche y casa; vos no tienes hijos, ni siquiera esposo. Vos le achacas eso a los cambios en el mundo, al cambio del rol social de la mujer, a la crisis, a las realizaciones personales de los profesionistas… y tienes razón, pero aún así, te gustaría tener ya todo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es bueno que vayas definiendo quién es tu padre, de una vez; luego, solo estarás llorando frente a su ataúd. Cierto, el país es uno con mucha “madre” y, podría inferirse, poco “padre”… pero, al fin y al cabo, ellos fueron hijos de esa educación. La sociología y la historia no deben servir para justificar a nadie, pero sí para explicar algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo ves… sigue corriendo tu padre, es el Corredor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaba de pasar frente a ti, ¿lo oliste, lo sentiste, lo intuiste; sabías que era él, lo miraste, le sonreíste con complicidad? Lleva una velocidad impresionante; si te faltó algo, puedes, aún, alcanzarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Míralo, va pasando la mitad de ese Maratón que tanto le ha gustado correr, por el placer de correr: eso es ser un Corredor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-4594752671195760485?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/4594752671195760485/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=4594752671195760485&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4594752671195760485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4594752671195760485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/08/el-corredor-tricampeon-de-la-carrera.html' title='El Corredor (Tricampeón de la Carrera del Pavo) o Tres Hermanos Platicando'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-4503709497169746814</id><published>2009-08-23T20:52:00.000-07:00</published><updated>2009-08-23T21:04:51.343-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>Boulevard Miguel Ángel de Quevedo</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Cerró con seguro la puerta del departamento; se quedó mirando la puerta…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/SpIQnibSVcI/AAAAAAAAA3c/G6uynkB_1Rw/s1600-h/Boulevard+5.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5373375576848618946" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/SpIQnibSVcI/AAAAAAAAA3c/G6uynkB_1Rw/s400/Boulevard+5.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;«Se casó y se divorció; se volvió a casar y tuvo una hija». En los recientes días, a Alberto Curador Oceguera, le había dado por pensar, y le preocupaba, que algún improvisado opinador, pudiera definir así su vida. No es que ello sea mentira, pero por lo menos es una descripción incompleta que, según la versión del propio Alberto, no se ajustaba del todo a la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nació Paulina, su visión del mundo cambió para siempre. Desincorporó de su rutina, algunas costumbres adquiridas desde la secundaria, como voltear a verle el culo a toda mujer que pasara cerca de él y recitar, sigilosamente en su cabeza, ingeniosos piropos que nunca decía. Ese era, quizás, el secreto más valioso y baladí de Alberto; ni siquiera se lo había revelado a su confidente, su primo Manuel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron de los pocos hábitos que antes o después de Paulina, permanecieron en Alberto, quien solía ser de esas personas que creen que la manutención de un secreto provee una especie de autoridad sobre los demás. Era un coleccionista de secretos pequeños o grandes; algunos mediocres y poco interesantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los años se había vuelto un estupendo catador de misterios; era capaz de distinguir, de entre varios de ellos, cuál de todos le conferiría el secreto más genuino. Aunque no siempre fue capaz de asequir a la información deseada, también es cierto que la propia búsqueda le brindaba un placer casi parecido a aquél.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/SpIQJJs6kuI/AAAAAAAAA3U/kZrurycawUU/s1600-h/Boulevard+7.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 400px; FLOAT: right; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5373375054815597282" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/SpIQJJs6kuI/AAAAAAAAA3U/kZrurycawUU/s400/Boulevard+7.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Uno de los aspectos que más admiraba de él mismo, era la pericia que había logrado alcanzar al abordar el tema de los secretos. Más allá de la etimología y la semántica, Alberto sabía que el secreto es un material que sólo puede ser resguardado por la mentira o por la omisión; que la primera es un artilugio de los principiantes en estos menesteres, pero la omisión… ¡ah, esto era otra cosa!: un arte, una labor de orfebres atentos y sensibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para él, la distinción era clara. La mentira era semejante a actuar como un férreo cancerbero; en cambio, la omisión se correspondería con el comportamiento de un consumado repartidor de barajas, con la tácita diferencia de que en estas circunstancias, el azar tuvo que haber sido domeñado con antelación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerró la verja. Caminó por la calle de Pino y dobló en Miguel Ángel de Quevedo, rumbo a Universidad. Se colocó los audífonos y confirmó que…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Arde la ciudad” de &lt;em&gt;La Mancha de Rolando&lt;/em&gt;, se había convertido en la nueva canción favorita para él, no la del mes sino la de todo el año. Ni siquiera “Carnaval de Brasil” de Calamaro, lo hacía sentirse tan vivo. Los acordes y la voz de Manuel, la bataca del Tano, los requintos de Franchie y el poder de Carlitos; Conde que no dejaba caer la rola en el vacío, en ningún momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Estos tipos sí que hacen arder mi ser–, pensó Alberto…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó que hacía una hora había estado bailando por toda la casa, mientras escuchaba y cantaba esa canción, aprovechando que Adela se había llevado a Paulina al Gymboree. Este era otro de los secretos que nadie sabía, excepto Manuel. Sí, Alberto bailaba como nunca en público, las canciones que lo encendían. Aunque él se sentía otra persona al bailar, intuía que sería algo similar a ver danzar a C3PO o a Chaplin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque México y Argentina son pueblos latinoamericanos, Alberto identificó una diferencia abrumadora entre los conciertos de las bandas de ambos países. Allá está muy relacionado el Rock y el Fútbol. Nada más ilustrativo que la alianza cabal entre las barras del Boca Juniors y los fans de los &lt;em&gt;Redonditos de Ricota&lt;/em&gt;, por un lado, y las de River Plate y &lt;em&gt;Soda Estéreo&lt;/em&gt;, por el otro. «Es que los argentinos ya han sido campeones del mundo», pensaba Alberto, al justificar esa diferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acá en México, no sólo no ocurría eso, sino que consistentemente pasaba lo contrario. La fanaticada de las Chivas y las Águilas, en el mejor de los casos, son salseros; cuando no, reggaettoneros. Esto fue uno de los factores que influyeron para que Alberto detestara el soccer pues creía que él no podía rebajarse a compartir una afición con gente inculta y sin sensibilidad musical. Por ello había optado por el fútbol americano, además que, según él, le dotaba de un círculo de aficionados más selecto en todos los sentidos. Este era otro de los secretos que nadie, ni Manuel, lo sabía; aunque Alberto vislumbraba que las personas más allegadas a él, lo sospechaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alberto cruzó avenida Universidad, y llegó a un parque en el que se internó por sus variadas veredas; se acordó de una mujer que sedujo ahí mismo, antes de llevársela al hotel; no recordó su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la séptima vez que repetía la canción “Arde la ciudad”; creyó entender que no había nada más potente que escuchar cantar a Manuel Quieto ese verso: “…la banda grita tu nombre y ves cómo la popular se va a caer.” Caminando en ese enredado parque, recordó cuando en la adolescencia, junto a su primo Manuel, grababan canciones de la radio, canciones que no podían conseguir de otro modo. Por que no tenían dinero para comprar los discos que les gustaban. Qué culpa tenían ellos que a los once años no les gustara lo que les presentaba Raúl Velasco o Gloria Calzada. Era tanta su pasión, que le hurtaban a sus padres los casetes originales de diversos cantantes; les ponían cinta adhesiva en las muescas laterales de la parte superior, y ahí grababan sus canciones favoritas de Rock 101 o de Espacio 59. La más de las veces les quedaban incompletas, o con la voz de los locutores, pero no les importaba con tal de escuchar la voz y los acordes que los llevaban lejos, más de lo que habían llegado hasta ahora en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí, los dos como un par de Indiana Jones, se ponían horas y horas a escuchar la radio, hasta que anunciaban &lt;em&gt;Real de Catorce&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;The Police&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Al universo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Uriah Heep&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Charly García&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Black Sabbath,&lt;/em&gt; &lt;em&gt;Los abuelos de la Nada&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Deep Purple&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Nacha Pop&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Pink Floyd&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Gabinete Caligari&lt;/em&gt;,…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel tiempo, el concepto de favorito estaba asociado a la escasez material y temporal; ahora –reflexionaba Alberto– con puchar unos botones del Ipod, podía repetir las veces que quisiera su canción preferida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se paró frente al monumento a Álvaro Obregón. Una de las áreas de las ciencias sociales en donde Alberto es experto, es la Historia. Sin embargo, nunca se había parado frente a ese homenaje de concreto. No se cuestionó esa falta, simplemente subió las escaleras y se internó en ese monolito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/SpIPoLKxnLI/AAAAAAAAA3M/2YN9TLDATm8/s1600-h/Boulevard+3.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5373374488273591474" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/SpIPoLKxnLI/AAAAAAAAA3M/2YN9TLDATm8/s400/Boulevard+3.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Ahí estaba Alberto, escondido del mundo siendo un secreto, pero no lo pensó así. Había algo que no le gustaba y era su rutina laboral que no le permitía ver despierta a Paulina. Diariamente, llegaba del trabajo a las once de la noche; su angelita dormida y su mujer a punto de dormir. Ese horario estaba impidiendo corregir algunas de las fallas que su padre tuvo con él y que esperaba modificar con Paulina. Entendió un poco más a su padre, pero no lo perdonó, si es que el perdón es un un gesto más cercano a la moral que a la lógica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió y miró el parque; troncos raros, rarísimos, si es que lo raro y lo rarísimo son formas de la imprevisión. Después de mirarlos detenidamente vio el reloj y pensó en tomar un taxi para regresar a casa. Optó por caminar de regreso hasta Gandhi, fue hacia los libros de Filosofía, tomó algunos ejemplares editados por Siglo XXI, su editorial preferida. Por un instante recordó cuando juntaba diez o doce domingos que le daba su padre, y con ello compraba libros sobre historia, astronomía o física; ahora era fácil dar el tarjetazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leyó el índice de un par de libros, y ello le bastó para saber el contenido, por lo menos lo más sobresaliente. Recordó que Manuel le había dicho que últimamente ya no era más un lector de libros, sino un “revisor de ediciones” «es que sólo te limitas a revisar si está sin errores la edición y ya ni los lees, Alberto». Y era cierto, los últimos tres años no había leído más que 25 libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó que en casa tenía seiscientos libros sin leer, y desistió de comprar alguna de las ediciones revisadas y aprobadas por el sello Curador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchó por trigésima vez “Arde la ciudad”. Pensó en Paulina y todo problema fue relegado; pensó en Adela y la vida la sintió más fácil…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-4503709497169746814?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/4503709497169746814/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=4503709497169746814&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4503709497169746814'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/4503709497169746814'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/08/boulevard-miguel-angel-de-quevedo.html' title='Boulevard Miguel Ángel de Quevedo'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/SpIQnibSVcI/AAAAAAAAA3c/G6uynkB_1Rw/s72-c/Boulevard+5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-5327065308865652936</id><published>2009-08-09T00:00:00.000-07:00</published><updated>2009-08-09T00:02:12.598-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato'/><title type='text'>Hombre Coherente que Tiende a Desaparecer</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En la calle, en el aula, en la cama y en la mampara electoral; en todos lados su actitud y disposición solían ser los prolegómenos de la exquisitez, pero ello no ocurría desde hacía mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo empezó cuando su esposa, María, se había separado de él. Esa era la palabra que empleaba al hablar de ello con sus amigos o su terapeuta: “separado”. En realidad no se atrevía a decir: –Me traicionó esa hija de puta; mucho menos: –¡¡Me traicionó la muy hija de puta!!–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, su civilizada humanidad impedía que su cuerpo fuera receptor de todos esos estertores emocionales que suelen hacer del hombre un energúmeno, un macho recalcitrante, uno de esos que en los años cuarentas fueron protagonistas en los filmes dirigidos por Juan Bustillo Oro o Ismael Rodríguez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suele ocurrir que el machismo funciona bien cuando la propensión a relacionarse no es el amor sino la calentura; cuando entras a su vida por la cama y no por los labios. Él lo sabía, pero no lo aceptaba, que es peor que no saberlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, pasaron muchos días, mejor aún, los días empezaron a pasar sobre él, los días y todo lo que comportan. Continuamente se dejaba embaucar por las rutinas temporales, esas que llamamos segundos, minutos y horas. Dejaba poco a poco de ejercer la coherencia para darle paso a un solipsismo abominable que lo llevaba, noche tras noche, a estancias del alma en donde ya no es posible apelar a la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me retracto, no todo empezó cuando María se fue, sino cuando él creyó que era suficiente con sentir amor por ella y no decírselo. Sintió que meterle la mano bajo las pantaletas mientras dormía, era suficiente para hacerla sentir deseada, que un beso en los labios antes de irse a trabajar, podría prefigurarle el amor que ya no le manifestaba con palabras; creyó que las amorosas peticiones que ella le hacía, eran fugaces inconformidades de pareja; que sus silencios, una manera de entender todo lo que él le decía con su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por alguna extraña razón, él dejó de expresar su amor con palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Desde qué rincón de la vida, un hombre puede llegar a creer que las palabras pronunciadas, no sirven o que son agentes accesorios?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un buen día, se quedó callado ante una situación cualquiera, y descubrió que nadie reparó en la ausencia de su opinión. Volvió a experimentar ese silencio, vez tras vez, y de forma deliberada empezó a aguantarse las ganas de decir algo que a nadie se le había ocurrido ni se les ocurriría porque sus atrofiadas mentes no eran capaces de escuchar sin decir. Y es justo ahí, en este punto, donde podemos ubicar la zona de cero de los persistentes silencios de él, porque no se puede hablar de un único y dilatado silencio, sino de una marabunta de silencitos que de a poco le fueron royendo las posibilidades de expresión, la evolución de sus inquietudes, así como el alcance de su voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue más que la indiferencia, la indolencia, la insatisfacción lo que lo llevó a callar, a dejar de decir lo que sentía; decirlo con la boca y la voz: la fonación, ese increíble proceso fisiológico y musical que se vale de nervios, músculos tensados, saliva y viento para permitirnos comunicarle a alguien que existimos y sentimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto dejó de nombrar los objetos; días después, dejó de recitar poemas, de leer los diarios en voz alta. Lo último que dejó de pronunciar fue el nombre de su mujer: María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La coherencia suele ser la mejor de las herramientas, el remo que le falta a la razón para navegar en la mar de la inconsciencia, pero también puede llevarnos, sin previo aviso, a la distracción, pero la distracción como un movimiento, no como un estado. Porque, me vuelvo a retractar, no era indolencia, indiferencia ni insatisfacción; todo el tiempo se trató de una distracción, una monumental distracción: sucesos de su pasado que un día lo despertaron y lo llevaron de parranda por esos lugares a los que no quería regresar. Se empezó a aterrar de lo que no ocurrió, ni siquiera de lo ocurrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presente se le convirtió, también, en una distracción y, es así, que él dio su primer pasó por ese túnel que no puede caminarse sin dejar pedazos de existencia en cada huella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que se dio cuenta de todo esto, fue cuando saludó de beso a una amiga del trabajo. Le extendió la mano, pero en ese movimiento y de reojo, alcanzó a ver que no tenía mano. Sólo vio la manga blanca de su camisa. Retiró la mano ipso facto, como un acto de defensa, y depositó sus labios sobre la mejilla. Se mantuvo sereno hasta llegar a su oficina; verificó y ahí estaba su mano, su pálida mano. Se la quedó viendo un rato; luego la contrastó con la otra y observó que estaba desproporcionadamente blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quitó el saco y la camisa, y notó frente al espejo, que la piel de todo su cuerpo iba palideciendo. Paulatina e inequívocamente, el destino de su melanina se volvía incierto. Cerró su oficina con llave, se metió al baño y frente al espejo grande se desnudó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La identidad es un proceso que sólo se aquilata con los años, mucho tiempo después de haber sido descubierta. Justo eso era lo que frente a sus ojos se desvanecía, porque uno puede alegar que la identidad es una combinación de impresiones sensoriales respecto al lugar y tiempo al que pertenecemos, pero sin lugar a dudas el sitio en donde todo ello se amotina es nuestro cuerpo, particularmente la parte visible porque por medio de los ojos aprendemos y comprendemos la mayor parte de lo que sabemos, y es por medio de los ojos que encontramos, con mayor facilidad, lo que nos gusta y llegamos a amar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese sentido tan maravilloso que es la vista, le indicaba que estaba perdiendo su identidad. Repasó metódicamente todo. Invocó a la coherencia que alguna vez lo había caracterizado. Rechazó durante hora y media, una serie de hipótesis fincadas en sus conocimientos físicos, químicos y biológicos; caviló un poco con el esoterismo. Al final, aventuró una explicación psicológica, pero no abundó en ella. Y no profundizó porque sabía perfectamente que lo llevaría al pasado, a esos lugares a los que no quería regresar, esos lugares que lo distrajeron de todo y de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Notó que la invisibilidad de su mano progresaba hacía su muñeca. Otra vez esa marabunta que ahora le devoraba la dermis, una tácita desertificación corpórea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se vistió como pudo; olvidó su corbata sobre el escritorio. Salió corriendo de la oficina y se tropezó con varias personas, antes de llegar al ascensor. Presionó varias veces el botón y cuando las puertas se abrieron vio un espacio sin gente y se metió; llegó a la planta baja, un poco más calmado y salió del elevador. Caminó por el pasillo y se miró en los espejos laterales; se detuvo, todo normal, tan normal como él mismo: moreno, muy moreno. Se sorprendió, pero también se tranquilizó. Pensó en el porqué esas máquinas se llamaban convencionalmente ascensores o elevadores, si también servían como descensores o bajadores. Elevó su ceja izquierda al pensar en lo impráctico de esos apelativos y en la connotación negativa que entrañaría de llamarse así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Situaciones similares le ocurrieron una vez por semana, al principio; después, con mayor frecuencia. Una tarde, mientras esperaba a María porque le llevaría los papeles del divorcio para que los firmara, se lavaba la cara y al mirar al espejo no la vio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirar con algo que no puedes ver ni te permite verte, debe causar una de las sensaciones más descorazonadoras que hay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonó el teléfono. Se apresuró a responder, pero en realidad escapaba del espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Licenciado, acaba de llegar su esposa…–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Qué pase por favor!–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él se abalanzó sobre ella y la abrazó con todos los brazos que tuvo a lo largo de su vida: los del niño que recibió el regalo de cumpleaños, los del adolescente que abrazó su primera novia, los del joven que desnudó mujeres; esos brazos con los que alguna vez lastimó a María. Ella, aún enojada porque él no le había firmado los papeles desde hacía meses, terminó por corresponder con sus brazos. Le acarició la espalda y luego jugó con su cabello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué tienes, Ramiro, por qué me abrazas así?–, ella le decía, con esa ternura que entre ex parejas, se parece más a la comprensión, mientras hurgoneaba su cabello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él no respondió, seguía sin responder con la boca; en cambio, lo hizo con un leve apretón de sus brazos. Ella entendió que él sólo necesitaba que lo siguiera abrazando.&lt;br /&gt;Ramiro extrajo de un pequeño cajón del librero cerca de la entrada, un condón que con pericia colocó frente a los ojos de María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y eso?–&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿No lo recuerdas?, es el que me regalaste cuando nos conocimos… aún le quedan un par de meses antes de caducar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Qué va!, jajaja… eres un perverso, cómo guardas esas cosas. Lo hubieras usado antes–, decía ella mientras se apartaba lentamente de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se miraron, y se sonrieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Sigues con ese por el que me dejaste?–&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y tú sigues igual de insoportable?–&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo hicieron y se despidieron.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-5327065308865652936?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/5327065308865652936/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=5327065308865652936&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/5327065308865652936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/5327065308865652936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/08/hombre-coherente-que-tiende-desaparecer.html' title='Hombre Coherente que Tiende a Desaparecer'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-5109497186079530426</id><published>2009-08-05T23:57:00.000-07:00</published><updated>2009-08-06T00:00:40.757-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Encierros</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Todo el tiempo que estuvo encerrado, pensó en el futuro: el día en que saldría libre. De otra manera no hubiera sobrevivido los siete años que primero fueron once, pero que por buena conducta, los redujeron. Esto no lo supo sino hasta después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda persona necesita registrar, en una condena, un atisbo de buena suerte para poder cursarla sin un pesimismo completo; él la tuvo, pues unos días después de su aprehensión modificaron la pena para secuestradores y la mínima estancia en adelante sería de 20 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el primer día, se ganó un lugar ahí, cuando se lió a golpes con siete presos; esto le concedió una estancia de 15 días en la enfermería del reclusorio. La tercera y cuarta semanas, la fama de su padre le ayudó a sobrevivir. A partir de entonces, fue su astucia lo que le permitió consolidar su seguridad dentro de esa agrura social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ambición lo había llevado a ejecutar un plan muy bueno, sencillo, pero mal ejecutado. Su bronca ambición había sido su gran defecto. De niño, solía decir a sus abuelos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Cuando sea grande, voy a ser muy rico para comprar mucho dinero–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí adentro, no había lugar para su ambición; le costó mucho trabajo domesticarla, canalizarla por la vía de la seguridad. A eso se avocó, a mantenerse seguro durante toda su estancia. También se propuso no compartir habitación, tener estéreo, dvd, televisión de plasma y algunos otros lujos que incluso fuera de prisión son lujos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vestía diario ropa diferente, eso sí, color blanca o beige, pero no vestía menos de siete mil pesos diarios en calzado y ropa. No vendía narcóticos, no golpeaba, no se prostituía. Solamente tenía los ojos bien abiertos, la boca bien cerrada y ponía en unas listas palomitas y taches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salvo por su vestimenta, no llamaba mucho la atención, pero la mayoría de los reos ni enterados estaban, para ellos una camisa de $2,300 o de $120, era lo mismo. Algunos sicarios, ex judiciales o distribuidores de droga lo ubicaban y lo respetaban. Seguido lo invitaban a formar parte de sus respectivos círculos, pero Arnaldo Oceguera jamás los atendió y tampoco perdió su objetivo: salir lo antes posible de ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tercer año, aprendió y comprendió mucho más de lo que había logrado en la calle durante sus primeros 10 años de vida previos a su encierro. En ese tercer año se hizo amante de la directora del Centro de Readaptación Social, le enseñó idiomas a un secundario capo famoso del norte del país y le ganó una pelea a uno de los convictos más famosos por su habilidad con los puños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba en el lugar indicado, con la actitud adecuada y cerca de la gente precisa para sobrevivir con esa imperceptibilidad artificiosa que sólo algunos logran estando presos, por lo menos para no llegar a esa estridencia que fulgura personas en cuestión de meses, precisamente por una ambición descontrolada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, vio pasar compañeros que a base de fuerza y rencor se ganaron el miedo de casi todos, mas después de unos meses amanecían muertos, destripados, degollados, desollados, etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un buen día, Oceguera no aguantó más, sucumbió ante el peor de sus defectos: pavonear su poder ante los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No mames, pinche Arnaldo, ¿qué no te basta con andarte cogiendo a la directora, con ser valedor de uno de los chingones del cártel de Juárez, con vivir como vives acá…? Vives mejor que toda tu familia, pinche mono–, le dijo su hermano, casi reclamándole, en una de sus visitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Nel… el Osito Cardona tiene muchos amigos, Rebeca se ha cogido a muchos reclusos; carnal, no soy el único que vive con lujos acá. Pero lo que a nadie se le ha ocurrido es traerse a vivir a una reclusa del femenil–, me dijo con un fuego en los ojos, ese tipo de llama que poco tiene que ver con la ambición y mucho con la travesura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y cómo piensas hacerlo?; eso sí está muy cabrón… si ni el Cardona lo ha hecho–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ah, bueno, porque a ese güey no se le ha ocurrido. Algo que les falta a todos los de acá es imaginación, pero a mí me sobra–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, Edgardo, hermano de Arnaldo Oceguera, fue encomendado para ir a entrevistarse con Raquel. Fue al reclusorio femenil indicado. Aunque no era un galán, muchas reclusas le dijeron una de piropos que jamás había escuchado; se sintió encuerado por la mirada de una de ellas. Alguna otra le mostró una sonrisa realmente bella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentó en una silla y esperó a que Raquel llegara. Era sábado y estaba con sus familiares. Edgardo esperó unos minutos, vio que realmente era guapa. Las peticiones de su hermano incluían una fina inspección sobre el físico de Raquel, particularmente su estatura y su piel. A primera vista, ella cumplía con las expectativas de Arnaldo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercó y sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hola, tú debes de ser…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, soy yo; hola, ¿cómo estás?–, dijo él mientras le extendía la mano, pero ella lo besó en la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–La señora es mi mamá, los otros son mis hermanos menores–, sonreía, bastante coqueta. Edgardo no sabía qué preguntar porque además de lo ya mencionado, Arnaldo no le había solicitado alguna otra información.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvieron conversando sobre su hermano, al parecer se habían conocido en una obra de teatro que las reclusas fueron a presentar al reclusorio varonil. En un momento de la charla, ella abrió su blusa y le mostró a Edgardo la enorme cicatriz de una operación en el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es la única cicatriz que tengo en el cuerpo, díselo a Arnaldo–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miró fijamente la cicatriz rosada; volteó a verla a los ojos y con una pícara sonrisa ella lo invitó a mirar de nuevo. Le mostró sus hermosos senos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–También coméntale lo que acabas de ver–, dijo ella sin perder el ánimo mientras se abotonaba la blusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oceguera se ganó una compañera por el resto de su sentencia; también la enemistad de la directora. Ello no importó mucho porque al poco tiempo la reasignaron a otro Centro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta parecería una de esas historias raras en donde no hay enemigos peligrosos. Salvo la directora, pero en cuanto ella figuró como adversaria o amenaza, desapareció. Esa creo que fue la mayor virtud de Arnaldo, la discreción artificial en un lugar en donde para salvar la integridad física, por lo regular se tiene que joder antes que a uno lo jodan. Es como vivir en la calle, pero con más gente en menos espacio, pero con mayor intensidad en menor tiempo. Pero esas eran las impresiones de Arnaldo que, creo, poco tenían que ver con las de la mayor parte de los presos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminó su condena; el futuro le había llegado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y ahora qué?–, pensó mientras levantaba sus maletas y miraba acercarse a sus familiares, que fueron a recogerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No parecería nada extraño que regresara al sitio en donde logró encumbrarse; tampoco sería extraño que se fuera del país y no regresara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sumamente raro hubiera sido que regresara a la casa que lo vio crecer y fracasar, reconstruir los muros grises y el hierro de pintura beige descarapelada de las rejas que le conocieron los recientes siete años… y sin embargo, así ocurrió.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-5109497186079530426?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/5109497186079530426/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=5109497186079530426&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/5109497186079530426'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/5109497186079530426'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/08/encierros.html' title='Encierros'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-8559896770663585508</id><published>2009-07-22T22:14:00.000-07:00</published><updated>2009-07-22T22:19:55.033-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miscelánea'/><title type='text'>Redondamente Bonita, tu Cara</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;¿Cómo debo dialogar contigo?&lt;br /&gt;Lo pienso mucho tiempo y luego, ya te has ido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recoges tu cabello y ensayas la sonrisa;&lt;br /&gt;que pronto hace estallar en tu cara a esa niña.&lt;br /&gt;La que se escondía de las balas de la guerrilla,&lt;br /&gt;la que por el miedo, no sentía raspadas sus rodillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso tu infancia y veo tu prisa,&lt;br /&gt;Como si la desesperación narrara toda tu vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tus palabras que no se esperan al decir algo;&lt;br /&gt;salen de tu boca creyendo que aún tienes ocho años;&lt;br /&gt;huyen como no pudieron hacerlo algunos amigos,&lt;br /&gt;familiares, vecinos del barrio, hoy desaparecidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Palabras extraviadas en el aula, a ti voltean y ven su casa.&lt;br /&gt;Se dan cuenta que ya no está más esa niña asustada.&lt;br /&gt;A tus labios se precipitan convencidas que ya no hay balas&lt;br /&gt;Descansan y respiran su nueva y cambiada morada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Redondamente bonita, así es tu cara, así es tu vida.&lt;br /&gt;Hoy por la noche, El Salvador dormirá en tu regazo,&lt;br /&gt;perfumado y endulzado por las canelas de tus brazos&lt;br /&gt;Hoy con tus párpados, él dormirá su noche en tu vigilia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Redondamente bonita, así es tu cara, así es tu vida.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-8559896770663585508?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/8559896770663585508/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=8559896770663585508&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/8559896770663585508'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/8559896770663585508'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/07/redondamente-bonita-tu-cara.html' title='Redondamente Bonita, tu Cara'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-550703259977268854</id><published>2009-07-22T01:06:00.000-07:00</published><updated>2009-07-22T01:18:40.287-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miscelánea'/><title type='text'>Música</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Joaquín pensaba que la música era una especie de túnel del tiempo; podía escuchar una canción de 1937 en 2003, y sentía que el sonido de ella, con su fuerza centrípeta, le abstraía de lo que estuviera haciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya fuera cortando mangos en los ubérrimos terrenos de su bisabuela María, bajo el sol de Morelos, o trepando la mirada sobre una nube recortada por la luz lunar, frente al Pacífico, sin previa cita, la música solía tirar de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus canciones favoritas: tangos argentinos del arrabal, encontrados en los trineos invernales de sus primeros días en la Doctores.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;em&gt;Lo favorito, categoría a la que se accede por atributo.&lt;br /&gt;No es la música, porque ésta es un sistema complejo;&lt;br /&gt;tampoco la canción, porque de la voz y la letra es conjuro.&lt;br /&gt;Es el sonido, vibración que de la vida es el mejor ejemplo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Hoy en día, Joaquín mira sus manos, observa en ellas el pletórico andar del tiempo. Con el índice y el pulgar pellizca su brazo derecho; lo que era carne que rápidamente recobraba su cuerpo, ahora es un pellejo que macilento regresa a su sitio. Él mira a su nieta o a su nieto; para el caso también pudo haber sido un sobrino. Lo observa y le dice una sonrisa. Guarda silencio e ignora al nieto o al sobrino; recuerda en su mente aquél sonido. No lo pone en el estéreo ni en la radio; no, eso es demasiado esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reproducción memoriosa posee acopios humanos, tinturas, sabores, olores… tantas cosas manipulables y enriquecidas, que la fría reproducción, análoga o digital, ya no es capaz de ofrecerle a Joaquín. Imaginar que Carlos Gardel sigue cantando &lt;em&gt;Adiós muchachos&lt;/em&gt; con algunas estrofas añadidas, que, ¿por qué no?, narraran alguna desventura del "Joaco" de la Doctores.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;em&gt;Se levanta de madrugada, no consigue dormir; es una rutina.&lt;br /&gt;Escucha sus pies ser arrastrados por el corredor hasta el sillón;&lt;br /&gt;antes de sentarse y mientras mira que olvidó cerrar las cortinas,&lt;br /&gt;suspira y su mirada se va cabalgando ese potro bravo, la invención.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-550703259977268854?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/550703259977268854/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=550703259977268854&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/550703259977268854'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/550703259977268854'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/07/joaquin-pensaba-que-la-musica-era-una.html' title='Música'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-5032972341006786628</id><published>2009-07-19T15:17:00.000-07:00</published><updated>2009-07-19T15:39:57.500-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miscelánea'/><title type='text'>Sé Ése...</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;Ojos de Catarina Negra&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es por su voracidad de engullir&lt;br /&gt;las palabras que nombran mi pasado;&lt;br /&gt;restos húmedos del vaho infantil&lt;br /&gt;tiritando aún, en el último de mis actos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Casa de tu Voz&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veo que tu sonrisa es una gargantilla&lt;br /&gt;de mansas tranquilidades arcanas;&lt;br /&gt;el candelero de mi medio día&lt;br /&gt;y el atajo que me pinta en tu ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Alas por Brazos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tus abrazos como naves siderales&lt;br /&gt;los extiendes siguiendo el hilo de la mesura;&lt;br /&gt;me reciben mil bahías carnales&lt;br /&gt;anticipando la raíz y desfiladero de mi locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tu talle duermen mis manos cansadas,&lt;br /&gt;reposan lo que el corazón y la mente no pueden.&lt;br /&gt;Arrullan en un escondite de tu espalda&lt;br /&gt;ternuras matinales que de noche te encienden.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-5032972341006786628?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/5032972341006786628/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=5032972341006786628&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/5032972341006786628'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/5032972341006786628'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/07/se-ese.html' title='Sé Ése...'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-459319664774842892</id><published>2009-07-15T21:02:00.000-07:00</published><updated>2009-07-15T21:04:43.550-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miscelánea'/><title type='text'>Descripciones</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;QUIERO QUE BAILES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero que bailes, pensaba,&lt;br /&gt;y ni siquiera tenía que pedirlo&lt;br /&gt;porque ahí estabas&lt;br /&gt;dibujando sobre el suelo,&lt;br /&gt;y con la tinta de tus tacones,&lt;br /&gt;el ritmo de mi deseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La intermitencia de las luces recortaba los filos de tu belleza,&lt;br /&gt;las monotonías de los bailantes se adherían a tu talego,&lt;br /&gt;en un impulso por recobrar lo arrebatado por tu inmaculada fuerza:&lt;br /&gt;capricho visual y musical que incita mi horizontal yergo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me movía; en el Uta, la quietud es una de las formas de la antipatía.&lt;br /&gt;En movimiento pude verte; eras como un cuento de Quiroga,&lt;br /&gt;lejano y misterioso, al borde del buró que me cubrió mientras dormía;&lt;br /&gt;esa noche fuiste el nudo que también le dio forma a mi soga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo hacía que bailaba, pero en realidad buscaba acercarme,&lt;br /&gt;lo que quiera que ello signifique: un paso o diez metros, da igual.&lt;br /&gt;Es cierto, la cercanía es un truco para mejor capturarte,&lt;br /&gt;para que la tensión tenga por patria, la intención de lo sexual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecías habitante de la oscuridad y esa Babel sigloveintiunera;&lt;br /&gt;por desconocimiento, te atribuí un estado de ánimo similar al mío,&lt;br /&gt;y bailando sin conocernos, sin hablarnos de otra manera;&lt;br /&gt;esperando a ser descubiertos por algún mutuo conocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Largo silencio, atemperado por la corta distancia a la que bailábamos;&lt;br /&gt;aún así, no lograba adivinar el ritmo del rumor de tu respiración&lt;br /&gt;ni seguir el humor de tu sudoroso cuerpo, altar para deseos paganos,&lt;br /&gt;mismos que el tiempo va venciendo mientras acaba otra canción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esas horas el amor, recién arrullado, está dormido;&lt;br /&gt;sueña que pesco de un tirón, el sitio que quiebra tu voz;&lt;br /&gt;sueña que te llevo a aquel rincón que ambos miramos distraídos,&lt;br /&gt;como suponiendo que la iniciativa es el pasaporte de los dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero que bailes, pensaba,&lt;br /&gt;pero ya no podía mirarte,&lt;br /&gt;pues tu ausencia delataba&lt;br /&gt;el ombligo del desconsuelo&lt;br /&gt;que con gomina y canciones&lt;br /&gt;cortejó el curso de mi desvelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;VERSIÓN DE UN RECUERDO NO VIVIDO&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#ffffff;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Lo siento, no me acuerdo de usted... espere... sólo un momento.&lt;br /&gt;Sí, en efecto, no la conozco, pero hay algo en su mirada&lt;br /&gt;que me impide dar la vuelta y pretender no haberle dirigido la palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no se vaya, espere... En realidad, sólo quise hacer tiempo.&lt;br /&gt;Usted me recuerda a una mujer que conocí sin conocerla,&lt;br /&gt;que cortejé, sin tocarla, con un ramo de lontananzas, hasta perderla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me crea, no me haga mucho caso;&lt;br /&gt;tan sólo soy un viejo que estuvo enamorado.&lt;br /&gt;Tampoco se crea que estas canas y este cuajo&lt;br /&gt;son sólo residuos de quien se ha equivocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así es señora, tal cual; sus mejillas eran el jardín de mi deseo.&lt;br /&gt;Su larga mirada, el corredor que llevaba hasta la cava de sus vinos,&lt;br /&gt;y sus lunares, el mapa furtivo que calzó la variedad de mis destinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No señora, no; si la tuviera enfrente no le diría lo que en ella veo.&lt;br /&gt;La tomaría de las manos y le diría: -Te quiero, déjate encontrar,&lt;br /&gt;que estas manos no sólo saben escribir, que esta boca no sólo sabe hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me crea, no me haga mucho caso;&lt;br /&gt;tan sólo soy un viejo que estuvo enamorado.&lt;br /&gt;Tampoco se crea que estas canas y este cuajo&lt;br /&gt;son sólo residuos de quien se ha equivocado.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3548255366698049307-459319664774842892?l=cartaabierta-coltrane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/feeds/459319664774842892/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3548255366698049307&amp;postID=459319664774842892&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/459319664774842892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3548255366698049307/posts/default/459319664774842892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cartaabierta-coltrane.blogspot.com/2009/07/quiero-que-bailes-quiero-que-bailes.html' title='Descripciones'/><author><name>Victor Castillo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04034575845330620292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_SUy2edoRFdI/TUjb75Z9bNI/AAAAAAAAA34/2Yr1jGxGIio/s220/vic4.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3548255366698049307.post-2635935673344113280</id><published>2009-06-07T19:36:00.000-07:00</published><updated>2009-06-19T20:46:24.133-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Los Abismos de Miranda</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Acababa de regresar a Patzcuaro, el apacible lugar que la vio crecer. Había estado tres años en la capital del país estudiando un postgrado que le garantizaba un lugar en las oficinas municipales, muy cerca del puesto que siempre había ambicionado. No quiso avisar a sus familiares a quienes les dijo que regresaría hasta el lunes; así que tenía dos días para sentir la paz que nunca le permitió el Distrito Federal. Se instaló en el hotel que está frente a la plaza central; desde el balcón de su habitación estaba mirando la iglesia mientras encendía el único porro que le quedaba.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;En la segunda fumada, sintió ganas de comunicarse con Lorenzo y Renata, sus mejores amigos, pero no lo hizo porque la relajación que experimentó, la sustrajo de cualquier forma de pensamiento. Caminó por la habitación, se colocó sus audífonos y puso música. Estalló en sus orejas &lt;/span&gt;&lt;em style="font-family: arial;"&gt;Sultans of Swing&lt;/em&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;. El tartamudeo melódico que sólo logran arrancarle a la guitarra eléctrica, los callos dactilares de Mark Knopfler. Se recostó sobre la cama.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;La decadencia corpórea que causa esa hierba junto a la potencia ahogada de la versión en vivo de esa canción, la llevaron a una época lejana de su infancia. Sin enterarse del todo, con su mano derecha se frotaba el sexo. Recordó la primera vez que un hombre la tocó “ahí”. Era una época en donde la vagina no se llama así sino “ahí”, esa palabra que sirve para apelar infinidad de lugares cercanos, pero que en la infancia decir “ahí”, sólo se refería a un preciso lugar. Pero no sólo la palabra, sino el tono y la intención como se la pronunciaba, como un secreto domeñado por el vicio humano de la curiosidad, suceso que sólo la puerilidad de los primeros años nos otorga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sintió lo mismo que cuando se rascaba, porque la mano era de uno de sus compañeros de clase; recordó que se quedó quieta y que bajo su panza empezó a sentir como una mariposa aleteando, y que ese aleteo le humectaba “ahí” como una brizna interna que luego le provocó como una marea por su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dio un tercer “toque”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miranda se quedó mirando el techo de la habitación, escrutó su blancura y se cayó para arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imaginó que platicaba con el buró que tenía a su izquierda, le comentaba que toda capacidad intelectual implica una responsabilidad, pues de otra forma, aquélla, no es más que un capricho químico de nuestro cerebro. Que la inteligencia sólo es tal en la medida que esa capacidad involucre ética y moral convencionales, contemporáneos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El buró se quedó pensando un rato y luego dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Miranda, ¿entonses lo que dizes es que hall una diferencia entre intelijencia y astucia? Porque de cer así, hay una confusión en el vocabulario– El buró se quedó como esperando una respuesta, pero Miranda, complacida con su reflexión, sólo le daba tregua a una especie de solipsismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mira, vuró, imagínate que el razonamiento es unnn par de guantes con los que tomas al mundo; si eres intelijente, sabrás ponértelos para sentir todo, porque razonar es un cotejo de todo lo que contiene el Universo. Siii sólo eres aztuto, no te van a entrar esos guantes. Luego entonces, el razonamiento implica ética y moral, ética y moral, éti…–.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miranda viajaba por la blancura del techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Qerido buró, bonito… El cotejo primigenio por excelencia es el descubrimiento de la sexualidad, la otredad o como quieras nomvrarle. En ese momento justo, te habres para siempre al mundo, al Universo. Se parte tu vida en dos y te quedas con una de ellas; lo demás, es una búsqueda. Una busca explicaciones porque todos tendemos a imitar a la creación. Sí, querido buró, así como lo escuchas. El Big bang es una explicación del tiempo y del espacio y sus contenidos; lo que no cé, aún, es a qué o a quién intentaron explicarle algo. Yo, Miranda, te diría que fue una respuesta para la “Nada”, pero no esttá demostrada zu existensia pues el propio espacio sideral contiene cosas que no vemos ni imaginamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Te entiendo perfectamente, Miranda. Yo mizmo, este buró que apenas conoses a contenido secretos de muchas personas que acá han estado. Pistolas, cartas de amor, testamentos, condones, certificados médicos, órdenes de matar, de aprehensión. Tantas cosas que ni te imaginas–, decía el buró con tono melancólico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No te pongas trissste, buró; no te abrazo porque estoll muy lejos de ti y no puedo dezender para abrazarte, pero te entiendo perfectamente–, decía ella con una leve carcajada porque sabía que estaba bien “viajada” y sumamente coherente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero ya recordé porque hablaba del &lt;em&gt;Bing bag&lt;/em&gt;…, perdón del &lt;em&gt;Big bang&lt;/em&gt;, porque lo otro es una bolsa de &lt;em&gt;Bing&lt;/em&gt;, jajajaja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miranda volteaba en busca de su cuerpo que lo sentía al lado de ella, y se carcajeaba y se le ocurrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Buró, buró... lo tengo!, la “Nada” existe, me estoy riendo de nada. Entonces luego, la “Nada” “es”, pero es una contradicción silogística, esa falla mecánica y recurrente que hay entre los guantes del rasonamiento y las cosas que cogemos. Ese espacio-tiempo que irremediaaablemente nos separa de la aprehensión caval de las cosas, y que para bien o para mal ese lugar es tomado por la interpretación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno, pero pporque hablas de tantas cosas. Yo he conocido mucha gente y sé que cuando divagan, por lo regular están evadiendo un tema, el tema. Es como cuando solicitas un expediente del 7 de noviembre de 1978, y te entregan todos los expedientes de ese año y sin fechas. Es una cobardía disfrazada de elocuencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miranda, ahora se cayó para abajo. Sintió su cuerpo rebotando en la Queen size y todo su cuerpo fue uno de nuevo. Volteó a ver al buró que guardaba un silencio de escolar castigado. Encendió la bachita de su porro y fumó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó a llorar como nunca lo había hecho; moqueó, suspiró; los estertores clásicos del llanto y no paraba. Quien la hubiera visto, si alguien hubiera podido, habría jurado que ya no dejaría de hacerlo, y posiblemente ella no querría dejar de hacerlo porque chillar es sacar algo de ti, algo que tu cuerpo quiere que veas y sientas y huelas y escuches y saborees, porque el cuerpo se da cuenta que las palabras no bastan para describir o explicar lo que te está pasando, porque la comunicación oral o escrita a veces es insuficiente para aproximarnos a todo eso que el cuerpo con todos sus sentidos sí puede expresar por medio de las lágrimas y la tensión azarosa de nuestros músculos faciales y esos temblores que no
